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Economía de guerra...


Esta puta economía de guerra me tiene la cabeza loca y el cuerpo herido, pues cada día es un continuo de tapar agujeros inmediatos, reponer el ladrillo recién destruido y esperar a que la jodida espada de Damocles baje su intensidad pendular y aminore la asfixia... y todo anda en cositas como que el niño necesita gafas nuevas y en un ‘pues que le pongan los cristales baratos sobre la montura vieja, esos que dan reflejos y son jodidamente quebradizos’... ‘pero tú también necesitas gafas nuevas’... ‘pues que me jodan y a mirar de envés, como el doctor Cid’.
La cosa va de acumular unos cuantos productos básicos en casa... harina, aceite, arroz, azúcar... y sentarse a esperar a ver por dónde te van a venir los golpes y si la institución local decide darte algún trabajillo y no dejarlo todo en manos de los ‘suyos’ [siempre te has dicho a ti mismo que pagas tus impuestos como los demás, pero eso parece que no sirve en el mercado político pequeño... e imagino que tampoco sirve en el grande]... o si los mil fulanos que te deben, tienen el detallito de pagarte algo.
Y el jodido Damocles moviendo la espada como un botafumeiro... hoy una nota del juzgado para pagarle cinco mil napos a Seguros Bilbao por un accidente que tuvo un tipo con la furgoneta de empresa y bien cargadito de grado alcohólico, ayer buscar tres mil quinientos de vellón para no tener que devolver los seguros sociales, mañana intentar atender un par de pagos gruesos de proveedores y pasado mañana buscar debajo de cada baldosa para poder apoquinar la pasta del despido a un empleado recién despedido, acumular para el IVA y el trimeste de renta y lo que se vaya terciando... vamos, un lujo nubio para un pequeño autónomo... y luego aguantar toda esa miserable idea de los ‘sueldofijos’ de que somos ladrones, sinvergüenzas, defraudadores... para qué hablar, si se me van a calentar la boca y la cabeza.
Pero la economía de guerra también te hace fuerte, te enseña a priorizar y a apretar el culo, te educa en el aprecio de lo que consigues y, si eres un tipo normal, te enseña a entender a la gente y echarle una mano en sus problemas... y su sesgo cabrón es que te acostumbra al impago y te enreda en el descarte de quien apenas puede rozarte [no pagas al que no puede hacerte daño, es decir, pagas a la administración y a la banca... y a quienes realmente lo necesitan, los dejas en bragas y hasta sonríes por ello]... así, la economía de guerra te hace cabrón y huraño, egoísta e injusto... y te menoscaba como hombre, y te destruye como persona si no sabes trazarla en la necesaria cadena del apoyo en y con los demás.
Y lo peor de todo es que te destruye como hombre social y, al destruirte, te deja en manos de quienes propician tu estado de mierda humana, sin posibilidad alguna de reacción, sin ganas de tirarte a la calle para gritar y morder a los verdaderos responsables del desastre.
Vamos, que pienso hasta en que esta situación de economía de guerra forma parte de la estrategia de los tiburones para apretar más las cadenas que nos tienen ya sin aire... pero su error puede llegar con el ahogo total, que siempre es punto de partida para algo nuevo, un punto de partida sin miedos a perder [pues todo está ya perdido]... y un hombre acorralado sí que es peligroso.
Ya veremos qué cojones pasa.

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