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Uno y único.



11 de septiembre de 2011

Pocas veces se encuentra uno con seres en su vida que abanderen su existencia como una estética y mantengan su elegancia desde el éxito hasta el más duro fracaso... y es que el hombre es un cúmulo de azares físicos a los que se suma una estética de vida capaz, bien llevada, de otorgarle calidad humana a lo que es simple anatomía... J, que hoy era uno de los caballos amarillos de sus cuadros, me recibió en el patio de su casa con sus mejores galas y tomó un cigarrillo cuando se lo ofrecí, mientras me decía... ‘cómo debe andar el asunto para que me dejen fumar lo que me apetezca’... yo, mientras, pensaba en que la naturaleza nunca juega en parámetros de justicia con los hombres, aunque sí lo hace a veces con los cuerpos... y me encerraba en ese ‘hay lo que hay’ y me rebelaba de nuevo contra los que arbitran el mundo diciendo que la vida es ‘esto, esto y esto’... y nos sacaron unos cuenquitos con gazpacho –que yo rehusé agradeciéndolo, pues es uno de los platos que mi cuerpo no tolera– y J se tomó uno relamiéndose y jugando a hacer un par de metáforas... fue entonces cuando le hable de los colores, especialmente del ocre y su camino entre el amarillo y el siena –colores presentes siempre en su obra–, e incluso le recordé que sus últimos dibujos con ‘Betadine’ llevaban también esa marca cromática –unos dibujos con los que le vi gozar durante semanas sentado en su sillita del contenedor de Arte ‘NOTESALVES’... incluso le hice un guiño al color bilioso que han tomado sus ojos en estos días... y J se detuvo a pensar en ello, en silencio, durante un ratito para decirme que habría que indagar profundamente en esa historia... pero yo ya la llevaba hecha, se me había ocurrido durante toda la pasada noche –que fue larga por falta de conciliar el sueño– enredarme en la historia de un hombre marcado por el color ocre, pero cuando se lo iba a explicar, vi la hora y me di cuenta de que se me había pasado el tiempo demasiado deprisa junto a mi amigo y que tenía que salir de allí por pies... así que abracé a J bien fuerte mientras le dije un ‘te quiero, amigo’ que me salió de lo más hondo.
De vuelta a casa solo la palabra ‘inexorable’ nadaba en mi cabeza y conduje como un autómata hasta el punto de no ser consciente de las curvas del viaje, ni siquiera del semáforo que da entrada a Béjar... ¿hoy perfectamente y mañana mal?... ¿no entiendo?

