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Los cuatro bolis de J.




J llevaba cuatro bolígrafos Caixa en el bolsillo interior de su americana, cuatro bolígrafos perfectamente alineados que se hacían visibles cuando me ofrecía uno de ellos para que estampase mi firma en alguno de los múltiples documentos bancarios que resumen diariamente el proceso de grilletes... parecía un chamarilero de nuevo cuño dentro de la trilería bancaria, un chamarilero con bastante más estilo que otros... yo le comenté enseguida que saldría en esta bitácora justo por el muestrario boligrafero en americana exposición, a lo que me contestó que alguna vez la había leído y que no estaba muy de acuerdo con algunas referencias a mi amigo G, referencias que en sus ojos aparecían como pura injusticia con el amigo de siempre... yo noté enseguida que J me tenía guardadas esas palabras desde hacía bastante tiempo, y también percibí que hasta ese justo momento había guardado silencio por su obediencia debida, su extraordinario afán de servicio y, ¿quién sabe?, por cierto sentimiento de culpa... y a mí me gustó el gesto de J, me gustó que se tomase el riesgo moderado de decirme lo que me dijo, porque enseguida comprendí que mi amigo G era para él también un buen amigo y que ese riesgo lo estaba gestionando por amistad y no por oficio.
Debo decir que mi intención entonces, cuando vi la ristra de bolis en su bolsillo, era la de hacer una glosa de J, ya que le considero una persona extraordinaria y siempre he sentido por él simpatía y afecto, pero sus palabras torcieron este viaje para intentar buscarle trochas nuevas a esa separación de poderes que va del trabajo a la amistad y de la amistad al trabajo.
Dejemos sentado y bien sentado, para empezar, que las empresas bancarias españolas practican la usura sin pudor alguno y que, encima, los gobiernos diversos ponen por encima los intereses privados de esas entidades sobre los intereses públicos... dejemos también sentado que los empleados de banca (los fijos, no esos pobres practicantes de Económicas) cobran más que la media española y que tienen ciertos beneficios privativos de su profesión, beneficios que crecen en función de la afección probada a los mandos (ser el recadero de una banda de ladrones, sabiendo que lo son, creo que tiene pena en la jurisprudencia española)... hasta aquí dos verdades que pueden ponerse frente a la necesidad de trabajo (el que sea y como sea) y también frente a la ambición particular de cada uno (la que sea y como sea). Dicho esto, sumados los valores de las directivas bancarias a las afinidades y humillaciones de su gente menor, y sumadas éstas a la necesidad y a la ambición individual, el resultado puede ser cualquiera, pero pocas veces bueno, sobre todo cuando la mayoría, que somos generalmente muy vulnerables a las cuentas complejas, nos ponemos en manos de personas en las que hemos confiado durante años por sus valores diversos, entre ellos el de la amistad diaria... y aquí es donde comienza el conflicto, un conflicto que no existía cuando todo marchaba más o menos bien, pero que emerge con fuerza cuando todo comienza a torcerse.
Claro que yo sé que el recadero no organiza las trampas... y también sé que la mayoría de las veces no sabe siquiera que forma parte de ellas... y lo sé con auténtica fuerza cuando el recadero es un amigo de verdad, uno de los amigos enteros de siempre... pero también sé que eso no puede eximirle de la culpa de pertenecer a una clase infame capaz de practicar la usura con los más débiles, porque vive de ello, cobra cada mes por ello y asume los silencios con complicidad (y estoy seguro de que también con verdadero temor)... pertenecer al sistema de la usura con conocimiento de causa, comer de él y vivir mejor que la mayoría gracias a él tiene que tener alguna contrapartida negativa... que dejar a la gente sin sus ahorros no es como para esperar que te feliciten las fiestas y se presenten cada dos días a invitarte a un vino en el bar de al lado pasándote amablemente la mano por la chepa... y como somos muy primarios por lo general (algo que a veces no es malo), pues tendemos a cargar el peso de la culpa sobre los hombros de quien tomó nuestro dinero para guardarlo y ‘multiplicarlo’ con el resultado de perderlo y dividirlo (y mira que dividir lo perdido ya es difícil)... y eso porque ponemos la confianza en personas a las que apreciamos y no en empresas a las que no conocemos más que por el nombre.
El caso es que el asunto está feo y el corralito español se ha fraguado en la sombra y hemos acabado formando parte de él gracias a los amigos (manda huevos)... pero eso no borra la amistad que yo siento ni el afecto que siempre le tendré a mi amigo del alma... pero tampoco borra la tristeza que me da sentirle en un camino que, para mí, es equivocado... un camino en el que el mundo es pura abyección, en el que solo cabe la finalidad de que el hombre devore al hombre, lo pise, lo extorsione y lo extermine... pero eso pertenece al mundo individual de cada uno, y cada uno paga con su salud física y mental cada una de sus decisiones, y yo ahí no me meto... aunque sí flipo un poquitín porque se me recrimine educadamente por atreverme a describir desde mi punto de vista el estado de las cosas... y hacerlo para pillar calma, porque el dinero no hay quien lo recupere... que por lo menos nos quede la posibilidad de expresión.
Y yo sigo yendo cada mañana a ese banco porque J me cae de puta madre, porque G sigue siendo uno de mis mejores amigos, porque la moza que acompaña me parece buena gente y porque A no me cae mal (todo a pesar de sus testarudos y constantes recuerdos a mis pequeños retrasos de pago... si uno no paga, es porque no puede, A... ¿entiendes?... qué más quisiera yo que no retrasarme para no tener que sufrir los intereses abusivos por esa circunstancia)... y faltará la primera vez que haya montado un número en público o me haya puesto desagradable como hacen otras personas con las mismas razones que yo podría esgrimir.
Y eso, que creo que me he explicado lo mejor que sé, que aprecio al boligrafero J y quiero a G un montón... pero que denigro con encono a la clase a la que pertenecen porque estoy en mi derecho de hacerlo... tampoco me gusta la policía y tengo un sobrino allí (al que quiero muchísimo) y bastantes amigos que cobran del Estado por ese trabajo feo.
Hay luces y sombras en todo y en todos... y nadie puede huir de estar vibrando en esos contraluces.
Abrazos... y nos vemos en el cielo.

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