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Xin Qiji

Vengo de un organismo semipúblico y me he quedado anonadado de ver trabajando en él a un tipo que no me cuadra –carne de pesebre, a pesar de que el periquito en cuestión siempre ha criticado esta circunstancia a voces allá por donde pisase–. No pasaría nada si fuera otra persona, pero siendo tan «Vox» y tan quien es, me da que se le van a estar revolviendo la tripas hasta el último retorcimiento por tener que tragarse esa piedra de molino... A estas alturas haciendo valer militancia de bar, Dios santo... Lo que fuimos y en lo que terminamos.
Y después, nada, entre sonrisa cabrona y cigarro matón me dedico a darle caña a mi curro, que se me anda acumulando en los últimos días, mientras aguanto el temporal de pagos y el aluvión de incorrecciones que me abrasa. Coño, y al cambio de horarios, que ya mi casa funciona de normal y la bolinga de verano ha tocado a su fin con esa cosa de comer antes, mover a los críos y tal.

(20:14 horas) A media tarde recibí llamada de Esther, que andaba con Lourdes por Segovia comiendo tostón. Unos cielos las dos.
Luego, a lidiar con tipos que le saben dar siempre las vueltas precisas a las cosas para salir ganando. Este país sigue siendo el reino de los pícaros y de los empeñados en vivir sin dar un palo al agua... también es un país de rejones, de quijotes de falsetes, de listos torpísimos y de caracartones. Tienes que andar todo el día alerta para que no te la metan doblada, coño; y eso cansa, por lo menos a mí me cansa mucho.
(22:21 horas) Espera, aprende a esperar, y triunfarás siempre, aunque sea perdiendo.

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