Una conversación con Josetxo Lamy

“La mente limpia lleva a ‘ser,’ ni más ni menos”... así comenzamos la más hermosa conversación un lunes de septiembre apasionado y vital en uno de los rincones más entrañables de Candelario, la casa de Josetxo Lamy, su ‘Casa de la Sal’. El hermoso vencido acababa de salir de una siesta larga y me recibió con sus mejores galas y esa elegancia particularísima que le apellida el cuerpo en cualquier circunstancia, pero sentí cierto temor por su parte –”ya sabes que a mí nunca se me dio bien hablar”– que intentó dominar llevándome a ver su cuadro preferido... y se le saltaron las lágrimas mientras me lo mostraba. Era una acuarela sobre una tamborrada de Donosti en la que aparece la bandera de Euzkadi, un caballo en el centro y unos tamborileros en primer plano... “no puedes imaginar lo que contiene este cuadro”... luego me mostró una foto infantil en la que aparecía él junto a una de sus hermanas, y le rogué que nos sentásemos, que ya habría tiempo para la nostalgia visual, que yo necesitaba conversación llena de señales de humo o de lo que fueran. Y nos sentamos frente a un par de descafeinados, entre sus bonsáis y unos cigarros.
LF: ¿Cuál es tu percepción del comienzo del afán creativo en tu vida?
JXT: “Pintar, dibujar... me lleva al sentimiento íntimo de mí mismo, un sentimiento del que al principio no era consciente, pero que venía profundamente unido a mi necesidad de expresión, que es con lo que uno nace, con necesidad, con un hambre voraz por expresarse. Desde muy niño fui consciente de ese sentido infantil que te lleva a buscar el ‘elogio’ –en esos estadios de edad aún no se le puede llamar ‘afecto’–, y ya a los cuatro o cinco años tenía el conocimiento bastante formado de lo que hacía bien y de lo que hacía mal, hasta el punto de que comencé a jugar con ello en un juego en el que hacía las cosas bien para mí y mal para los demás, jugando siempre a la contra en mi pequeño entorno, y en los años sucesivos siempre he sabido discernir entre lo correcto y lo incorrecto, y desde ese discernimiento comencé a jugar en el límite, siempre en el exacta frontera, y es apasionante, y quizás eso tenga bastante que ver en mi necesidad de crear nuevos espacios y sentimientos.
LF: Y tu entorno... ¿influyó en ello tu entorno?
JXT:  En mi familia siempre existió un poso astístico y eso acaba penetrándote por la piel, además disfrutábamos en casa de mucho tiempo libre y había cierto ambiente cultural entre aquellas paredes. Tú sabes que el universo estético se alumbra pronto en la vida de un niño, más si el medio acompaña, y en mi casa me animaron siempre a que perseverase en mi necesidad expresiva... ahora mismo me llega el recuerdo gratísimo de que cuando mis hermanas y yo escribíamos nuestras cartas a los Reyes Magos, siempre, indefectiblemente, terminábamos con ‘y no os olvidéis lápices y cuentos para pintar’, porque pintar era un juego, quizás nuestro mejor juego. Y recuerdo que yo entonces ya destacaba entre mis hermanas pintando aquellos cuentos; bueno, no, que una de mis hermanas daba unas magníficas sombras a los dibujos hasta el punto de otorgarles volumen, y eso me alucinaba a la vez que me llenaba de una sana envidia que me llevó a aprender pronto a trajinar con aquellas sombras. Sí, amigo, mi entorno me ayudó, aunque debo decir que ese veneno por lo plástico –veneno o lo que sea– lo llevaba puesto desde que tengo memoria.
LF:  ¿Y hubo algún punto de inflexión, algún suceso que te marcase hacia lo que luego fue pura vocación en ti?
JTX: Sí, hubo un extraordinario punto de inflexión, que no fue otro que conocer al pintor Pepe Olaso, con el que siempre he compartido una verdadera pasión por los caballos. Yo era un niño aún y, a base de insistir, convencí a mi padre para que me metiera en el club de hípica de Donosti, un club exclusivo en cualquiera de los sentido que te imagines, y fue allí donde coincidí con Pepe. Y aquel encuentro de un niño con la visión artística de una persona madura marcó verdaderamente el comienzo.
LF: Josetxo, ¿podrías definirme lo que es para ti un caballo?
(Aquí Josetxo se detiene, mira al cielo, hace un silencio y comienza a derramar unas lágrimas que no puede contener)
JTX: Emoción... un caballo es emoción. Ahora que he vivido muchos años, podría decirte que es fuerza, energía, poder... y muchas cosas más, pero mi sensación primera, la imagen del caballo que recuerdo de cuando era niño es ‘emoción’, pura emoción. Mira, recuerdo que de crío tenía mucho miedo al ruido y cuando lo había en la calle, por las noches, siempre soñaba con que dormía entre las patas de un caballo negro, y eso me calmaba. Luego aprendí que en el caballo hay valores que yo siempre he buscado, la libertad, la fidelidad, la amistad... y el caballo termina siendo mi alter ego en los cuadros que pinto, él me da las respuestas precisas que yo busco...
LF: ¿Y esas respuestas cuáles son?
JTX: Fundamentalmente que soy uno y único, pero ni más ni menos que los demás; que me debo a la amista, a los afectos y al conocimiento del otro como mejor forma de estar en el mundo.
LF: Hablemos ahora de la decoración, tu ‘profesión’ entre comillas. ¿En qué influye ser un creador de ambientes en un tipo como tú?
JTX: La decoración es un humo y tiene un profundo componente psicológico, debes conocer muy bien a las personas que van a moverse en los espacios que creas, pero a la vez debes ser muy consciente de que tienes el poder de modificar la vida de esas personas, así que debes ser muy cuidadoso. Yo entiendo la decoración como una creación de espacios y eso no puede separarse del uno creativo por más que se empeñen en llamarlo profesión.
LF: ¿Entonces podemos decir que tu pintura también es decoración?
JTX: ¡Nunca!, jamás he realizado pintura gastronómica. Pinto para sentir y para intentar hacer llegar mi sentimiento al que entra en mis cuadros. Mis pinturas son hacia adentro, mientras que la creación de espacios es hacia afuera, no sé si me explico.
LF:  ¿Y del arte contemporáneo, qué piensas?
JTX: Siento verdadera envidia de lo que se hace, pues me llena de sentimientos encontrados y riquísimos. Me dejo empapar por todo y hasta sufro por la imposibilidad de llegar a sentir en mí la pasión que acompaña a la realización de esas propuestas.
LF: ¿Y alguna preferencia?
JTX: Fundamentalmente Munch, me fascina la fuerza de su trazo y yo me busco en él. Y, sobre todo, la pintura rupestre, tiene fuerza, mucha fuerza... todos debiéramos llegar a ella de forma natural [entonces me di cuenta de que los cuadros de Josetxo tienen una profunda raigambre  en las pinturas rupestres, y me molestó un poco, lo confieso, pues en los años que llevo admirando la obra de Jtx nunca había sido capaz de valorar esa posibilidad, y mira que es patente].
LF: ¿De ahí tus colores favoritos, el sangre de toro y el ocre?
JTX: Claro, son colores profundamente chamánicos, la sangre y la tierra. El sangre de toro es riesgo, lucha... y además es duro, con poso y muy seco; y el ocre, que para mí es un blanco empolvado, aporta la suciedad justa y, sobre todo, contiene una profunda carga emotiva del tiempo.

