Ir al contenido principal

Sotooba


Estoy cambiando de estudio y cada día surge una sorpresa agradable, un encuentro con papeles perdidos y queridos. Entre los documentos que he movido esta mañana ha aparecido mi cuaderno de campo de Tanzania, un diario que escribí en 1999, durante mi viaje a ese país delicioso, y que en su día titulé «Días de África».

Me he pasado un par de horas repasando sus páginas y recuperando la memoria de aquella felicidad, los detalles olvidados, las risas con Yuma, con John Fabino, la triste conversación con el Dr. C. K. Mvunta, la peligrosa visita a Mto Wa Mbu, las raciones monótonas de wali rosti con carne de cebú viejo, Gorfan, el presidente Abdul Barie, el encuentro con los iraqw, con los tatooga y con los hadzabe; la escuela de Barasani, el gobernador John S. M. Hussingu, los jodidos padres espiritanos del valle de Mangola, el lago Eyasi, los masaai, los baobabs al atardecer, Ngorongoro, los chagga, el reposo en los hoteli, el «castle milk stout» de Juanito, el sabor del pombe, la reunión con los muñequiti, Tasiana cocinando un huevo de avestruz, Longuido, la luna de chesire, Karatu, el monte Meru con sus dos bocas volcánicas.... toda una experiencia que creí perdida y que he recuperado.
(19:19 horas) Si lograse vivir –aunque sólo fuera un par de meses– fuera de mi mundo imaginado, de mis fantasías, creo que podría poner un poco de orden en mis cosas terrenas... pero me resulta imposible, pues a cada circunstancia de cruda realidad que me llega sólo sé enfrentarme saliéndome de ella por el lado que para mí resulta más fácil, el de la imaginación desbordada o el del olvido. Sería bonito que desapareciese la realidad sin más, una mañana cualquiera, que desapareciese el idioma que la nombra y que todo sucediese como lo idealizo al despertarme. También estaría de puta madre que la realidad corriera por otros caminos más lógicos, con una posibilidad de futuro que llevase al bienestar del hombre y del resto de las criaturas.

(21:09 horas) Ya relajado, he vuelto a mis «Días africanos» para volver al hoteli de Gorfan, regentado por una mujer etíope bellísima, y tomarme un té caliente y una sambusa picante. Luego, salir al camino ceniciento para buscar la frontera roja de Karatu rodeado de chiquillos gritándome: «¡nzungu, sucari!, ¡nzungu, sucari!», y dejarme caer derrotado al pie del baobab florido que anuncia la salida del poblado –o la entrada–, y mirar cómo abriga la noche mis ojos mientras escucho los tambores que anuncian que empiezan los ancianos a contar sus historias. Luego, un trago de pombe mirando al Riff iluminado por una luna enorme, unos cigarros del país y soñar con la gloria de ser un africaa en todos los sentidos.

•• RECOMENDACIÓN ••

«Se está haciendo cada vez más tarde»
Antonio Tabucchi
ISBN: 8433969609
Editorial: Anagrama
Barcelona, 2002

Magnífica novela epistolar en la que parece que las cartas llegaran anticipadamente o con retraso respecto al propio mensaje que transmiten; como si los destinos de los hombres siguieran sin encontrarse y las personas se extraviaran en el laberinto de sus breves existencias. Como si la vida fuera una película perfecta, pero cuyo montaje resultara totalmente equivocado. El conjunto resulta un extraordinario recorrido por las pasiones humanas.

Comentarios

Entradas populares de este blog

COMENDADOR

A LAS PUERTAS DEL CIELO
Aún quedan las carcasas de las fábricas como memoria de aquel constante trasiego que procuraba poder a los fascistas y la escueta comida del día a los obreros. Están rojas de óxido en toda su ferralla y una vegetación devoradora hace justicia en cada hueco. Son los restos de lo que ha de venir y lo que fue.
Mamá, el lotero me llama alemán.Porque eres rubio, hijo.Mamá, la abuela me dice que nunca hable con el lotero, pero es que siempre me da caramelos y me llama alemán.Que no me entere yo de que vuelves a coger un caramelo de ese hombre. Obedece a la abuela.Mamá, es que me dice que yo sería un buen torero, que si sigo jugando con el estoque, un día me llevará a un tentadero.Ese hijo de puta… fue uno de los que denunciaron a tu abuelo.¿Qué hago entonces, mamá?Cuando le veas, sal corriendo.
Aún quedan algunos tejados viejos en la calle Libertad, sus tejas rojas sostienen la vida de algún gato y mantienen el recuerdo vivo de los hombres que huían desde los desvanes p…

Caidino...

Estoy lento y como gatinín con este calor bestia que cae sobre mí como una losa, y con tanto por hacer y en diferentes campos. Ahora que necesitaría multiplicarme, estoy dividido y hasta restado. SBQ necesitaría ahora de todas mis fuerzas de invierno (tenemos un agujero grande que tapar y no soy capaz de tomar aire). Intento mercadillos, lecturas, talleres, ventas de materiales chulos, sorteos…, pero nada funciona. Es como si al quedarme desactivado yo, se hubiera desactivado todo, pero no sé de dónde sacar la energía que necesito como el aire de respirar, no sé cómo tramitar esta abulia sobrevenida. En Perú la gente tiene sed, hay pendientes entregas necesarias de materiales, de carritos…, y he dejado un proyecto a medias que hace que me sienta culpable por ratitos. Es este jodido calor y que la gente aquí ya no puede más, porque está agotada por los miserables del dinero. A ello se suma el golpe constante en el trabajo, el ramillete de deudas con sus apremios y el vacío inabarcable…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías… y ese ser ‘la razón’ le gusta mucho al que viaja a velocidad en los cómodos asientos de sus vagones, viendo pasar el paisaje por las ventanillas, pero solivianta al que perdió el billete, al que nunca tuvo para comprarlo y, sobre todo, al que busca lugares a los que ir y a los que el tren no llegará jamás, porque no hay vías ni estaciones. Así visto el trasunto humano, la libertad del que está en el sistema (el tren) viene siempre marcada por unas fronteras nítidas que, precisamente, amordazan esa libertad… o sigues las vías con tu billete en regla o te bajas del tren y corres el peligro de ser arrollado si quieres volver a subirte en él mientras no detenga su marcha. Me sucede con frecuencia que tengo ideas nítidas en mi cabeza, ideas que se muestran preclaras y estructuradas en mi mente y que, cuando intento compartirlas, me resulta muy difícil hacerlas llegar a mi interlocutor con la …