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Reflexión de un día sin apenas trabajo...




Aún me quedan tendones y juegan las panteras en mis músculos, aún crece mi cabello a pesar de la lucha contra el blanco de la falta de melanina, aún me sostiene mi esqueleto y el codo atina a apoyarse seguro, aún mis labios ensayan la sonrisa y el asombro, aún mi lengua es capaz del gusto o el beso, aún las uñas reponen lo gastado con queratina nueva, aún se me eriza el vello y las manos saben apretar o acariciar, aún doblo mis rodillas a pesar de ese óxido que la edad suma, aún se sostiene el miembro en posición incasta, aún se curan con tiempo las heridas pequeñas y las grandes, aún se cuecen las lágrimas en mis ojos prebicios, aún respiro y suspiro, aún mantienen mis dientes su calidad de armas, aún mis oídos saben lo que se cuece cerca, aún drena mi vejiga y mis nalgas globulan los bolsillos de atrás, aún mi cabeza pueda regular cada gesto y armar un par de ideas, aún mis bíceps aguantan un par de asaltos más, aún mis pies me encaminan a donde me apetezca, aún mantengo mis ganas como cuando era joven... aún siento frío y me abrigo, calor y me destapo, decepción y me quejo, alegría y sonrío, vergüenza y me sonrojo, tristeza y me retiro, pasión y me engoloso, tensión y me relajo, dolor y no me encojo, rabia y me desabrocho, necesidad y trabajo, seguridad y me crezco, miedo y me espanto...
¿Por qué cojones me va a mi tocar las narices una crisis de mierda?
Si caigo –aunque le joda a muchos–, veréis que me levanto.

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