Ir al contenido principal

Quiero a Céline...


Terminé con “Rayuela” [aunque no la he dejado aparcada, pues creo que consultaré sus páginas con frecuencia diaria] y con “Cien años de soledad” [creo que no volveré a abrirlo en mucho tiempo], y pillé mi ejemplar de “Pulp”, editado por Anagrama en 1996, cuando solo cinco vehementes sabían en España quién era Buk y lo que traía debajo del brazo [de su poesía no se conocía nada de nada por entonces]. Yo recordaba el libro como una novela dinámica que me despertó en su día simple curiosidad por el autor, una novela que recomendé con profusión durante unos meses a amigos y conocidos.

Yo estaba sentado en mi oficina, mi contrato de alquiler había vencido y McKelvey estaba empezando los trámites para desahuciarme. Aquel día hacía un calor del demonio y el aire acondicionado se había roto. Una mosca se paseaba lentamente por encima de mi escritorio. Extendí el brazo con la palma de la mano abierta y la puse fuera de juego. Me estaba frotando la mano con la pernera derecha del pantalón cuando sonó el teléfono. Lo cogí.
–¿Sí? –dije.
–¿Ha leído usted a Céline? –preguntó una voz femenina. La voz era bastante sexy y yo llevaba mucho tiempo solo. Décadas.
–¿Céline? –dije–. Ummm...
–Quiero a Céline –dijo ella–. Tengo que conseguirlo.
Aquella voz tan sexy me estaba poniendo realmente cachondo.
–¿Céline? –dije–. Déme alguna información. Hábleme, señora, siga hablando...
–Súbase la cremallera –me contestó.
Miré hacia abajo.
–¿Cómo lo sabe? –le pregunté.
–Da igual. Lo que quiero es a Céline.
–Céline está muerto.
–No lo está. Quiero que le encuentre. Quiero tenerlo.
–Puedo encontrar sus huesos.
–No, estúpido, –¡está vivo!
–¿Dónde?
–En Hollywood. He oído que se ha pasado varias veces por la librería de Red Koldowsky.
–Entonces, ¿por qué no va a buscarle usted?
–Porque antes quiero saber si es el auténtico Céline. Tengo que estar segura, absolutamente segura.
–Pero ¿por qué ha recurrido a mí? Hay cientos de detectives en esta ciudad.
–John Barton le ha recomendado a usted.
–Ah, Barton, sí. Bueno, escuche, tendrá que darme algún adelanto y tendré que verla a usted en persona.
–Estaré ahí dentro de unos minutos –dijo.
Ella colgó, yo me subí la cremallera. Y esperé.
”.

No es un mal comienzo y, además, deja entrever el tono de ese Buk desatado que tantas horas buenas me ha dejado durante muchos años.
Yo llegué a Buk después de haber pasado por todos los Beat con auténtica fiebre... Kerouac, Ginsberg, Burroughs, Corso, Lamantia, Orlovsky, Ferlinghetti y Carl Salomon... y me perdí a Clellon Holmes y a Huncke por no encontrar en España obra suya, a pesar de que la busqué con ambición –entonces no había internet–... y llegué a los Beat por Bob Dylan y Jim Morrison [la música siempre detrás de la poesía]. Comfieso que mis primeras lecturas de Buk fueron un mero entretenimiento de verano, un entretenimiento que a veces me dejaba pensando unos minutitos, pero que no iba más allá... pero un entretenimiento que me llevó a buscar todos sus poemas en cuanto supe que Buk no era un novelista –que nunca lo fue–, sino que era un poeta potentísimo con una voz rasgada e inigualable [aquel descubrimiento vino de la mano del inefable -y a veces intratable- Roger Wolf]...

hay cosas peores que
estar solo
pero a menudo toma décadas
darse cuenta de ello
y más a menudo
cuando esto ocurre
es demasiado tarde
y no hay nada peor
que
un demasiado tarde
”.

En fin...

•••
"Il conformista"



•••

"Novecento"



•••

"La dolce vita"

Comentarios

Entradas populares de este blog

Al Canfrán a varear fideos...

Debe ser de cuando te mandaban “al Canfrán a varear fideos” o incluso de aquella mar salada de los ‘mecachis’... el caso es que siempre llevo puesto algo de casa [que es como decir algo de antes] en la jodida cabeza... y nado entre una pasión libidinosa por decir lo que me dé la gana y un quererme quedar en lo que era, que es lo que siempre ha sido... pero todo termina como un apresto en las caras, mientras el hombre de verdad dormita entre una sensación de miedo y otra de codicia... ¡brup!... lo siento, es el estómago que anda chungo... y tengo ideología, claro, muy marcada, y la jodida a veces no me deja ver bien, incluso consigue que me ofusque y me sienta perseguido... a veces hago listas de lo que no me gusta y de los que no me gustan... para qué, me digo luego, y las rompo... si al final todo quedará en lo plano y en lo negro, o en lo que sea, que al fin y al cabo será exactamente lo mismo... es por eso que hay días en los que me arrepiento de algunas cosas que he hecho, casi t...

Para que no me quede la vergüenza propia de haberme callado…

Viendo los sucesos trágicos que atraviesan el mundo del hombre en estos días, me apetece dejar una breve reflexión sobre ello para que no me quede la vergüenza propia de haberme callado…   Las religiones son profundamente dañinas en lo individual y en lo colectivo, en lo cercano y en lo lejano. Siempre basadas en el miedo, en el temor, en la búsqueda constante de un estado de tristeza marcado a fuego en todas sus pautas morales, dirigistas, sometedoras de pensamiento, acodadas con fuerza al dinero y a los grupos de poder que emponzoñan las sociedades desde hace siglos… Por ello, no es peor un cristiano que un judío o un islamista, que son todos malos de raíz, perversos y fieros estabuladores de grupos humanos… Ordenan el odio y la agresión, las más bajas pasiones y la aniquilación de quienes no comulgan con sus mandatos morales. En periodos de paz penetran sibilinamente en las conciencias y procuran que en los poderes políticos y económicos estén sus fieles ordenándolo todo a su ex...

RAP PARA MARIO

RAP PARA MARIO No sé cómo explicarte lo que siento Ahora que estoy de lleno en mi descenso Y esto se acaba, Yo sé que esto se acaba Y no quiero marcharme dejándote una nada. Rapeo por si acaso no te gusta Leerte en mi diario y si te asusta Que en versos ajustados a la norma Tengas que conocerme. De esta forma, Que es más de calle trece que la mía, Voy a contarte, Mario, lo que un día Hiciste de este tipo desastrado, A veces caprichoso y a veces desbordado: Yo era feliz sin más, o eso creía, Dejándome llevar por la poesía, Sabiendo que era falso casi todo Y riéndome, sin más. Era mi modo Jugar a ser bufón y, entre los popes, Decir las cosas claras. Hubo golpes, Que todo hay que decirlo, golpes bajos, Que supe digerir. En mis legajos De aquellos tiempos quedaron escritos Palabra por palabra y muchos gritos. También triunfé, que no todo fue malo Y di algún que otro palo.   ¡Que bueno!   Pasados unos años, Jugando a ser oveja en el rebaño, Dejé una vida hecha, o eso creía, Hijos, ...