Ir al contenido principal

La palabra es una realidad aparte de la realidad.


La palabra es una realidad aparte de la realidad, pues le da forma y la deforma a la vez [a la realidad, coño]… Yo, que ya he visto morir a amigos y enemigos, que he sabido cómo se suma y he aprendido a empujones cómo se resta, que he amado y odiado [aún amo y odio], que he estado al lado del éxito de verdaderos zotes y del triste fracaso de tipos valiosos, que no sé ser padre y ya casi ni lo intento, que le tengo miedo al dolor por encima de todas las cosas [al de adentro sobre todo], que he deseado intensamente y me he dejado llevar por la abulia entera, que he comido hasta hartarme en mesas impensables y no he pasado hambre jamás, que he bebido lo justo, pero no lo necesario; que he fumado como un suicida [y lo sigo haciendo], que me he reído hasta de mí mismo y he llorado cascadas por otros, que he levantado la voz creyéndola cargada de razón, que me he equivocado y no lo siento [faltaría más], que me he enamorado hasta el temblor, que he conocido el placer físico y ese otro placer inexplicable que viene de recibir lo creado por otros y de intentar crear, que he querido desaparecer mil veces y otras mil veces he dado la cara por la vida hasta agotarme, que he mentido mucho [pero nunca lo suficiente], que he saldado mis deudas y he vuelto a endeudarme, que he hecho amigos y también los he deshecho, que he dormido a pierna suelta y también he velado el sueño de mis hijos, que he aprendido con hambre y por mi cuenta, que nunca he sabido esperar, que he adjurado de la fe que me dieron mis mayores por propia convicción, que he sido tonto y listo, que he buscado hasta agotarme [y aún sigo buscado… hasta el resuello]… Yo, masculino singular, con el pelo ya blanco hasta en el pecho, vencido por todos y empeñado en continuar el juego, me declaro en absoluto estado de excepción y adjuro de las hipérboles del mundo para ser desde hoy una hipérbole individual y solitaria, esa exageración de mí mismo que me haga único y totalmente sustituible, quizás un cáncer para los demás, pero indefectiblemente un cáncer para mí mismo.
Decido seguir viviendo a mi bola y a mi antojo, seguir diciendo a mi gana y a mi estilo, seguir amando a mi gusto y al de quien me ame, seguir mirando con ojos lúbricos e intentar ser el bufón entero que siempre quise ser.
Quien me quiera, que me siga… y quien no me quiera, que se vaya a tomar por el culo.
¡Vaya día, colegas!
De LECTORAS

Comentarios

  1. Animo Felipe...Tengo la sensación, que cada dia será peor, yo cada vez entiendo menos y me siento mas solo.
    Salud.

    ResponderEliminar
  2. Hola Luis, hablando de palabras y realidades aparte ,te dejo unos enlaces a un fragmento de unas palabras de Felipe Glez en el reciente Congreso de Juventudes Socialistas de España.

    http://www.youtube.com/watch?v=JNTdDf12CGM&mode=related&search=
    http://www.youtube.com/watch?v=yiy2WEN0QZY

    Un saludote.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Por favor, no hables de mí... si acaso, hazlo de ti mismo...

Entradas populares de este blog

COMENDADOR

A LAS PUERTAS DEL CIELO
Aún quedan las carcasas de las fábricas como memoria de aquel constante trasiego que procuraba poder a los fascistas y la escueta comida del día a los obreros. Están rojas de óxido en toda su ferralla y una vegetación devoradora hace justicia en cada hueco. Son los restos de lo que ha de venir y lo que fue.
Mamá, el lotero me llama alemán.Porque eres rubio, hijo.Mamá, la abuela me dice que nunca hable con el lotero, pero es que siempre me da caramelos y me llama alemán.Que no me entere yo de que vuelves a coger un caramelo de ese hombre. Obedece a la abuela.Mamá, es que me dice que yo sería un buen torero, que si sigo jugando con el estoque, un día me llevará a un tentadero.Ese hijo de puta… fue uno de los que denunciaron a tu abuelo.¿Qué hago entonces, mamá?Cuando le veas, sal corriendo.
Aún quedan algunos tejados viejos en la calle Libertad, sus tejas rojas sostienen la vida de algún gato y mantienen el recuerdo vivo de los hombres que huían desde los desvanes p…

Caidino...

Estoy lento y como gatinín con este calor bestia que cae sobre mí como una losa, y con tanto por hacer y en diferentes campos. Ahora que necesitaría multiplicarme, estoy dividido y hasta restado. SBQ necesitaría ahora de todas mis fuerzas de invierno (tenemos un agujero grande que tapar y no soy capaz de tomar aire). Intento mercadillos, lecturas, talleres, ventas de materiales chulos, sorteos…, pero nada funciona. Es como si al quedarme desactivado yo, se hubiera desactivado todo, pero no sé de dónde sacar la energía que necesito como el aire de respirar, no sé cómo tramitar esta abulia sobrevenida. En Perú la gente tiene sed, hay pendientes entregas necesarias de materiales, de carritos…, y he dejado un proyecto a medias que hace que me sienta culpable por ratitos. Es este jodido calor y que la gente aquí ya no puede más, porque está agotada por los miserables del dinero. A ello se suma el golpe constante en el trabajo, el ramillete de deudas con sus apremios y el vacío inabarcable…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías… y ese ser ‘la razón’ le gusta mucho al que viaja a velocidad en los cómodos asientos de sus vagones, viendo pasar el paisaje por las ventanillas, pero solivianta al que perdió el billete, al que nunca tuvo para comprarlo y, sobre todo, al que busca lugares a los que ir y a los que el tren no llegará jamás, porque no hay vías ni estaciones. Así visto el trasunto humano, la libertad del que está en el sistema (el tren) viene siempre marcada por unas fronteras nítidas que, precisamente, amordazan esa libertad… o sigues las vías con tu billete en regla o te bajas del tren y corres el peligro de ser arrollado si quieres volver a subirte en él mientras no detenga su marcha. Me sucede con frecuencia que tengo ideas nítidas en mi cabeza, ideas que se muestran preclaras y estructuradas en mi mente y que, cuando intento compartirlas, me resulta muy difícil hacerlas llegar a mi interlocutor con la …