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Huérfanas.


El día siempre trae sus curiosidades, y la de hoy me ha llegado por la lectura de “Un armario lleno de sombra”, del amigo Antonio Gamoneda [un libro entrañable, triste y ameno, por cierto]… retomé lectura en la página 129 y, al llegar a la página 135, me encontré una huérfana [para quien no lo sepa, es la primera línea de un párrafo que aparece al final de la página anterior a dicho párrafo, que está en la siguiente, por lo que aparece aislada de su contexto, vamos, un error tipográfico] que me dejó alborotado por un ratito [me encanta encontrar errores tipográficos y ortográficos en los libros de grandes editoriales… en este caso es Galaxia Gutenberg]. Lo anoté y continué mi lectura bien animado hasta llegar a la página 201, donde volví a encontrarme otra maravillosa huérfana… y ya detuve mi lectura como si hubiera conseguido un gran trofeo… nada más y nada menos que dos huérfanas en un librito de 240 páginas de los Galaxy…. Je, je…
Debe entenderse que por mi larga trayectoria de editor independiente y alternativo [llevo editando libros desde 1992 en tres colecciones propias y una revista sin plazos ni periodos conocidos], siempre he tenido que llevar sobre mi espalda el duro peso de las erratas, hasta el punto de que durante un tiempo corolaba los libros con la frase “y si encuentras una errata, la saludas de mi parte”… y llegué a publicar erratas fantásticas que algunas veces conseguían mejorar el texto original. El caso es que encontrar esos fallitos en editoriales de enjundia me redime y me tranquiliza bastante, ya que mi trabajo oficial es el de corrector ortotipográfico de imprenta, por lo que tengo que cargar siempre con esas culpas que al principio suponen la destrucción del mundo y después terminan en nada.
Una curiosidad, al respecto del tema del que estoy hablando, es la poca atención que ponen los autores a sus textos [a algunos les sugieres cambios de estilo en algunas frases, incluso les propones cambios de párrafos enteros que varían el sentido original de su texto, y asienten con la cabeza, sin discutir ni un segundo ni preguntar razones… pero cuando tienen que hacer revisión de cubierta [con sus solapas biobibliográficas] o de la presentación que prologa sus textos, hecha generalmente por un autor más o menos conocido que se deshace en elogios… su revisión es milimétrica… que si mi nombre algo más grande, que si el “Málaga” que va detrás del “Premio Pablo Picasso 1997” debe ir entre corchetes y no entre paréntesis, que si “mi foto ponla justificada a la derecha de la bibliografía”… es triste, ¿no?, pero es absolutamente real y lo certifico porque me sucede con un 80% de los libros que maqueto y corrijo… incluso se dan casos en los que indicas una clara falta ortográfica y el autor se enfada contigo seriamente por haberla encontrado… incluso algunos se niegan a realizar las correcciones propuestas al caso… en fin, que encontré dos huérfanas hermosísimas y se me medio arregló el día, que venía cabrón con las notas de mis chicos, el accidente desafortunado de la furgoneta del curro y sus consecuencias, los líos del barrio con el desinhibido [al que ahora se le ha unido un tipo de no sé dónde, que peleó en Bosnia y está pensionado por orate… y que las prepara como Amancio] y las florecientes juventudes pijas del Madrid más cáustico… todo un elenco de maravillas.
Ya por la tarde me centré en escribir una brevería teatral sobre la “Oda a Walt Whitman” para mi amigo Marino González, así como en pensar en un dibujo para la cubierta del libro que la contendrá junto a otros monólogos de autores amigos en las ya tradicionales ediciones teatrales de editorial “La Luna de Mérida”.
Y empiezan las fiestas.

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