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Descongestión de un bolso femenino


– ¿Qué llevas en el bolso... además del lápiz de labios y el espejito mínimo?... – le pregunté.

– Unos ojos de gata para cuando te mire, la cerviz como un lirio abierto un día de lluvia, una cruz de caminos con dos huellas pendientes, dos compresas y un boli, la carta vieja con la que navegarte, un perfume discreto imitación de Escada, dos nubes con su lluvia, un terremoto incierto y su tsunami de pieles, una agendita, kleenex, un dedalín de alpaca que ya lo usó mi abuela, la suerte de tenerte hincado de rodillas frente a mis muslos frágiles, mi documentación, un monedero indio con monedas usadas, dos tigres y un abril, las cuentas de un rosario con los días pendientes, mi móvil, las gafas de leer todo lo que me escribas, una foto sin ti, otra tuya, y otra juntos abrazados así: [&], un frasco con tu aliento, dos ganas de morir, tres deseos de amarte sobre la hierba, un clip, el pasador de aguja, dos gomas para el pelo, mi peine, el tarjetero, el tanga negro y gris [por si quieres comerme], la crema, las pastillas, mi caja de París con algunos pitillos Lucky Strike [los sin filtro, ya sabes, que me gustan así]...

La mujeres compendian en sus bolsos todo el mar de los luegos como tesoritos de andar por casa... acceder al secreto de esos armarios blandos es como penetrarlas, es conocerlas, es asir sus inseguridades y sus ganas con los ojos.
Todos los bolsos femeninos huelen a perfume... todos los bolsos femeninos padecen de incontinencia, todos son resumen de la casa y del armario... del ser y del parecer...
Cuando me llama la atención un bolso femenino, juego a imaginar qué lleva dentro... y lo disfruto a tope, como un sádico lento o un comedor de helados...

– ¿Qué llevas en el bolso?...

– Tus dudas y un desierto, lo blanda que me pongo si me buscas y vienes y me abrazas, la ruta de la seda que va hasta mis pezones, el collar enredado de lapizlazulí, un guiño sin su rimmel, azufre, un fajo de holandesas para escribirte cartas, la espera que precises, dos selvas como tú, unas guerras pendientes donde salgas vencido, las parras donde estarte, el frío, mi honradez, las ganas de tenerte, las ganas de comerte, las ganas... simplemente las ganas de que mires mi bolso... que algo es algo... y lo sé.

Comentarios

  1. en el mío, en mi bolso, hay también unas ganas de escribir así de intenso o, más bien, de conocer a los hombres como tú a las muchachas. Que lo sepas.

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  2. Tienes razón, el bolso femenino lleva todo eso y mucho más, por ejemplo el mío lleva un metro y ,bastantes veces, todo tipo de herramientas... todo un hacer y sentir en tan pequeño espacio.

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  3. ¡Precioso! Sabía que llevábamos muchas cosas en el bolso, pero ignoraba que fueran tantas y en verso.

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  4. Nunca antes (ni aun cuando era una mujer joven) nadie descongestionó de tal modo mi bolso.
    Rozando lo sublime.
    Ya nada me coge por sorpresa.

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  5. Y las que no llevan bolso, ¿donde guardan todo eso?
    Concha.

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