Ir al contenido principal

Nostalgia de África


Hoy, sin quererlo, mi Guille me trajo de golpe toda la nostalgia de África... había encontrado entre mis cosas del estudio de Colón un cochecito tallado en madera que traje de mi viaje a Tanzania... lo encontró desbaratadito [tanto Felipe como él han jugado mucho con esa pieza cuando eran chiquitos] y le hizo un arreglo completo antes de darme la sorpresa... se presentó en el salón de casa y me dijo: ‘mira, papá, te he arreglado el coche que nos trajiste de Tanzania; llévatelo a tu estudio para que no se pierda’. Yo tomé el cochecito con mis manos y besé a mi chico con fuerza antes de que la memoria volviese a mí por el tacto de ese trozo de madera con forma de juguete... hacía calor en Arusha y era mi anteúltimo día de estancia en Tanzania... solo me quedaba comprar algunos regalos para la familia y para los amigos, y dediqué ese día a visitar la zona de mercado del centro de la ciudad para ver qué podía adquirir... recuerdo que empecé buscando una tanzanita engastada en un anillo, pero los joyeros indúes que visité [todos los joyeros de Arusha eran de procedencia indú] me pedían precios demasiado elevados para mi presupuesto, así que acabé comprando un granate, una pequeña pieza de lapizlazulí y un ópalo de un tamaño considerable... luego me dediqué a buscar algunos batik distintos a los que llevaban los vendedores de calle, que eran todos iguales y no me daba fiabilidad de que hubieran sido realizados por la técnica de ceras y anilinas típicas de la zona... y encontré la tiendita de un pintor tanzano que resultó ser uno de los más conocidos artistas del batik de Tanzania [recuerdo que el tipo se llamaba Kirita]... allí me dejé gran parte del dinero que me quedaba, adquiriendo doce piezas únicas y magníficas que hoy se reparten por las casas de amigos y familiares... y terminé en el mercado de calle con ese rifirrafe del regateo [ahí se movía mucho mejor que yo mi amigo Juanito, y le dejé hacer], del que salí con collares masaai de semillas, separadores de libros en piel con forma de animales africanos, máscaras de diversos tipos y tamaños, pañuelos, amuletos de la zona de Karatu y este cochecito que ahora tengo en mis manos y que no es otra cosa que un juguete muy al uso entre los niños de las tribus de la zona del Monte Meru y los territorios de Ngoro-Ngoro [eso sí, uno de los juguetes caros a los que pueden aspirar aquellos niños]... junto a ellos, me traje bombas volcánicas que recogí en Kambi a Simba, tres estromatolitos grandones que pillé en el lago Manyara y una botellina de ‘cognagy’ que me regaló Carlitos [el viceministro de deportes tanzano], además de mi diario manuscrito y unas cuantas picaduras de mosquitos enormes...
Así que hoy tengo nostalgia de los baobabs de Mangola Chini y de los árboles botella del camino hacia Longuido, de los jacarandás y las bugambilleas en las avenidas enormes de Arusha, de la tierra roja de Karatu y los Dk-dk siguiendo a nuestro coche, del miedo caliente en el Río de los Mosquitos, del gallo vivo que me regalaron en Kambi a Simba [el Campo del León], del huevo de avestruz del que salieron 18 tortillas, de los jodidos padres espiritanos y de los niños persiguiéndome allá donde fuera, gritando siempre su hermoso: ‘mzungu, zucari’.
Es chuli... y quiero volver.





Comentarios

  1. Se nota que te impactó,no me extraña, y la memoria que demuestras...más que envidiable.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Por favor, no hables de mí... si acaso, hazlo de ti mismo...

Entradas populares de este blog

NO SEAS NUNCA COMO YO

Casi cinco meses de vida tranquila juntos, Mario. Yo viéndote crecer y adquirir pericias y tú mirándome, a veces perplejo y a veces encantado de verme (porque los abuelos hacemos cosas que no hacen los padres, como sacarte del carrito y achucharte cuando lloras y hay que dejarte tranquilo para que encuentres el sueño).  Casi cinco meses y ya me has llenado de endorfinas (porque el abuelo canilllas blancas es pura química orgánica), me has perfumado de ese olor tuyo a bebé, que es el único que en mi mundo supera al olor del tabaco, y te has hecho centro de todo, pues te veo y me olvido del banco que me tiene medio asesinadito, de los clientes que están esperando en la puerta y hasta de este dolor cabrón que llevo en la rodilla desde hace unas semanas. Y lo mejor, lo mejor de todo, es que, cuando llegas, te miro y sonrío, y tú me devuelves enseguida una sonrisa a medias con hoyuelo  al ladito derecho de tu boca. Entonces te cojo y te achucho, te acerco a mi mejilla y siento ese lazo qu…

Mario

Mario fue un corredor de fondo que ha legado el nombre a mi nieto para perpetuar en él su memoria, y me gusta, me gusta mucho que mi bebé tenga en su nombre una razón y un contenido, que lleve el signo de una amistad indeleble y el valor hermoso del recuerdo. Mario, hoy mi nieto, es divinamente vulnerable, delicado hasta el suspiro, bellísimo en sus gestos y causa absoluta de orgullo personal. Su madre, mi hija, me ha hecho el regalo más precioso que se puede hacer a un padre, y lo ha hecho con valentía, sin miedos, siendo una mujer entera en todo el proceso y demostrándome que algo tuve que hacer bien en su educación y en su formación como persona. Jaime, el padre de mi nieto, es un padre ejemplar, preocupado, atento siempre a las necesidades de mi hija y de su hijo, y yo le estaré eternamente agradecido por su forma de ser hombre y por el amor entero que se percibe constantemente en su trato hacia mi niña y hacia mi bebé. Gracias a los tres por hacerme tan feliz.
Por lo que a mí se …

COMENDADOR

A LAS PUERTAS DEL CIELO
Aún quedan las carcasas de las fábricas como memoria de aquel constante trasiego que procuraba poder a los fascistas y la escueta comida del día a los obreros. Están rojas de óxido en toda su ferralla y una vegetación devoradora hace justicia en cada hueco. Son los restos de lo que ha de venir y lo que fue.
Mamá, el lotero me llama alemán.Porque eres rubio, hijo.Mamá, la abuela me dice que nunca hable con el lotero, pero es que siempre me da caramelos y me llama alemán.Que no me entere yo de que vuelves a coger un caramelo de ese hombre. Obedece a la abuela.Mamá, es que me dice que yo sería un buen torero, que si sigo jugando con el estoque, un día me llevará a un tentadero.Ese hijo de puta… fue uno de los que denunciaron a tu abuelo.¿Qué hago entonces, mamá?Cuando le veas, sal corriendo.
Aún quedan algunos tejados viejos en la calle Libertad, sus tejas rojas sostienen la vida de algún gato y mantienen el recuerdo vivo de los hombres que huían desde los desvanes p…