
Busco el desahogo de la discrepancia, la batalla hueca de la suficiencia, la precavida virtud de la edad, el usufructo de mis hipotecas, la arbitrariedad de equivocarme, lo turbio de la intimidad, el desarme entre las piernas [entre unas piernas], el gobierno de mí mismo, el poder de la radicalidad, el concilio de los contrastes, la expansión de seguir esperando, la desmemoria que da el elegir, el aliento de lo complementario, un nuevo modo de definir mi ombligo, una vanguardia a la que escupir, cierto compromiso con la realidad, un poema que no sea mimético, la persuasión de lo urbano, una buena anestesia contra este dolor, matar a un crítico [de hambre], una certidumbre equívoca, el honor de ser nadie, la posibilidad de demora cuando yo lo diga, un abrazo lacónico, cierto exotismo cultural, un fauvismo de letras, la mano que dibuja, un estremecimiento sin causa, alguna ambivalencia en mi mirada, domesticar a un hombre [también a una mujer], degradarme deprisa, ser víctima un instante, aprender a prometer totalidad, abrazar a una musa, un lago de pezones, ruborizarme un poco, seducir, consumar, asfixiar, entrever, sobrepasar, herir, añorar, entender, asimilar, sumar, restarme… perecer.
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Supongo que las páginas cerradas no contienen algo peor que las que ya he abierto, pero no voy a lamentarme, porque yo estoy en ellas y quizás sea lo que merezco.
Al fin y al cabo, esta época absurda no se merece poetas buenos, ni siquiera poetas que sepan lo que supone pertrechar un poema con sus artefactos irrenunciables… ni siquiera poetas que manejen la ortografía y la sintaxis…
Es triste este tiempo literario lleno de jovencillos [y otros no tanto] que se creen algo aún antes de empezar a serlo, que no ponen trabajo en sus miradas, que no conocen el proceso poético y osan romperlo con descaro… ¡pobres!… ¿o quizás felices?
Hasta para un poema destartalado se necesitan fuerza y cierto proceso mental que te diga dónde estás, por qué estás ahí y para qué decides armar unos versos.
Nunca se hizo una poesía(?) tan prosaica y absurda, nunca se cayó tan bajo, nunca habían merecido papel tantas palabras desubicadas.
Digo que supongo que las páginas cerradas no contienen algo peor porque no pienso seguir leyendo ni atado.
Y mira que me juré hace unos meses que dejaría de leer, coño.
No tengo voluntad.
¡Dios, qué maravilla encontrarte por aquí!
ResponderEliminarVeo, y cojo, el número 6 de "los cuadernos de sornabique", que guardo como oro en paño... Me lo diste en Punta Umbría, por mayo de 2002. Luego fui alguna vez más... Y punto. Censura sobre mí.
Volveré a este sitio que tengo que ver muuy despacio, amigo Felipe, permite que te llame así...
Un abrazo, y ¡esto es estupendo!
Sabe Vd. Sr. Comendador? una vez me dió por escribir corre que te corre, a lo "Forrest Gump", vamos que cuando me di cuenta tenía escrito medio libro (unas ciento cincuenta hojas). Lo malo fue una noche que paré y me dio por leerlas, ¡ay Sr. Comendador qué malita me puse, qué retortijones, qué ganitas de vomitar!!
ResponderEliminarDesde entonces me recome la envidia...
(ahora, que lo bien que yo me lo pasé "soñando", eso, eso ya no me lo quita nadie!)
...
Su primer texto-poema es precioso pero muy triste, le voy a buscar y pegar por aquí algún enlace de algo gracioso "pa" que se alegre un poco, "cago en la mar..."!
Un abrazo,
Donce
Subscribo, sin quitar ni poner ni una coma, la segunda parte de tu entrada de hoy. Ya estoy aburrido de tantolomismo.
ResponderEliminarSaludos, amigo.