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Lin Shu


Debiera existir un tiempo natural para la muerte o quizás debiéramos buscarlo cuando aún el cuerpo y la mente aseguran autogestión.
A pesar de la dureza que encierra, el mandato natural actúa siempre con una lógica aplastante que está muy por encima de los pensamientos filosóficos y de los avances científicos. El hombre acaba y es un grave error mantenerlo por milongas artificiales en una calidad de detritus latente que distorsiona. Y digo esto con la consciencia de que en un corto plazo de tiempo me ha de llegar la hora de la decisión, el final del ciclo natural.
Quizás mi planteamiento sea egoísta, pero no quiero que mis hijos tengan en mí una rémora que les impida colmar sus vidas con la libertad o las cadenas que ellos mismos decidan ponerse o quitarse.
Como padre, tengo una responsabilidad irrenunciable sobre mis hijos, debo encauzar su camino humanístico mientras su biología termine de tomar las riendas de su libertad. Como hijo, sólo tengo una impronta moral que me obliga, y está en mi decisión modelarla, seguirla o descartarla, procurando siempre huir de los marbetes tradicionales y de los roles marcados. Mi apuesta debe ser que mis hijos crezcan libres y sólo me utilicen como apoyo hasta que yo decida, nada más; que mis padres vayan a su ritmo y que no me procuren disturbios, ni yo a ellos. Que vuelvo a repetir lo que ya he escrito muchas veces: los padres son responsables de sus hijos, pero los hijos no deben asumir las cargas de sus padres si no es por condicionamientos de afecto, cariño o compasión, y siempre en libertad, por supuesto. Bajo este planteamiento, un padre siempre es «culpable» de las consecuencias finales o transitorias que resulten en sus hijos, pero esa culpabilidad nunca puede llevarse a la proposición contraria, de ninguna manera, de ninguna.
La ley natural es taxativa en esto: el individuo que no sirve se elimina. Y yo me pregunto: ¿Qué hay de Dios en este hecho contrastado? ¿No es ese Dios que no existe el que ordena el mundo y la naturaleza? ¿La moral es herramienta de construcción social o es arma de destrucción de la especie con su influencia negativa en la evolución genética del grupo?... Háblenme los filósofos de esto, por favor, explíquenme los teólogos a ese Dios contradictorio que por un lado arbitra la norma de la selección natural y por otro nos dota de una moral destructora de su norma.
Viene todo esto a que me siento profundamente decepcionado de mi hija, que en su explosión de autoafirmación nos maltrata sin pudor (a su madre y a mí) y no cumple ni una de las espectativas educativas que me había planteado con ella... y a la jodida vejez ajena que pone constante disturbio en mi vida, y en la de mis hijos, que están más a su suerte que nunca por esa jodida moral decimonónica del respeto a los padres que no nos permite decirles a la cara cómo debe funcionar el mundo para que no existan estas distorsiones. Es curioso cómo quienes nos educaron, quienes nos quisieron inculcar una moral cristiana –que en ella siguen a machamartillo con sus historias de misas que lo arreglan todo (?)– sean ahora los que ponen la chispa de desastre familiar con ojitos tristes y sin dar su brazo a torcer.
Y sigue sin pasar nada, nada.

(16:12 horas) Si yo fuera presidente me convertiría de inmediato en un imbécil y nombraría un gabinete para pulir la caricatura de mí mismo. Luego, sin prisa, haría una lista de los problemas del pueblo con el fin de tenerlos bien anotados y encargaría a un ministerio que mantuviese viva esa lista para que el personal fuera consciente de que mi gobierno manejaba esa información. Los discursos empezaría escribiéndolos yo mismo para crear estilo, y con el tiempo se formaría un gabinete para tal labor. Me dejaría comprar por empresarios y por presidentes de otros países y tomaría medidas para asegurarme un futuro como asesor blindado de un tipo de gran fortuna.
A mi esposa, la presidente consorte, no sé, la metería en un ayuntamiento de cierto calado y declararía alguna guerra para que el populacho no pensase en las cosas de casa...
Si yo fuera presidente, joder, me haría rico enseguida, que nunca se sabe cuándo acaban estas cosas ni cómo.
Y a la oposición la metería en la cárcel para que engordara su curriculum.
Sobre todo, si yo fuera presidente, me convertiría en un imbécil de inmediato.

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