En este punto cortamos la conversación y me apresté a hacerle unas fotos mientras dibujaba un caballo que me regaló para STANDDART... comenzó la sesión apagado y las tomas mostraban a un tipo triste y agotado, a un hombre vencido, y decidí mostrárselas en mi conocimiento de su preocupación por la imagen propia. Las miró con detenimiento y me dijo: ‘pero qué viejo estoy’... y yo le insté a repetir la sesión para buscarle un poco las vueltas al asunto. Entonces, Josetxo se levantó de su silla, dio una última calada a su cigarro, se adecentó la ropa y me indicó que caminásemos hacia uno de los hermosos rincones de su patio. Se agarró a una vieja farola, miró a cámara y me dijo: ‘Adelante’. Tomé las mejores imágenes del día, las de un Josetxo absolutamente rejuvenecido y espléndido, un tipo capaz de transformarse en un segundo en un ser especialísimo, casi angélico y lleno de glamour.
Nos despedimos con un abrazo fuerte mientras yo me quedé con un regusto de la más bella decadencia en mis ojos y con la exacta sensación de haber pasado dos de las horas más importantes de mi vida.




5 de diciembre de 2011

Mi autorregalo de cumpleaños ha consistido en subir hasta Candelario a visitar a mi amigo Josetxo cargado de revistas STANDDART en las que aparece una entrevista que nos dolió a los dos mientras la hacíamos en una tarde calurosa, hace ya un par de meses... llegar allí con el cargamento, soltarlo sobre una mesa helada de hierro y correr a abrazar fuerte a mi Setxo ha sido uno de los mejores regalos que me he hecho en mi vida... tomamos un café acompañado de cigarritos, conversamos de la puta crisis hasta con violencia –que me encantó ver a mi chico enérgicamente cabreado– y me regaló un dibujo divino sin saber que era el complemento ideal a mi autorregalo de cumpleaños, un dibu que conservaré por los siglos en mi mesa, frente a mis ojos astigmáticos y agotadillos, un dibu que será acariciado constantemente por las bocanadas de humo de mis Chesterfield filter para pillar la pátina precisa que termine siendo de Jx y mío.
Una pasada, amigos... y todo gracias a Hugo Izarra... qué tipo tan grande.




7 de marzo de 2012

Decirlo todo en una línea, eso es lo que quiero, me decía Josetxo mientras fumábamos un cigarro tras otro en el frío del patio de su casa... decirlo todo en una línea de trazo limpio, porque los hombres tendemos siempre a emborronar... y se admiraba del Tàpies capaz de pensar cosas como esa... decirlo todo en una línea.
Y volví a casa con el runrún de aquella frase que J. pronunció mirándome a los ojos como buscando exactamente en los míos esa jodida línea... y la frase se instaló en mí para que me percibiese como un tipo saprótrofo en la constate eterna de consumir la materia orgánica de las ideas de otro... y es que J. también lo había hecho, J. también estaba siendo saprótrofo con Tàpies, que seguro que también lo había sido en toda su vida con cualquier cosa que tocase su percepción... y me puse a hacer líneas únicas sobre papeles y cartones, líneas que a veces me resultaban obscenas por no ser mías, y me decía: ‘una línea siempre es una copia de otra línea’... y entonces la emborronaba con otros miles de líneas intentando ocultarla, intentando borrar todo vestigio de otros en aquel gesto gráfico que intentaba ser yo sobre todas las cosas siendo otro... y salían dibujos de objetos conocidos, de personas e insectos... pero yo seguía viendo en cada dibujo la línea primera, la que había intentado tapar con mentiras significativas.
Todo para darme cuenta ahora mismo, en este momento exacto, que J. me enseñó entre cigarros que el yo está siempre en el primer gesto... y que ese primer gesto siempre debiera ser también el último.




