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Corso


Hablo con mis amigos y todos andan enfrascados en nuevas ediciones, revistas, poemas... se agrupan y se desagrupan para formar otros grupos... y me hablan de los editores como del último partido de su equipo de fútbol... que si Chus Visor me dijo, que si he hablado con Sergio Gaspar, que si Munárriz me ha prometido... ¡¡¡Mierda!!!
Sé que todo es mentira, hasta la misma mentira lo es, y que son unos desgraciados mendigando papel para sus poemas, que todo es absolutamente falso, y me río por dentro porque yo estoy fuera de juego –de su juego– desde hace un par de años.
¿Valgo para algo? Pues sí, valgo para ir enterrándome con tranquilidad y sin demasiada prisa..
¿Y la poesía?, pues varada a la espera de que suba la marea.
(23:00 horas) La mujer que dibujaba corazones en su ventana no buscaba pájaros ni puentes... buscaba un cuerpo en el que quedarse a vivir sin darse cuenta.
(23:04 horas) Es cansado tener que seguir en esta historia si suena en mi cabeza el «Baby, let me followyou do...» cada vez que me siento indecente, si recuerdo el magnífico final del poema «Corona» de Paul Celan... «Es hora de que la piedra se apreste a florecer, / de que al desasosiego le lata un corazón. Es hora de que sea hora.»... cada vez que siento cómo una tranquila tristeza toma mi cuerpo, si se me aparece el nítido rostro de alguna mujer fantástica cuando miro mi desnudo en el espejo, «O que é, o que é», si imagino la pequeña república de mi abuelo mientras sangraba cuando busco seguridad, si dibujo tu cuerpo desnudo cuando caigo en la cuenta de que no lo he visto jamás... Llueve afuera y tarareo «Gli impermeabili» junto a Paolo Conte sin inmutarme, sin sobreactuar... porque también llueve adentro y no tiene pinta de escampar en unos meses.
En fin.

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