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Qué ganas de ese viento...


Qué ganas de ese viento que lo levanta todo mientras mi cámara le arrebata el alma a algunos hombres… y que las hojas de los castaños asientan con su vaivén a cada uno de mis robos, porque ellos saben que también han de morir y en las noches de invierno el frío es insoportable si no hay un bosque en el que guarecerse… ¡los árboles!... lo que daría hoy por ser el leñador con el hacha en la mano, y sentirme dichoso ante la cicatriz como ese dios de los finales necesarios… el árbol en mi mesa, en la ventana, en la silla, en el incómodo ataúd… y echar un trago de ron caliente sintiendo el latido de las manos hinchadas por la labor de muerte, y remangarme los pantalones frente al fuego donde cruje una carpa o una pieza cobrada en las trampas.
No sé, pero me apetece un mundo de helechos que pisar y el sonido del agua jugando a ser libélula en el aire… un bosque frondoso y lleno de sonidos… y humo al fondo, un humo de hogar viejo y casi inaccesible, y ortigas a los lados de la casa, como custodiándola, y ese olor de manzanas puestas a madurar en el altillo sobre una manta vieja.
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Oye, viejo F, que me reí de ti esta mañana un motón mientras atendías a esa chica que vino a informarte de cómo manejar con efectividad los recursos para empresarios de la Oficina de Empleo bejarana… estabas atendiéndola con tu socio Ricardo y de pronto te preguntó: “¿le explico esto a usted o a su hijo?”… noté que te molestó un poco, aunque reías, viejo… pero hay lo que hay… además, la oronda funcionaria te habló como si nada de las personas mayores de 52 años, explicándote que tienen beneficios diversos por edad al contratarlos y que en esas edades puedes hacerte con buenos profesionales sin tener que agotarte en el empleo, pues son tipos con la vejez a cuestas que ya ven la luz de la jubilación al fondo… sé que la habrías acorralado si no es porque tuviste que correr a hacerle la comida a uno de tus hijos de verdad… y es que estas jovencillas de hoy con el futuro asegurado no respentan las canas, ¿verdad, viejo?... y luego el remate de tu socio, el jodío, que se merendó con un “nosotros somos analfabetos” ante las preguntas constantes de la moza… todo un éxito de reunión, viejo, que hizo que la muchacha quedase medio estupefacta.
Noto que últimamente te afectan más de lo normal los asuntos de edad… no le des muchas vueltas, viejo, que eso no tiene arreglo.
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En unos días tendré en mis manos mi nuevo librito nuevo... os dejo en esta entrada la cubierta.

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