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¿Merecer la suerte o trabajarse la vida?



Alguien me hablaba ayer de ‘merecer la suerte’ y yo le comentaba que es mucho mejor ‘trabajarse la vida’, porque tanto el ‘merecimiento’ como la ‘suerte’ contienen trazos que no me agradan demasiado.
No soy ejemplo de nada... intento devolver los golpes que me dan, me ensaño cuando puedo si las circunstancias ponen a mi enemigo bajo mi rodilla y seguro que tengo precio, aunque aún no sé cuál es porque no recibo ofertas... pero tengo a mi favor el haber llegado al pequeño/gran conocimiento de que he de trabajarme la vida cada minuto de cada hora de cada día, y lo procuro con verdadero empeño, desde hace varios años, en base a un decálogo de aserciones a las que jamás quisiera faltar y que enumero:


  1. Soy un hombre entre los hombres y nadie es más que yo ni menos que yo. 
  2. Hacer me construye en ser. Hago para mí mismo y hago para los demás. 
  3. Cada mañana supone una nueva oportunidad para buscar justicia. El hombre justo es el hombre necesario. 
  4. ‘Intentar’ resume la mejor filosofía de vida que conozco. 
  5. Saber no sirve si no supone utilidad para quien lo necesita. 
  6. Hablar siempre después de haber hecho, nunca antes. 
  7. Expresar mis sentimientos, mis percepciones, mis fracasos... consigue que me conozca mejor. 
  8. La riqueza se mide en sonrisas, jamás en dinero. 
  9. Cuanto más das, más tienes [esta aserción la llevo puesta desde que mi abuela Antonia me la repetía cuando era niño]. 
  10. Los hombres se visten por los pies [otra aserción de mi abuela linda, a la que hay que quitarle el tinte machista y entenderla en el genérico de ‘hombre’]. 


 Viene esto a que una persona que suele visitar el mercadillo SBQ siempre que lo hacemos, me felicitaba personalmente por el empeño y el trabajo mantenido desde hace un montón de años y me decía que me ‘merezco más suerte’, a lo que yo le contesté que lo único que preciso es empeño mantenido y que mi actividad es profundamente egoísta, ya que llevándola a cabo me siento muy bien, siempre con independencia de lo que afecte a esos ‘demás’ necesitados por la jodida situación de injusticia que asola el mundo del hombre... y sobre todo porque sé a ciencia cierta que podría hacer mucho más, pero en mi egoísmo me aferro a lo que tengo y no pongo casi nada en riesgo. Todo consiste solamente en saber qué deseo ser, qué debo hacer para serlo y dedicarme a intentarlo con el encono que me preste el momento... y eso me ha llevado hace ya unos años a no dudar de mi capacidad ni un ápice, pero también a no dudar de que los demás también tienen esa capacidad y que todo consiste en despertar sus ganas y sumarles ímpetu e ilusión. También es cierto que con cierta frecuencia me desinflo, me vengo abajo... pero dura poco tiempo, ya que he educado bastante bien los mecanismos de recuperación personal durante mucho tiempo... y funcionan.
Siempre me gusta buscar ejemplos en los que la facilidad –no la simpleza– sea capaz de hacerme entender... cosas como que si cada hombre con una vida más o menos segura en los trazos de trabajo y economía se decidiera a arreglarle la vida a una familia en situación de extrema pobreza, simplemente compartiendo de forma racional un dos por ciento de sus ingresos, y lo hiciera de forma directa, sin intermediarios, acabaríamos con la pobreza extrema en cuestión de días... simplemente eso, algo tan fácil, porque supone una simple decisión personal y el ponerse activo, algo que resulta poco menos que imposible... ¿cómo va a lograrse desde la mentira de lo social (los estados, la política, las ONG’s, las fundaciones...), si su punto de partida es el lavado moral de la conciencia colectiva y no la decisión determinada de poner justicia donde no la hay?
Vivir es vivir y también convivir, coño, y no lo que hace la mayoría de la gente.

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