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Shinshisa


Llegué de Mérida algo jodido, para qué negarlo. Purito asunto de falta de respeto y dignidad por parte municipal.
La poca sensibilidad política del gobierno emeritense y su afán por lo mediático sobre todas las cosas, tuvo ayer triste ejemplo que sentí en mi persona como una afrenta hecha de ninguneo y luz de gas.
Había sido invitado por el ayuntamiento de Mérida para presentar mi nuevo poemario en la Feria del Libro de Mérida, para lo que se me enviaron invitaciones, programas lujosos y un extraño folleto de biografías en el que aperecía con foto y un somero currículo. Acepté en su día sin poner problemas, pues consideraba que haber sido galardonado con el premio de poesía ciudad de Mérida me obligaba a ello –circunstancia que no figuraba en las bases del mismo–. Por pura educación no se me ocurrió preguntar si se me pagaría el coste de mi viaje y si tendría derecho a comida y cena –si lo hubiera preguntado, habría sabido con certeza que todo correría por mi cuenta. Craso error–.

Hasta ahí, sin demasiados problemas, y a entonar los «mea culpa» que me corresponden. Ya en la Emérita ciudad ardiente, me acerqué con mi hija hasta la feria del libro, donde me encontré –para mi gozo– con Antonio Orihuela, Antonio Gómez, Marino González, Rodolfo Franco y Julián Miranda –a la sazón, premio de novela de la romana villa–. Julián y su compañera me explicaron que había viajado desde Barcelona hacía un par de días sin saber si les pagaría el desplazamiento el consistorio emeritense, que les habían hecho reserva de hotel y que hasta ese justo instante –faltaba una hora para el acto de presentación de nuestros libros– no tenían noticias de nadie vinculado al ayuntamiento, eso sí, conociendo por la prensa que a la misma hora y en el mismo lugar estaba prevista la intervención de Alfonso Ussía por no sé qué historia que le había sucedido con la Casa Real.

Antonio Gómez, siempre preocupado y diligente, llamó de inmediato a la concejalía de cultura para contarles nuestra situación y nos indicó que en unos minutos pasarían a recibirnos por la feria del libro.
Y llegó Leni, la técnico de cultura de la concejalía, para explicarnos someramente que el señor Ussía había descabalado todo el programa y que nosotros –Julián Miranda y yo– tendríamos que hacer una presentación muy breve para que el perico mediático de la derecha española se diese su consabido baño de multitudes y justificase así la magra remuneración que había de cobrar –vuelvo a recordar que al que suscribe no le han pagado ni el jodido viaje–. Yo pregunté de inmediato que en qué consistiría mi intervención, a lo que Leni me dijo que me presentaría el concejal de cultura y yo diría unas palabras y leería algún poema de mi nuevo libro. Le dije entonces a Leni que no tenía libros, que en las bases del certamen decía que me entregarían 25 ejemplares y que hasta la fecha sólo contaba con algunos que me entregó Sergio Gaspar por deferencia amistosa y que había repartido entre mis amigos. Su respuesta fue que no sabía nada del tema y que le pidiera los libros al editor –de puta madre–. En el curso de esta conversación, Leni recibió una llamada, que a todas luces era de su concejal, y por la conversación y el tono encendido de Leni entendí que le estaba comunicando que no nos presentaría porque estaba de marcheta con el tal Ussía –debo decir que Leni se enfadó muchísimo y se retiró unos metros para terminar la conversación haciendo gestos que presagiaban que no éramos gratos en aquel lugar y en aquel momento–. Cuando volvió Leni, nos explicó a Miranda y a mí que había convencido al señor concejal para que nos presentase y que fuéramos tan breves como pudiésemos.
Y llegó el munícipe trajeado junto al tal Ussía y una nube de periodistas. Inmediatamente nos saludó con una sonrisa política y nos conminó a posar para la prensa con el tal Ussía. Yo remoloneé y salí de espaldas en las primeras tomas, y el concejal trajeado me regañó cariñosamente para que me diera la vuelta, me colocó en un extremo y le dijo a la prensa que empezase a disparar.
Luego nos subimos al estrado Julián Miranda, el concejal y yo, y el tipo habló con tanta brevedad que no atinó más que a decir nuestros nombres y a dejarnos frente al público. Inició Miranda –yo creo que sin demasiada fortuna– y el cultureta me agarró fuerte del antebrazo y me dijo: «Tú, sólo un poema, por favor, que éste muchacho se está extendiendo demasiado».
Terminó Miranda, leí tres poemas y me largué de allí sin que nadie me dijera hola o adiós, ni siquiera qué se debe. Me tomé un heladito con mis amiguetes, los de verdad, y pillé carretera junto a mi hija para llegar a Béjar a eso de las 12:30 p.m.
El resumen, lo dice hoy la prensa de puta madre, y si no lean lo que dice el «Hoy de Extremadura»: «La tarde de ayer fue intensa para los ganadores de los premios literarios que apoya y financia el Consistorio. Y como un acto más dentro del galardón, ayer tuvieron una cita con los emeritenses y su Feria del Libro para presentar públicamente sus obras ganadoras.

