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Qian Zhongshu

A veces es bueno hacer un pequeño examen de conciencia, algo así como un chequeo interior con el que poner el centro en su sitio si se ha desplazado, pero también un examen de la conciencia de los demás, sobre todo de los que no dan la cara cuando acusan.

Ayer me increpaba «sin acritud», en los «coment» de este blog, un periquito anónimo (vamos a llamarle «J») intentando ponerme en el terreno de los esclavos o de los que deben pleitesía o de los que se cobran caridad doblando el espinazo. Ponía en mayúsculas la palabra «AMO» para referirse a un colega rico y molón que tengo, y todo para indicarme que no había criticado el nuevo edificio de la Plaza de la Piedad en el que «he comprado» los bajos para instalar «mi empresa» en Béjar –es decir, compro y pago, y además invierto en mi ciudad como empresario, manteniendo unos cuantos puestos de trabajo a pesar de las duras condiciones de trabajo que existen en la zona, y los mantengo en clave social y digna (quien tenga dudas, que hable con mis trabajadores).
Del edificio, pues puedo decir que hubiera sido mucho más molón si no hubiera puesto pegas la concejalía de urbanismo bejarana para aceptar la propuesta de mi colega [AMO (?)], que se resumía en no banquear los volúmenes, subir hasta la altura del piso aledaño y ceder en medida y retranqueo lo ganado en altura, circunstancia que hubiera dado un poco más de ancho a las calles de Las Armas y Mayor (esta última lo necesitaba como el comer) y que hubiera dejado el edificio en un volumen lógico y más integrado. Vista esta obligación, pues sólo puedo decir que el edificio respeta la estética de la zona, utilizando materiales constructivos que no entran en discordancia con los edificios anejos... granito, teja vieja, artesonado de madera, galerías de hierro imitando a las tradicionales de la ciudad y puertas exteriores de madera rústica en la línea de las que marcó la construcción de la casa noble restaurada enfrente.

Puede gustarme más o menos, sí, pero lo cierto es que no conozco a otro constructor en Béjar que invierta con estos materiales y con las calidades que pueden verse con sólo elevar la vista. Lo mismo es mejor construir con ladrillo visto en las márgenes olorosas del Cuerpo de Hombre para poder echarle gasolina a tu BMW o a tu Audi con el ahorro en fachadas, interiores y cubierta.

Siempre preferí a los arquitectos mediocres que a los tiralíneas con ínfulas, a los amigos con gusto que a los enemigos con mala baba, a los progres con ganas de hacer que a los pijos sin patrimonio, a los que dan la cara que a los que la esconden. Y tengo muchos defectos, demasiados, pero ninguno que tenga que ver con rendir pleitesía y mamar pollas. Si me dan afecto y amistad, me entrego; si me invocan a la bilis, la vomito deprisa y procuro que caiga en el vestido nuevo de alguien.
El AMO, como tú le llamas en relación conmigo, amigo «J», ni me ha pedido y ni me ha dado, somos colegas y nos echamos manos cuando se necesita –simbiosis, entiendes–. Y lo que tengo me lo he currado a pulso día a día, sintiéndome tan libre como me ha dado la real gana. En fin, muchacho, que no necesito AMOS, porque hasta el día de hoy soy muy capaz de gestionar mi vida corriendo los riesgos que me pide el cuerpo y diciendo lo que me sale del capullo. Si no te gusta lo que digo, escribo o hago, pues te puedes rascar tu anónimo cuerpo entero hasta que se te pase el prurito.
Y eso, «J», sin acritud, sin ninguna acritud, coño, faltaría más.

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