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Euphrase Kezilahabi

Debo pensar en lo que no tengo, en lo que no siento, en lo que no me pertenece... y considerarlo como materia poetizable para enredar todas las pistas que ya he dado sobre mí. El hombre que se muestra es vulnerable, y yo me muestro demasiado y bastante desnudo. No es lo mejor, lo sé, pero es más práctico.
(12:03 horas) No, no soy un héroe, pero tengo pasiones profundas que a veces me podrían llevar a serlo, porque los héroes se modelan con la contradicción y las pasiones –yo padezco de los dos males–... Sólo falta el componente exterior, convocar la pasión hacia mí, y eso es complicado. Ser antihéroe requiere también de los mismos compuestos. En fin... me consuelo con el pensamiento redentor de que los héroes deben dejar cadáveres a su alrededor para serlo, y a mí me da miedo la sangre... hasta pensarla.

... También a veces me gustaría ser Giuseppe-Gioachino Belli y enredarme en sonetos romanescos de burdeles y papas, de curas y truhanas, de relajos y pollas jugando a metimientos, de políticos sátiros que acaban amolando en las canteras su prisa por lo enhiesto...
Y enredo un rato en el asunto Belli ensayando medida, rima y ritmo:

SONETO A UNA SARDINA QUE QUISO SER PEJESPADA
[Apócrifa epístola moral a Fabio]

Aquel necio fulano con argolla
que un día se pasó del mar al cielo
perdió sus mil embites con la polla
bailando en un florón de caramelo.

De verse ganador, vióse en canguelo;
de neto vencedor, en gilipollas:
de bravo follador, en un abuelo
sin casa donde hacer su triste olla.

No tientes a la suerte, amigo Fabio,
y mírate en la cara de ese orate
que fue y no es nada ya por perdulario.

Piensa bien cuando alumbres un dislate,
que un minuto de gozo con tu polla
negara los laureles a tu molla.

•••

Es malo de atar, pero divertido.
Debo confesar que, desde hace un montón de años, entreno mi ritmo con sonetos malos que apenas enseño a mis amigos, pero que me dan risas muy particulares y cierto nivel de juego.

(16:35 horas) Acabo de visitar la obra de Paco Montero, justo la que se está rematando en el edificio de mi imprenta. La cafetería es realmente gustosita –ya está casi rematada– y los apartamentos son como para quedarse a vivir en ellos.
De paso he aprovechado para fotografiar la otoñada bejarana –con una lluvia copiosísima– desde la galería alta del edificio. ¡Qué envidia!, poder ocupar esas estancias para escribir emborrachándose de otoño.
(17:01 horas) Hace unos meses, cuando andaba diseñando mi escondrijo imprentero, pensaba que una vez instalado en este cubículo, con mi nueva computadora Mac y con el ambiente recreando exactamente el que yo imaginaba, iba a escribir de otra manera... y me equivoqué... sigo escribiendo igual, a tirones, a golpes de vida y a fuerza de tedio. Cómo te equivocas siempre, Felipe. Y ahora, encima, tengo mi biblioteca partida en tres –mi casa, Colón [26] y la imprenta–, lo que me produce bastante angustia cuando tengo que tirar de mi recuerdo de lecturas.
Nada de lo que llegue será mejor ni peor... será simplemente otra cosa.

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