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Zhang Chengzhi


Vivo en Tontobéjar Ville, coño.
Con la gongorina cruzada de ganar las enésimas elecciones, el grupo que desgobierna en mi puto pueblo de mierda se ha puesto a cambiar las cosas de lugar para crear esa sensación tan chula de apariencia que te da algo que vender a los ciudadanos estúpidos, y no se les ha ocurrido otra cosa que pringar las calles de asfalto en puro julio –cuando viene la gente de fuera a pasar unos días de asueto– borrando todas las señalizaciones de tráfico y, para más inri, cambiar la doble dirección en las dos arterias principales de mi ciudad (por ínfulas de sus habitantes) de mierda.
Pues bien, los accesos a la Plaza Mayor, que antes eran directos por una vía franca –la calle Colón–, ahora son todo un laberinto que ni los habitantes del lugar sabemos desentrañar. Si partimos de la Plaza de España, tenemos tres soluciones de llegada a la plaza de la Piedad y a la Plaza Mayor (centro histórico):
1ª. Meternos por Puerta de Ávila (prepeatonal) y subir hacia San Juan a contracorriente, pues su vía natural está abierta de cabo a rabo por obras –lleva un par de meses así–, torcer hacia el mercado de abastos –ya que la calle que llevaría de la forma más directa, tiene obras en viviendas con acumulación de escombros hasta media vía– y sortear los ocho vehículos estacionados sobre el acerado del mercado con sus consiguientes choques de espejos. De allí, por la estrechísima calle del Teatro Cervantes –que han estrechado más por un vallado infecto que avisa de nuevas obras municipales–, desembocamos en San Gil –donde han colocado unos «deliciosos» obstáculos en forma de enormes maceteros de hierro fundido salteados con unos pirindolos de estética «Aceros de Llodio» [¿haceros de Llodio?]. Y de ahí a la jodida plaza de La Piedad con tres megaobras, dos grúas y unos tipos que siempre te miran con ojitos de carnero degollao para explicarte que ellos están trabajando y no puedes detenerte allí (tú no trabajas nunca, claro). La opción que te queda es rodear la placita y bajar por la Calle Mayor hasta la Plaza Mayor... pero siempre hay un camión de tipos que «están trabajando» que impide ese acceso.
Solución: como en Tontobéjar Ville han decidido cambiar el doble sentido de las calles, para poder llegar a la Plaza Mayor tienes que bajarte por Colón hasta Olivillas y subir por Padre Roca –toda la vuelta a la ciudad por fuera–. Para más inri, lo han pintado todo de azul porque deben tener un conchaveo agarragüevos con los zonazules de turno. Un lujo.
2ª. Ir por Ronda de Navarra (este recorrido es especial para camiones) con el peligro de encontrarte un autobús o un camión grande en la salida de las Salesianas en sentido contrario a la dirección única –esto sucede porque no tienen otra opción dada la estrechez de las callejuelas de salida–... paso, coño, paso...

El caso es que estoy que ardo de rabia y cabreo, porque para entregar hoy un par de trabajos de mi empresa a nuestros clientes he tenido que dar dos vueltas completas al circuito más gilipollas jamás imaginado, un recorrido que me ha costado 48 minutos que le he robado a mi trabajo, y eso sin contar el gasto extra de gasolina –que debiera pagar de su bolsillo el iluminado gobernante al que se le ha ocurrido este caos preelectoral.
Una ciudad que quiere cambiar, periquito gobernante, debe ser sometida antes a un proyecto global serio y cabal en el que se estudien los perjuicios y los beneficios que irán a parar a la cabeza de turco del ciudadano. No se puede cambiar el decorado sin contar con un fondo urbanístico en el que reine la lógica y la razón... y si se cambian las señales de dirección, habrá que quitar las antiguas para que el sufridor no se confunda, coño, que después de un prohibido hay un ceda el paso, o un peligro por el ancho de vía, o un paso preferente a la dirección de entrada a vía. Como putas cabras están estos tipos, y me han cabreado tanto, que me parece que este año lo voy a dedicar a hacer una colección pública de imágenes de todos sus desmanes urbanísticos y circulatorios, no sé, un blog abierto a quienes quieran publicar fotos diarias de lo que está sucediendo. Ya veré.

Y todo con el dinero ajeno, como lo del cambio de matadero por orden judicial. En justicia, si el político se equivoca por cabezón, debiera poner el valor de los daños de su magro bolsillo.
Que estoy hasta los güevos como ciudadano, como conductor, como contribuyente, como empresario que ha apostado –arriesgando– por esta ciudad para hacerla crecer un poquito más y como indio cabreao.
Para gobernar debieran exigir el graduado escolar como poco y pasar un dictado sin faltas de ortografía.
En resumen, que me gustaría saber quién me pagará las horas perdidas en las vías públicas, el gasto insano de aparcar en zona azul fuera del ámbito de trabajo –necesito el coche para transportar material–, la gasolina desperdiciada en las vueltas París/Dakar para llegar de un punto del centro a otro punto que está a 250 metros... y ... ¿cómo coños llegarán los camiones a descargar en mi empresa –y las aledañas– si son incapaces de entrar por el nudo con espejo de la calle de Las Armas?
La hostia, de verdad, la hostia.

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