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No sé por qué, pero está volviendo la poesía.


Ámame ahora...


Hay nubes lentas sobre la piel del día,
cacerolas con agua en los fogones 
y amor reciente en algunas camas... 

hay fiesta y duelo 
mientras el día va quedando atrás 
como una música 
o un vientre que fue almohada, 
riquezas y miserias 
en el constante incendio de los ojos mortales... 

hay manos que se mueven 
por un deseo que es hambre, 
bocados en los cuellos, 
milagros en las bocas, 
gárgolas en los clítoris recién frotados 
y la grasa necesaria para que no sea náusea 
este pasar de pronto... 

hay mío y tuyo, 
nuestro... 

huesos capaces de la música dulce, 
mejillas para saciar... 
y una herencia de peces impecables 
inventando cada alba... 

hay pasos que dar, 
ceniza que esparcir, 
sorpresas que sentir en lo hondo del vientre, 
un gris que contrastar 
y un nombre que soporte ese lugar antiguo donde no has de volver... 

Y está mi sombra, 
también está mi sombra 
para animarme al paso con su peso invisible... 

¿es invisible el peso?... 
no... 
y tampoco inaudible...

¡Calla!... 
escucha cómo gira la Tierra, 
cómo cruje y golpea con su lenta fatiga... 
escucha cómo tiembla 
con cada puja nueva de los amantes ciegos 
que yacen escondidos, 
escucha las raíces de cada árbol 
penetrándola, 
escucha el arrastrase del áspid persiguiendo a su hembra, 
el timbal del las valvas de todos los moluscos, 
el mecerse de algas en los acantilados... 

escucha esa batalla que no tiene enemigo
y luego detente a contemplar el aire de cada palabra dicha 
–no el vocablo que lleva, solo el aire–. 

Te cansarás de tanta diletancia... 
y entonces querrás ser quien alienta, 
buscarás el latido que te juzga 
y te ata, 
existirás sin esta inercia absurda 
que es gasto y es destiempo... 
querrás ir a la muerte perfumado, 
tan hecho como un paso 
que sucede a otro paso, 
con el cuerpo arañado de ser, 
con tu sombra habitada por la luz que la crea... 

irte ciego 
porque gastaste toda tu mirada, 
blando porque te maceraste... 

y nada podrá decir de ti: 
‘apenas fue’.

Hay nubes lentas sobre la piel del día 
y el cielo ya no es de yeso blanco, 
ya no hay resignación 
–aunque haya espinas–... 
todo ha de conmoverte 
incluso junto al pozo.

Ámame ahora, 
y hazlo como si fuera la primera vez 
mientras yo siento 
que es la última.



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