Ir al contenido principal

De calor, se otravezca el autor con unas cokes


Corra como un sudor leproso y desguarde sin más la lépora del labio... dilátese y se estreche la glotis y se resaque en trago... sepúltese en la ciénaga del cuerpo donde el calor voluta... y luego, en otraveces, repítase hasta el sacio...
Se me va la cabeza de este calor... y me bebo las cokes sin espacio, y me saco las chanclas, y piso el suelo gálibo buscando el frío lúbrico del baldosín balsámico, y siento como un tálamo la curva del tobillo, y hasta me siento sádico pensando en agua helada resbalando en lo pálido... primero en la cabeza, donde el cabello lacio; después del cuello al vientre con convulsivo pánico; luego el miembro y los muslos, deshilados calvarios... las rodillas, las corvas, las canillas de osario y mis pies indescalzos...
Y borrar las ventanas (para borrar los rayos que las penetran sátiros), y apisonarme al suelo para sentirlo álgido... y no pensar en carne macerando un descanso, ni en fluidos golosos, ni en aboyados besos, ni en vaginas abiertas para lo desatado, ni en nalgas amasando desde el vientre hasta el carnero atávico, ni en miradas siquiera... que dan calor mirado.
Me otravezco en las cokes pensando a cada trago en sandías abiertas como piernas de Erato... y me otravezco tanto... que me duele la tripa con borbotones gástricos, y sudo más que antes... y me desmuero un rato.

Comentarios

  1. Pues... otravézcate más porque te ha salido un texto memorable.

    ResponderEliminar
  2. No te encokes tanto, Comendador, que luego no hay Betty Ford que te rescate.

    ResponderEliminar
  3. Jaaaaaaaa. Sta también es buenííísima!
    Besitosss
    -dnc-

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Por favor, no hables de mí... si acaso, hazlo de ti mismo...

Entradas populares de este blog

NO SEAS NUNCA COMO YO

Casi cinco meses de vida tranquila juntos, Mario. Yo viéndote crecer y adquirir pericias y tú mirándome, a veces perplejo y a veces encantado de verme (porque los abuelos hacemos cosas que no hacen los padres, como sacarte del carrito y achucharte cuando lloras y hay que dejarte tranquilo para que encuentres el sueño).  Casi cinco meses y ya me has llenado de endorfinas (porque el abuelo canilllas blancas es pura química orgánica), me has perfumado de ese olor tuyo a bebé, que es el único que en mi mundo supera al olor del tabaco, y te has hecho centro de todo, pues te veo y me olvido del banco que me tiene medio asesinadito, de los clientes que están esperando en la puerta y hasta de este dolor cabrón que llevo en la rodilla desde hace unas semanas. Y lo mejor, lo mejor de todo, es que, cuando llegas, te miro y sonrío, y tú me devuelves enseguida una sonrisa a medias con hoyuelo  al ladito derecho de tu boca. Entonces te cojo y te achucho, te acerco a mi mejilla y siento ese lazo qu…

Mario

Mario fue un corredor de fondo que ha legado el nombre a mi nieto para perpetuar en él su memoria, y me gusta, me gusta mucho que mi bebé tenga en su nombre una razón y un contenido, que lleve el signo de una amistad indeleble y el valor hermoso del recuerdo. Mario, hoy mi nieto, es divinamente vulnerable, delicado hasta el suspiro, bellísimo en sus gestos y causa absoluta de orgullo personal. Su madre, mi hija, me ha hecho el regalo más precioso que se puede hacer a un padre, y lo ha hecho con valentía, sin miedos, siendo una mujer entera en todo el proceso y demostrándome que algo tuve que hacer bien en su educación y en su formación como persona. Jaime, el padre de mi nieto, es un padre ejemplar, preocupado, atento siempre a las necesidades de mi hija y de su hijo, y yo le estaré eternamente agradecido por su forma de ser hombre y por el amor entero que se percibe constantemente en su trato hacia mi niña y hacia mi bebé. Gracias a los tres por hacerme tan feliz.
Por lo que a mí se …

Ocho días sin Mario

No sé cómo explicar que el decurso vital me sujeta al espacio que habito, que los proyectos urgentes me requieren al pie del cañón y que el trabajo de mierda que tramito a diario me impide hacer exactamente lo que debiera hacer. Cada día recibo fotos y vídeos de Mario: durmiendo, recién bañado, antes y después de la toma, tumbado como un rey con su pañal como único vestido..., y presiento a mi niño abrigado por sus padres, cuidado hasta el más mínimo detalle; pero me siento mal por no estar allí cada cinco minutos para contemplar su sueño, para asombrarme con cada uno de sus gestos o para colocar uno de mis dedos en su manita y sonreír mientras lo aprisiona levemente.
En todo caso, pienso en que sus padres ahora necesitan espacio, que nadie los moleste, y eso me calma un poquito..., y también me calma el tener muy claro que todo lo que hago también lo hago por Mario, para que algún día sepa que ser humanista es el camino correcto, que trabajar para un futuro con dignidad es un buen pl…