Ir al contenido principal

Como en un 'singanas'.


Ayer.

Vuelvo a afirmar que la vejez es fea, no me gusta y me da miedo por su incapacidad y por la dependencia que produce. Creo que el decurso del Hombre ha conseguido este estado absurdo de los hombres. Anoche, en la sala polivalente del Hospital Clínico de Salamanca, había varias camas con ancianos [algunos claramente terminales] sufriendo, agotados, un final que ya debiera haber llegado hace tiempo... pero la medicina los mantiene atados a una vida que no es más que un acabarse lento y doloroso, un proceso que a mí me parece inútil si no hay capacidad de ofrecer, junto a la extensión del tiempo vital, ciertas circunstancias de bienestar asociadas a algunas capacidades. Yo no quiero eso para mí de ninguna de las maneras... y hasta me parece una crueldad mantener unas constantes biológicas con la certeza del daño que eso supone... pero están la jodida moral imperante y el concepto religioso sobre la vida para enfangarlo todo y crear un sufrimiento incontable y tremendamente injusto [me encantaría que esto les pasase factura algún día a quienes lo propician].
Y esa visión indigna de unos hombres y mujeres tirados en camastros y hacinados en un cuartito de olor nauseabundo, exentos de cualquier dignidad, expuestos a los ojos de todos los que por allí pasábamos, que éramos muchos, sufriendo en silencio sus últimas vejaciones [porque esa situación es tremendamente vejatoria por impersonal y por insensible] gracias a los avances de la medicina del hombre [una ciencia que no ha aprendido aún a dar pasos ‘completos’ en los que cualquier arreglo físico vaya indefectiblemente unido a un arreglo de valor en lo que se refiere al uso de la vida]... decía que esa visión me dejó deshecho, como en un ‘singanas’... y con un jodido dolor de riñones que va como a más.

Comentarios

  1. Cuando murió mi padre, de forma inesperada, a sus sesenta y pocos (lo cuento en "Ojalá morir durmiendo...", escrito que finaliza mi primera kk-auto-edición) uno de los consuelos fue este: él y todos nos evitamos vivir su deterioro.
    En Suiza hay clínicas donde ayudan a morir.
    Todo muy triste y complicado.
    De todas formas, Milú, yo no dudo de que algún día pagaremos todos nuestras deudas, no a lo cristiano, de manera más universal, no sé si me explico.
    Mi compañía para ti y tu familia en estos momentos difíciles.

    ResponderEliminar
  2. Así es, Felipe. Sin embargo nunca sabemos del deseo o inconsciencia del que allí está tumbado sobre su aferrarse a la vida, aunque sea en un hilo.
    Te deseo mejora para ti y tu familiar enfermo.
    Besos de Casilda

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Por favor, no hables de mí... si acaso, hazlo de ti mismo...

Entradas populares de este blog

COMENDADOR

A LAS PUERTAS DEL CIELO
Aún quedan las carcasas de las fábricas como memoria de aquel constante trasiego que procuraba poder a los fascistas y la escueta comida del día a los obreros. Están rojas de óxido en toda su ferralla y una vegetación devoradora hace justicia en cada hueco. Son los restos de lo que ha de venir y lo que fue.
Mamá, el lotero me llama alemán.Porque eres rubio, hijo.Mamá, la abuela me dice que nunca hable con el lotero, pero es que siempre me da caramelos y me llama alemán.Que no me entere yo de que vuelves a coger un caramelo de ese hombre. Obedece a la abuela.Mamá, es que me dice que yo sería un buen torero, que si sigo jugando con el estoque, un día me llevará a un tentadero.Ese hijo de puta… fue uno de los que denunciaron a tu abuelo.¿Qué hago entonces, mamá?Cuando le veas, sal corriendo.
Aún quedan algunos tejados viejos en la calle Libertad, sus tejas rojas sostienen la vida de algún gato y mantienen el recuerdo vivo de los hombres que huían desde los desvanes p…

Caidino...

Estoy lento y como gatinín con este calor bestia que cae sobre mí como una losa, y con tanto por hacer y en diferentes campos. Ahora que necesitaría multiplicarme, estoy dividido y hasta restado. SBQ necesitaría ahora de todas mis fuerzas de invierno (tenemos un agujero grande que tapar y no soy capaz de tomar aire). Intento mercadillos, lecturas, talleres, ventas de materiales chulos, sorteos…, pero nada funciona. Es como si al quedarme desactivado yo, se hubiera desactivado todo, pero no sé de dónde sacar la energía que necesito como el aire de respirar, no sé cómo tramitar esta abulia sobrevenida. En Perú la gente tiene sed, hay pendientes entregas necesarias de materiales, de carritos…, y he dejado un proyecto a medias que hace que me sienta culpable por ratitos. Es este jodido calor y que la gente aquí ya no puede más, porque está agotada por los miserables del dinero. A ello se suma el golpe constante en el trabajo, el ramillete de deudas con sus apremios y el vacío inabarcable…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías… y ese ser ‘la razón’ le gusta mucho al que viaja a velocidad en los cómodos asientos de sus vagones, viendo pasar el paisaje por las ventanillas, pero solivianta al que perdió el billete, al que nunca tuvo para comprarlo y, sobre todo, al que busca lugares a los que ir y a los que el tren no llegará jamás, porque no hay vías ni estaciones. Así visto el trasunto humano, la libertad del que está en el sistema (el tren) viene siempre marcada por unas fronteras nítidas que, precisamente, amordazan esa libertad… o sigues las vías con tu billete en regla o te bajas del tren y corres el peligro de ser arrollado si quieres volver a subirte en él mientras no detenga su marcha. Me sucede con frecuencia que tengo ideas nítidas en mi cabeza, ideas que se muestran preclaras y estructuradas en mi mente y que, cuando intento compartirlas, me resulta muy difícil hacerlas llegar a mi interlocutor con la …