14 de noviembre de 2012

La soledad es un absurdo cuando llega desnuda, cuando te abraza de pronto y te hace saber que lo que tú pensabas que era la soledad, no era más que un pobre sucedáneo para pasar mejor esos trastornos ciclotímicos, un sucedáneo que hasta te hace sentir bien... pero la soledad es un absurdo, un absurdo cabrón (y no hay nada peor en la vida que un absurdo).
A eso de las cuatro y media recibí llamada de Antonio para darme la noticia de la desaparición de mi amigo Josetxo... luego llegó Concha con los ojos enrojecidos y después me llamó Manolo... y de pronto me sentí solo, absolutamente solo, sin poder pensar en otra cosa que no fuera este vacío inmenso que me está tomando... también vino el abogado a reclamar no sé qué, pero apenas le hice caso...
¿Qué puedo hacer?... ¿tramitar de nuevo la idea de la muerte y poner confusión donde hay claridad meridiana?... ¿buscar consuelo en esos imbéciles pensamientos de vivir con intensidad lo que me quede?... ¿abrigarme para pasar el frío?...
Quedarse quieto. Eso es lo que se debe hacer ante la muerte. Uno debe pararse y dejarse a la nada por un tiempo, hasta que el mundo vuelva a latir con su dosis cabrona de olvido.
Josetxo me dijo hace unos meses que su mayor deseo consistía en conseguir decirlo todo en una línea de trazo suelto... y ya lo ha dicho... y eso es todo... una puta línea de trazo suelto que me ha dejado paralizado.




17 de noviembre de 2012

Nada en él fue vulgar... ni siquiera la muerte, ni siquiera la traición de quien fuera su amigo clavándole puñales en la espalda (fue cuando más vulnerable lo sentí de todo el tiempo que trabamos juntos), ni siquiera en la pura pasión que le hacia ser hombre... nada, nada en él fue vulgar...
Ya hace unos años me enteré de que exponía en Béjar un tipo de San Sebastián que pintaba caballos... ‘otro’, me dije, y ni siquiera me acerqué a aquella exposición que me quedaba a dos pasos (esta ciudad estrecha siempre ha sido generosa en pintamonas patéticos propios y ajenos, y uno tiende a protegerse aislándose y no relacionándose demasiado)... el caso es que pasó el tiempo y, no sé cómo, un día de enmarcar se trazó el vínculo y pude mirar a Setxo con franqueza a los ojos... y quedé enamorado de su pose tranquila y elegante, de su asombro constante por lo que le rozaba y de una de las más bellas sensibilidades que he conocido... y el tiempo hizo lo demás... colaboraciones pequeñas y grandes (él propició que la Abadía de San Martín decorase sus habitaciones con mi obra), charlas banales y charlas serias, risas a montones, abrazos sentidos, cafés a porrillo con intercambio de preocupaciones y de proyectos...
Más de una vez dibujó para mí, dejándome un delicioso legado en el que no faltan un caballo de línea, una postal onírica de San Sebastián, un par de retratos realizados con betadine y uno de los cuadros más hermosos que haya visto: un grupo de figuras sugeridas sobre un cartón enorme con el que se presentó un día en mi imprenta para regalármelo mientras me explicaba que ese cuadro era una cosmogonía que le había hecho derramar lágrimas porque era uno de sus cuadros ‘de verdad’... y aquí lo tengo... y llevo mirándolo durante horas desde el momento en que Antonio Caldera me llamó para comunicarme su final de viaje... tocándolo con la ilusión de que todo a mi Setxo y le siento latir.
Su marcha me ha hecho daño hasta perder por tres días la escritura, hasta dejarme mudo y tembloroso, hasta cambiar alguno de esos parámetros que ya tenía como base de uso, vida y comportamiento.
Hace unos meses le prometí que seguiría siendo yo siempre, ese ‘yo’ que él había conocido... y pienso cumplir esa promesa con todo lo que traiga consigo... le encantaba la distancia que siempre pongo con las cosas y las personas... y le fascinaba que fuese capaz de romperla en el justo instante en que aceptaba a alguien como un amigo de verdad... me decía: ‘yo quiero ser como tú en ese aspecto, pero no sé cómo conseguirlo’...
Hoy me siento muy solo, compañero, más solo que nunca, porque ya no puedo llamarte al móvil para decirte:  ‘mi Choche, lo más bonito del mundo...?’.
Ahora paso mi mano suavemente por mi/su cuadro y cierro los ojos para buscarle sentido a este absurdo.
Te he querido mucho, amigo... y pienso seguir queriéndote.



Amigos.... debemos 'ser' con urgencia.


Comentarios

  1. esta lectura hace que se borre parte de "ese absurdo"

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  2. Privilegiados momentos que viviste junto a el y que agradezco compartas con todos los que te leemos.

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  3. gracias por haberle dado tantos momentos felices y enriquecedores siempre a Josetxo.
    Supiste captar toda su sensibilidad y te metiste introducir en sus entrañas desgranando sus recuerdos y sus porqués....
    Entiendo ahora leyendo tus preciosos versos el
    cariño y respeto que te tenía.Si querido hermanito me hablaba también de tí
    Espero poder seguir leyendo tus preciosos versos.
    Y te diré que no hablo de tí sino contigo
    Un abrazo grandote



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