Ir al contenido principal

El dulce paso de la inevitabilidad



Me levanté esta mañana como queriendo ver nieve en el espacio que acota mi ventana, pero no, solo hacía un frío implacable y el cielo se mostraba de ese azul insultante que en primavera es puro gozo [no ahora, claro]… me duché como pude, que el jodido frío no me dejaba actuar con fluidez, y, ya con el albornoz puesto y apretado, me dio por pensar en las distintas formas de limitación que nos acucian cada día –unas que proceden de la imposiblidad, que es la peor manera de estar limitado en lo absoluto, y otras que proceden de nuestro proceso moral y del de los demás–. La imposibilidad, para mí, tiene como placebo a la incertidumbre, a ese plantearse tontas dudas como: “… ¿y si al final fuese inmortal?... porque, por lo que veo, hasta ahora solo se mueren los demás”… ya sabemos todos del absolutismo de la muerte, claro, pero no nos viene mal dudar alguna vez, como no nos viene mal tenerla presente en todo momento, ojo.
Así, contra la imposibilidad, y sobre todo contra las limitaciones, hay un concepto mágico que –a mí por lo menos– nos ayuda a seguir, y ese concepto no es otro que ‘la ilusión’, a la que podemos convertir en un estado de uso cuando no encontramos salida…
La ilusión es un proceso hacia el futuro, pues quien se ilusiona lo hace en base a que algo puede suceder y que propicie un cambio a mejor. No está mal, por tanto, atacar a las limitaciones a lo inexorable con una buena dosis de ilusión, coño, que para cuatro días que estamos…
Otra forma de ataque a lo que es o nos parece imposible es el olvido [peligroso siempre], que viene a cumplir de forma leve el papel de la muerte y que en algunas ocasionas puede propiciarnos un estupendo trampolín de salida hacia lo nuevo, hacia lo distinto… pero se debe constituir el olvido en materia de crecimiento, no en campo de decepción –en esta trampa caen muchos hombres, pues el olvido que camina junto a la decepción no es olvido verdadero, y mucho menos es un empuje hacia la positividad–, pues nos encontraríamos presos de la depresión [términos encontrados y curiosamente juguetones].
También podemos dejarnos deslizar por eso que se llama ‘la inevitabilidad’, dedicándonos a exaltar cada una de las cosas que nos son propicias y dejando que las inevitables sucedan sin más, a su jodida bola, como siempre lo hacen… este formato no es malo, pues no se gastan fuerzas en luchar contra lo que no se puede luchar [aunque no se debe abusar de la resignación].
El caso es que me vestí a toda velocidad, pues no está el tiempo para meterse en lentitudes, me embufandé y me tiré a la calle… inmediatamente me di cuenta de que el frío de hoy es una de esas circunstancias inevitables [también pasajera, claro], así que me ‘resigné’ y me escondí junto a la estufita a escribir esto… que no pasa nada si a mí no me pasa nada… o algo así.

Comentarios

  1. ¡Qué listurruca soy! ya lo tengo pensado... pero eso te lo diré si me los tocas jajajajajaja.
    Venga parriba corazón.
    Otro beso y ya son dos.

    ResponderEliminar
  2. ¿¿¿¿¿LF, estás bien?????

    Que sepas que este año sólo compré un décimo de lotería -ando desganaíta perdía- y que no me tocó. Sniff por el SBQ.... porque había prometido darle un pellizquito.

    Un besazo (y da señales de vida, leñe!)

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Por favor, no hables de mí... si acaso, hazlo de ti mismo...

Entradas populares de este blog

NO SEAS NUNCA COMO YO

Casi cinco meses de vida tranquila juntos, Mario. Yo viéndote crecer y adquirir pericias y tú mirándome, a veces perplejo y a veces encantado de verme (porque los abuelos hacemos cosas que no hacen los padres, como sacarte del carrito y achucharte cuando lloras y hay que dejarte tranquilo para que encuentres el sueño).  Casi cinco meses y ya me has llenado de endorfinas (porque el abuelo canilllas blancas es pura química orgánica), me has perfumado de ese olor tuyo a bebé, que es el único que en mi mundo supera al olor del tabaco, y te has hecho centro de todo, pues te veo y me olvido del banco que me tiene medio asesinadito, de los clientes que están esperando en la puerta y hasta de este dolor cabrón que llevo en la rodilla desde hace unas semanas. Y lo mejor, lo mejor de todo, es que, cuando llegas, te miro y sonrío, y tú me devuelves enseguida una sonrisa a medias con hoyuelo  al ladito derecho de tu boca. Entonces te cojo y te achucho, te acerco a mi mejilla y siento ese lazo qu…

Jugar al cíclope...

Jugar al cíclope, como en el capítulo siete de Rayuela, o simplemente jugar al Cortázar postmasmédula, a aquel Cortázar tan Girondo de “Apenas él le amalaba el noema... ¡Evohé¡ ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balpamar, pernilos y márulos...”... no, mejor jugar al cíclope y cansarte de no estar cansado o jugar a cerrar los ojos para ver e imaginar que la felicidad está más cerca... quienes piensan demasiado no pueden hacer nada... he aquí la regla fundamental del juego de La Maga... y uno está tan triste porque todo es tan hermoso... ¿y si quienes forman mi mundo solo fueran ilusiones... no lo que son, sino mis ilusiones de ellos, no sus verdades, sino mis mentiras?... todo sería un juego estético personal, un juego magnífico en el que crecer... salgo a la calle, voy a por tabaco hasta PdT, doblo la esquina cuesta arriba, estoy solo en la calle, estoy solo en la esquina... subo hasta que las puertas de cristal detectan mi presencia y se abren como puertas... est…

Me late el codo izquierdo...

Hoy me levanté con el codo izquierdo dolorido e hinchado, todo por un golpetazo que me arreé la semana pasada con una puerta [se conoce que ayer me apoyé en alguna de las barreras de la plaza de toros bejarana, mientras asistía al blues, y se me ha infectado]… y es que últimamente parezco un quecomari lleno de cuitas y quejicoserías… el cabrón está ardiendo y focaliza toda mi atención en su latido, hasta el punto de hacerme perder concentración en lo que hago.
En fin, que sigo en el asunto de vivir y eso me gusta mucho… hasta el latido este que me reclama atención constante.
Hoy le pegué la última corrección al nuevo libro de Belencita, “Orden de alejamiento”, y vuelvo a dejar escrito que me gusta muchísimo su forma y su contenido. Espero que en un par de semanas esté listo para hacerlo llegar a sus manos…. y que me ha gustado leerlo con ese latidito de dolor, pues el poemario es de dolor entero… y muy intenso.
Luego, me dejé de mí [y del trabajo] y le busqué contenido a ese pum-pum… y m…