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Fumando un cigarrito, me encontré con una nutria.


Harto de que no me dejen fumar con el café de la tarde, y con ganitas de despejarme un poquitillo de estos días cabrones e inevitables, dejé a Guille en el cole a las tres y me fui con mi cámara a intentar fotografiar a alguna cigüeña o a alguna rapaz cerca del basurero de Béjar. Cuando llegué al depósito de basuras no había ni un ser viviente visible en todo el perímetro que abarcaban mis ojos, así que decidí darme una vueltecilla caminando por la carretera de Fuentebuena para respirar aire puro y olvidarme de los malos rollos. No había aves... pues a fotografiar líquenes, que ahora presentan unos tonos y unas estructuras chulísimas.
Cuando me cansé de caminar y de liquenear, me senté en el murete que cerca un prado extenso con una pequeña charca y, mirando a la charca, me encendí un pitillo. Se estaba de puta madre... solo, en silencio... y de pronto vi tres estelas grandes en el agua de la charca... flipaba y no podía creerlo... ¡tres nutrias en el agua! y yo sin la cámara preparada... me azoré y rápidamente puse la Nikon en uso, pero ya no había nada, ni una señal de los animales... me sentí mal por no haber estado alerta y decidí aguantar allí sentado hasta que dieran las cuatro menos diez, justo la hora de llegar a tiempo al trabajo... volví a mi pitillo ya sin esperanza, pero con la cámara en la mano... y de pronto, como a unos 15 metros de mí, bajo una piedra trabajada a modo de viga, una de las nutrias me miraba fijamente... y disparé como un poseso hasta que decidió ocultarse... y me sentí profundamente feliz, muy emocionado y lleno de esperanza.
Jamás hubiese imaginado ese encuentro al lado de una carretera, muy cerca de mi ciudad, a las tres y media de la tarde.
Me encanta.








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