Ir al contenido principal

Sobre la confusión y otros azares hospitalarios.


Cuando no vas de urgencias, el hospital es mucho más relajado, aunque no pierde su calidad de jodido taller de reparaciones. De día bulle y parece que los males particulares se diluyen entre los males de todos, entre el trasiego de enfermeras y galenos, de visitantes y de cuidadores estacionarios. La noche es otra, pues la ausencia de luz y el falso silencio consiguen que el dolor se focalice, haciendo que el tiempo parezca eterno para quien padece y para quien cuida... prefiero, entre lo malo, un hospital de día, coño.
Hoy vi cómo un enfermo se escapaba con el pijama puesto debajo de su americana [imagino que iba a fumarse un cigarrito a la calle] y me sentí bien porque se me quitó esa sensación de cárcel en la que quedas atrapado por el solo hecho de tener que seguir un tratamiento hasta el final... me gustó ver esa chispa de libertad en un tipo que quizás estaba haciendo la hazaña de su vida... la verdad es que se le veía nervioso y no tenía muy buena cara [me refiero a que no parecía nada saludable], pero seguro que su acción le estaba arreglando el ánimo a base de adrenalina y autosatisfacción. Llovía bastante, pero el tipo no se detuvo ante la lluvia... caminó seguro y le vi detenerse en uno de los pasadizos que pasan bajo la carretera... me pareció que sonreía.
Luego fui testigo quietecito de los estragos que hace el desubicar a un anciano... la confusión terrible, que debe ser una de las peores cosas que puedan sucederle a un hombre... no saber dónde estás, no conocer a quienes te rodean, no tener tu ropa de todos los días sobre la piel, no encontrar el baño... debe ser terrible y debiera ser una de las consideraciones prioritarias a tener en cuenta dentro del mundo de la medicina cuando se acerca a los ancianos... intentar atenderlos en su ámbito aunque cueste un mayor trabajo, no sacarlos de su mundo de golpe y ofrecerles cuidados a la medida de su dignidad, que muchas veces no consiste más que en permitirles tener su pijama de siempre o dejarles ponerse sus pantalones y sus zapatos de todos los días... algún signo de normalidad que no los asuste y los deje desvariando.
Imaginad a una persona entrada en años que siempre ha tenido un pudor extremo en todas su acciones, siempre bien peinada, siempre guardando unas formas venidas de una educación antigua, siempre practicando unas normas de roce con los demás... y que de pronto se encuentre despeinado, con un camisón abierto y casi desnudo, con personas a las que jamás había visto y compartiendo habitación y vómitos... y todas esas cosas privadas que jamás había compartido con casi nadie... imaginad que de la noche a la mañana se encuentra en esas circunstancias... debe ser tremendo, hasta el punto de llegar a perder la razón... y si a eso le sumamos el miedo cerval al final de todos los finales, pues ya está conseguido el desastre total.
En fin, que queda mucho por hacer en la necesaria mezcla de la ciencia con el humanismo... mucho.

Comentarios

Entradas populares de este blog

COMENDADOR

A LAS PUERTAS DEL CIELO
Aún quedan las carcasas de las fábricas como memoria de aquel constante trasiego que procuraba poder a los fascistas y la escueta comida del día a los obreros. Están rojas de óxido en toda su ferralla y una vegetación devoradora hace justicia en cada hueco. Son los restos de lo que ha de venir y lo que fue.
Mamá, el lotero me llama alemán.Porque eres rubio, hijo.Mamá, la abuela me dice que nunca hable con el lotero, pero es que siempre me da caramelos y me llama alemán.Que no me entere yo de que vuelves a coger un caramelo de ese hombre. Obedece a la abuela.Mamá, es que me dice que yo sería un buen torero, que si sigo jugando con el estoque, un día me llevará a un tentadero.Ese hijo de puta… fue uno de los que denunciaron a tu abuelo.¿Qué hago entonces, mamá?Cuando le veas, sal corriendo.
Aún quedan algunos tejados viejos en la calle Libertad, sus tejas rojas sostienen la vida de algún gato y mantienen el recuerdo vivo de los hombres que huían desde los desvanes p…

Caidino...

Estoy lento y como gatinín con este calor bestia que cae sobre mí como una losa, y con tanto por hacer y en diferentes campos. Ahora que necesitaría multiplicarme, estoy dividido y hasta restado. SBQ necesitaría ahora de todas mis fuerzas de invierno (tenemos un agujero grande que tapar y no soy capaz de tomar aire). Intento mercadillos, lecturas, talleres, ventas de materiales chulos, sorteos…, pero nada funciona. Es como si al quedarme desactivado yo, se hubiera desactivado todo, pero no sé de dónde sacar la energía que necesito como el aire de respirar, no sé cómo tramitar esta abulia sobrevenida. En Perú la gente tiene sed, hay pendientes entregas necesarias de materiales, de carritos…, y he dejado un proyecto a medias que hace que me sienta culpable por ratitos. Es este jodido calor y que la gente aquí ya no puede más, porque está agotada por los miserables del dinero. A ello se suma el golpe constante en el trabajo, el ramillete de deudas con sus apremios y el vacío inabarcable…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías… y ese ser ‘la razón’ le gusta mucho al que viaja a velocidad en los cómodos asientos de sus vagones, viendo pasar el paisaje por las ventanillas, pero solivianta al que perdió el billete, al que nunca tuvo para comprarlo y, sobre todo, al que busca lugares a los que ir y a los que el tren no llegará jamás, porque no hay vías ni estaciones. Así visto el trasunto humano, la libertad del que está en el sistema (el tren) viene siempre marcada por unas fronteras nítidas que, precisamente, amordazan esa libertad… o sigues las vías con tu billete en regla o te bajas del tren y corres el peligro de ser arrollado si quieres volver a subirte en él mientras no detenga su marcha. Me sucede con frecuencia que tengo ideas nítidas en mi cabeza, ideas que se muestran preclaras y estructuradas en mi mente y que, cuando intento compartirlas, me resulta muy difícil hacerlas llegar a mi interlocutor con la …