Luis Felipe Comendador presentó 'El gato sólo quería a Harry' que obtuvo el XI premio de poesía 'Ciudad de Mérida'. Comendador nació en Béjar en 1957 y tiene recogida toda su antología personal en una obra titulada 'Vuelta a la Nada'. Entre sus hazañas literarias se encuentra la de haber sido finalista en el año 2003 del Premio Nacional de Poesía.
Julián Miranda, ganador del IX premio de novela 'Juan Pablo Forner' presentó de forma original y contando con la participación del público asistente su obra ganadora,'El jugador de las bolas inquietantes'. Miranda es doctor en Pedagogía y su trabajo se ha centrado en la escritura de diversos artículos sobre creatividad, deportes de aventura y el papel de los juegos, los mitos y los cuentos.» ... ¿Mis hazañas literarias?... !!!Pandilla de imbéciles!!!

De lo bueno, porque lo hubo, fue abrazar a mi Orihuela y verle en su peso y con una salud recuperada, besar con fuerza a mi Antonio Gómez y conocer a su encantadora compañera, reírme con Marino y putear un ratito a su vástago con el triunfo de mi Barça –él es un merenguito–, besar a Mar y a la divina Ángela y pillar un montón de libros que enumero: «El individuo contra el Estado» de H Spencer, «Sevillanas» de Irene Sánchez Carrón, «Fandangos» de Carlos Lencero, «Tangos» de Marino González Montero y «Cine y Anarquismo» de Richard Porton.
Y el gasto no justificable de 450 kilómetros de coche, 4 helados, 2 bocadillos, 6 cocacolas y un café, sumado a los 25 libros que aún no me ha entregado el ayuntamiento de Mérida.
Buen negocio, ¡eh!

Estoy seguro de que el tal Ussía se forró y comió como un señor a costa de los peperos munícipes emeritenses. Cuestión de clases.
(13:24 horas) El aumento de medidas de libertad globales por parte de los gobiernos siempre trae como consecuencia un alarmante descenso de la libertad individual, pues para arbitrar las primeras se dictan leyes –que por definición son restrictivas en lo individual– y se suman impuestos que se hurtan a las rentas personales, y por tanto a la libertad individual de gasto de las rentas propias.

Trae muchos peligros intentar legislar para la libertad, y para hacerlo es fundamental contar con poíticos preparados –que no los tenemos– que conozcan a la perfección las claves históricas de los sistemas políticos y la esencia de las ideologías, aquello que Herbert Spencer definió tan lúcidamente en sus conceptos de sociedad de contrato obligatorio (militarista) y sociedad de contrato voluntario (industrial o mercantilista), dos ideas que nos llevan a la división exacta entre conservadurismo y liberalismo, siendo la primera una opoción de sumisión y la segunda una opción de libre colaboración.
De ahí se puede partir con cierta lucidez en el trabajo de aportar libertades sociales sin herir las libertades individuales, a la vez que descubrir la falsedad de términos tan peregrinos como «liberalismo conservador» o «neoliberalismo» y los problemas que generan respecto a la individualidad más legítima del ser humano.

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