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Mi espíritu latinoamericano


Alexandra Botto [Mexico]

Hace un par de semanas recibí un correo de la poetisa mexicana Alexandra Botto, a la que conocí hace unos años en EDITA, en Punta Umbría, en el que me me hacía llegar una declaración de escritores y artistas latinoamericanos por el respeto de los Derechos Humanos y la paz mundial... en ella se hablaba de los tristes sucesos de Oaxaca que acabaron con las vidas de Beatriz Cariño [cooperante] y Jyri Jaakkola [observador internacional finlandés], de los asesinatos de los poetas salvadoreños Roque Dalton, Lil Milagro Ramírez, Claudia María Jovel y Arquímedes Cruz; de los ingentes asesinatos y desapariciones en Colombia o de las últimas leyes discriminatorias promulgadas el pasado abril en el Estado de Arizona [USA]... inmediatamente respondí al correo que Alexandra me adjuntaba [el de Darien Giraldo] para adherirme a la declaración a pesar de que no soy latinoamericano y el encabezado cerraba esa opción. Darien me contestó con urgencia aceptando mi firma de adhesión y cambió algunos términos de la declaración para hacerla universal y que la pueda asumir cualquier persona del mundo de la creación sin fronteras o idiomas. Me sentí muy bien por haber podido formar parte activa de este movimiento, por ser parte viva de esta sensibilidad que llevo en los genes por un azar eléctrico [y también por historia personal].
A pesar de mi origen español, siempre, desde muy jovencito, sentí una atracción mágica por Latinoamérica... mis lecturas me hacían pensar en aquellas tierras como en un paraíso que mis antepasados habían intentado destruir con saña y por pura ambición... y sentía con fuerza que debía hacer algo -nunca supe con nitidez qué- por aquellas gentes hermanas... en 1975, mientras cursaba mis estudios universitarios en Salamanca, frecuentaba grupos de la izquierda radical española que luchaban contra el régimen fascista de Franco y, con ellos, a personas de Nicaragua, Chile, Argentina, Perú, El Salvador... que estaban en situaciones difíciles de exilio de sus países por razones políticas [especialmente tuve una larga relación con un grupo de sandinistas, con los que nos reuníamos en un localito que estaba detrás del masacrado Teatro Bretón salmantino]... fue entonces cuando empecé a comprender que el camino que buscaba debía partir de la amistad intercultural y del conocimiento de los orígenes y las culturas de mis amigos... y todo sobrevino como un coctel absurdo y doloroso... Salvador Allende, Somoza, Daniel Ortega, Videla, Pinochet, el Subcomandante Marcos... y las imágenes míticas de El Ché, Zapata, Sandino, Bolivar, Víctor Jara... figuras que recibían el adorno o los golpes de todos los cantautores de la época, entre los que destacaban Mercedes Sosa, Luis Pastor, Raimon, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Noel Nicola, Pablo Guerrero... así se fue afianzando en mi cabeza el mito de una Latinoamérica profundamente unida a España y mi estado de ciudadano de ese lazo de mundos diversos atados por un mismo idioma y por un ansia inagotable de lucha por la libertad y los derechos civiles... recuerdo que por entonces asistía con frecuencia a conferencias prohibidas, a conciertos ‘peligrosos’, a reuniones nocturnas en las que el miedo se mezclaba con las ganas de hacer algo para arreglar el mundo...
Después llegó un tiempo de calma personal [aunque no de olvido] en el que centré mi vida con una familia y un trabajo, pero pronto volvió el prurito y me impliqué en política tomando una representación pública en el ayuntamiento de mi ciudad [una experiencia dura y contradictoria que me enseñó muchísimo]... y, de ahí, a volver de nuevo a buscar aquellos orígenes del 75... junto a mi colega Juanito militamos en la cooperación internacional, pasando por un par de ONG’s y realizando algunos proyectos directos en África [exactamente en Tanzania, en la zona de Mangola Chini] y otros indirectos en Latinoamérica bajo las siglas del MPDL [del que fui presidente en Castilla y León durante unos años]... de aquel recuperar mis raíces me han quedado dos hijos adoptivos africanos, Youssouph y Malick, y el nuevo camino de unos proyectos difíciles, propios y empeñados en Gambia, Senegal y Perú... los dos primeros por ser en los territorios de mis hijos adoptivos y el de Perú por ese lazo indestructible que llevo en la cabeza y en el corazón, un lazo genético que me empuja con fuerza... y también intento mantener el tono en el terreno literario, pues mantengo amistades fuertes y constantes con escritores y creadores latinoamericanos, colaboraciones literarias y ediciones conjuntas [la última realizada fue la edición de la antología de poesía mexicana actual “21 Balas”, que tiene su homólogo en México editada por el sello “Solar Servicios Editoriales” que dirige Alejandro Zenker... todos los fondos obtenidos con esta edición van a formar parte del montante económico para realizar nuestro centro de acogida infantil en Alto Moche (Perú)].
Y así me siento bien, intentando hacer un poquito, participando en todo para lo que se me reclama, manteniendo contactos constantes con amigos de allá y reforzando mi ilusión por poder decir bien alto que esa tierra es también mi tierra, que es parte de mí, una parte fundamental y profundamente enriquecedora.
Agradezco a Alexandra que se haya acordado de mí otra vez [me cuida mucho mi amiga] y a Darien Giraldo que le haya hecho un hueco a mi voz para que así me sienta un poquito más latinoamericano. Un abrazo fuerte para ellos.

Darien Giraldo [Colombia]

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