Ir al contenido principal

Un rato con el viejo F...



Sí, viejo F, como cuando todo era formidable... que ayer gritaban eso de “¡Franco, resucita, que el Madrid te necesita!” y se me abrían las carnes... claro, que tú no estabas, viejo, porque andas encerrado en tu cueva otra vez y te lo perdiste... qué cosa el idioma, viejo, fíjate qué distinto un término con o sin hache... ‘abrían’ o ‘habrían’... abrir o haber... todo un drama... claro, pero a ti estas cosas no te interesan, te parecen sandeces, ¿no?... es que desde que te has hecho un émulo de Hessel no hay quién te entienda... o sí... quizás te entienda todo el mundo, pero se hacen los longuis porque aún se creen lo neoriberal a pies juntillas, por si las moscas... ¿y si de pronto se arregla lo de la crisis y volvemos a acceder a los créditos fáciles y baratos, y suben los sueldos hasta ponerse al día, y el consumo se acelera y bajan los precios....?... de momento, viejo, te han bajado el paquete de Pall Mall veinte céntimos de un empujón, oye, que todo puede ser... pero, claro, a ti te va a pillar con unos años más, y los años pesan mucho pasada cierta edad.
A lo que iba, viejo, que andaba yo disfrutando de mi ramalazo culé mientras escuchaba los cánticos de “por qué, por qué, por qué, por quéeeeeeeee”, cuando pasó a mi lado un tipo al que conoces, un soltero algo mayor con pelo blanco que se conserva muy bien [será por la soltería, viejo] y me preguntó que si podía leer lo que ponía en las banderas que ondeaban... yo ni miré para contestarle que ponía “F. C. Barcelona”... y me miró extrañado... “yo llevo mirando desde aquí hace diez minutos y leo ‘Tarragona’... ¿a qué viene todo este jaleo?”... “Que hemos ganado la Liga de Campeones, coño”... “¿Y eso es importante?”... “Pues no, no es importante, pero la hemos ganado y hay que celebrarlo”... el tipo se quedó pensativo y no te imaginas, viejo, lo que me dijo... dijo: “¿Y estas personas que gritan tendrán trabajo y un sueldo digno, no?, no tendrán queja alguna del sistema en el que viven y no habrán sentido en sus carnes el pellizco de la crisis... qué suerte tienen... hace tres o cuatro días me pasé por aquí a esta misma hora y había un tipo manifestándose él solo, subido a esa misma fuente, por lo mal que está el país y lo mal que lo gestionan los políticos dándoselo todo a los banqueros”... flipé, viejo, y le dije... “Pero si ese tipo era yo”... y me contestó impasible: “Entonces, cómo me alegro, amigo, ya se te acabó el enfado y la crisis, ¿no?”... yo flipaba, viejo, flipaba con el tipo... “Que son cosas diferentes, amigo, antes de ayer estaba cabreado por la crisis y los jodidos políticos y sus políticas... y hoy estoy bien contento con la victoria de mi equipo”... y volvía a lo mismo... “Entonces, ¿se acabó para ti la crisis o no se acabó?, porque lo que no entiendo es que alguien pueda estar afectadísimo por la crisis y sea capaz de dividir su mente para venir hoy aquí a gritar de alegría como un cosaco porque ha ganado no sé qué el Tarragona”... “Que no, que es el Barcelona, el Fútbol Club Barcelonaaaaa”... “Es igual, que a la fin y a la postre da igual Tarragona que Barcelona... todos catalanes... pero, ¿estás cabreado o estás contento?”... “Las dos cosas, coño, las dos cosas”... y el tipo guardó unos minutos de silencio mirándome a los ojos, abrió su paraguas y, mientras iniciaba un paso, dijo: “Buenas noches”, y se largó, viejo, se largó de allí dejándome bien jodido y sin saber si tenía que guardar luto por mi situación real o cantar los porqueses alirones con el resto de aquella gleba menor fanatizada.
Tú, viejo, qué me dices... nada, ¿no?, como siempre...
Voy un momento al baño, que me piso.

Comentarios

Entradas populares de este blog

COMENDADOR

A LAS PUERTAS DEL CIELO
Aún quedan las carcasas de las fábricas como memoria de aquel constante trasiego que procuraba poder a los fascistas y la escueta comida del día a los obreros. Están rojas de óxido en toda su ferralla y una vegetación devoradora hace justicia en cada hueco. Son los restos de lo que ha de venir y lo que fue.
Mamá, el lotero me llama alemán.Porque eres rubio, hijo.Mamá, la abuela me dice que nunca hable con el lotero, pero es que siempre me da caramelos y me llama alemán.Que no me entere yo de que vuelves a coger un caramelo de ese hombre. Obedece a la abuela.Mamá, es que me dice que yo sería un buen torero, que si sigo jugando con el estoque, un día me llevará a un tentadero.Ese hijo de puta… fue uno de los que denunciaron a tu abuelo.¿Qué hago entonces, mamá?Cuando le veas, sal corriendo.
Aún quedan algunos tejados viejos en la calle Libertad, sus tejas rojas sostienen la vida de algún gato y mantienen el recuerdo vivo de los hombres que huían desde los desvanes p…

Caidino...

Estoy lento y como gatinín con este calor bestia que cae sobre mí como una losa, y con tanto por hacer y en diferentes campos. Ahora que necesitaría multiplicarme, estoy dividido y hasta restado. SBQ necesitaría ahora de todas mis fuerzas de invierno (tenemos un agujero grande que tapar y no soy capaz de tomar aire). Intento mercadillos, lecturas, talleres, ventas de materiales chulos, sorteos…, pero nada funciona. Es como si al quedarme desactivado yo, se hubiera desactivado todo, pero no sé de dónde sacar la energía que necesito como el aire de respirar, no sé cómo tramitar esta abulia sobrevenida. En Perú la gente tiene sed, hay pendientes entregas necesarias de materiales, de carritos…, y he dejado un proyecto a medias que hace que me sienta culpable por ratitos. Es este jodido calor y que la gente aquí ya no puede más, porque está agotada por los miserables del dinero. A ello se suma el golpe constante en el trabajo, el ramillete de deudas con sus apremios y el vacío inabarcable…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías… y ese ser ‘la razón’ le gusta mucho al que viaja a velocidad en los cómodos asientos de sus vagones, viendo pasar el paisaje por las ventanillas, pero solivianta al que perdió el billete, al que nunca tuvo para comprarlo y, sobre todo, al que busca lugares a los que ir y a los que el tren no llegará jamás, porque no hay vías ni estaciones. Así visto el trasunto humano, la libertad del que está en el sistema (el tren) viene siempre marcada por unas fronteras nítidas que, precisamente, amordazan esa libertad… o sigues las vías con tu billete en regla o te bajas del tren y corres el peligro de ser arrollado si quieres volver a subirte en él mientras no detenga su marcha. Me sucede con frecuencia que tengo ideas nítidas en mi cabeza, ideas que se muestran preclaras y estructuradas en mi mente y que, cuando intento compartirlas, me resulta muy difícil hacerlas llegar a mi interlocutor con la …