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Sima Qian


Mientras se nos viene adivinando otra guerra santa con desafortunados cruzados benedictos e integristas islámicos –prefiero a Los Morancos, y mira que son los tíos de lo más desagradable–, los sociatas gabachos han pillado a una periquita de buen ver que probablemente se lleve el gato al agua ante los guapetones intelectuales de derechas y los neofascistas lepenes (estos sociatas sí que saben)... Lo mismo para el año que viene se da la piña un Airbus contra la basílica de San Pedro y tenemos que revisar al periquito Nostradamus con atención y darle la razón a los visionarios proufo y a los codigodavinceros... y me jodería.
El caso es que la milonga mundial está cada vez más chunga –y peor que se va a poner– y en los gobiernos galácticos –inclúyanse los de carácter religioso– ha caído una caterva de disminuidos integrales de agárrate... Y mientras, olvidándonos del clima y sus catarros –que ya verás–. Va a ser mejor empezar a excavar en el suelo de mi cueva y profundizar bien para hacerme el bunker deseado, que de esta pandilla de hijos de putas poderosos se puede esperar cualquier cosa y ya.

(13:29 horas) Hoy concelebramos el cumpleaños de Ángel con comida familiar enredada en un murmullo de enésima última cena y no me apetece nada de nada no poder quitarme los zapatos y los pantalones durante la manduca. El caso es que cada día llevo peor este tipo de reuniones en las que flota la enfermedad como una espada de Damocles chunga y en las que los silencios dan unos gritos atronadores que ensordecen.
Me llevaré mi diario gráfico de otoño para hacerme transparente y que no se note mi presencia y, sobre todo, para entretener mi mano y dejar mi boca cerrada hasta llegar a meta. Es la hostia.

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