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A mayores...



Andaba yo esta mañana cabreadillo de puro agotamiento mezclado con esa jodida sensación de haber perdido un sábado al completo y parte del domingo [de camino a la imprenta ya llevaba encima el peso de tener que descargar todos los libros que llevé ayer al mercadillo solidario y volverlos a colocar en sus estantes], cuando al abrir las puertas me di de bruces con unos enormes charcos de agua en la entrada que continuaban a lo largo del taller... y me llevaron los demonios hasta ponerme a decir improperios a gritos y en soledad... en PdT había una avería y el agua se había embalsado en el falso techo de la imprenta, buscando salida por cualquiera de los agujeritos que encontrase [la suerte es que no había caído sobre ninguno de los equipos informáticos y tampoco había afectado a la red eléctrica, con las consecuencias que eso podría acarrear]... así que tiré de fregona para quitar el agua encharcada, puse cubos a diestro y siniestro para que fueran recogiendo el agua y tapé con plásticos todos los equipos [antes había dado la voz de alarma en PdT para que buscasen el origen de la avería]... y luego a descargar libros y a la tediosa tarea de colocarlos en orden en sus estanterías. Después de un par de horas de curro, pude ver todo un poco colocado y me decidí, agotado, a intentar relajarme, intento que requería una lata de coke y buena música... y que me acerqué hasta el bazar de Aurora a comprar una latita fría de ese bebedizo que me vuelve manso... allí había delante de mí una de esas viejitas bien vestidas de las familias ricas bejaranas comprando el pan y unas revistas... pidió la cuenta con parsimonia y abrió el monedero para sacar de él un billete de veinte euros. Aurora tomó el billete y fue hasta la caja para buscar el cambio mientras la señora le decía... “bonita, hoy es el último día que compro el pan, ya no me lo guardes”... “¿Y eso?”, preguntó Aurora... “Que ya me voy a Madrid a pasar el invierno y es probable que no vuelva”... “Volverá”, apuntó Aurora con seguridad... “No creo, hija, ya tengo noventa y un años y me toca morir”... “Nos toca morir a todos, mujer, pero no sabemos cuando, así que no diga esas cosas”, respondió Aurora... “Si lo quieren la Virgen del Castañar y Dios bendito, pues sí que volveré”... y salió despacito del bazar mirando al suelo para no tropezar.
Yo pillé mi Coke y me quedé pensando en esa dirección segura hacia el final que debe verse como un vértigo a los noventa años, hayas sido de familia rica bejarana o de grey paupérrima del cuerno de África... y pensé de nuevo, como siempre en los últimos meses, en el concepto de ‘futuro’ que nos han metido por todos los resquicios del cuerpo quienes dirigen el mundo y los que gobiernan los espíritus... y pensé en Dios y en la Virgen del Castañar como parte de ese futuro que siempre es promesa y solo promesa... y me cisqué en todo lo que se mueve... y piqué el “Aberdeen Mississippi blues” de Bukka White en mi iTunes en el modo repetición... y así llevo más de una hora, fumando Chester y mirando al cielo raso de mi estudio.


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