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Dios no sabría ser Subdelegado del Gobierno en Salamanca.


Me arregló el día por todo lo alto el colega Jesús Málaga [te quiero a rabiar, tío], un tipo absolutamente humano y merecedor de todos los elogios que puedan salir por mi boca. «Sacúdete el temor porque el humanismo es cosa de hombres» [va por ti este aforismo. Va por ti, amigo].

Y el resto del día lo pasé sonriente, faltón de puro simpático, tomado por una ironía de corte optimista que me ha arreglado hasta el dolor de riñones. Durante el café le dije a Cubino padre en voz alta que era de derechas en un juego verbal de alta prosapia [sé que en el fondo le jode que se lo digan y yo me regodeo en la suerte] y me salió un Hontiveros desde el envés de una columna pieltorera [andaba el jodío comiendo –otra vez– a mesa puesta]... «Oí gritar un ‘eres de derechas´ y dije: ‘aquí está Felipe’... te deben estar picando los oídos, porque estábamos hablando de ti... ven, que te voy a presentar a un amigo...», y me presentó a un directivo de Dragados y Construcciones de barba cuidada y swing saxero. El tipo... amable y formal. Y en la misma mesa, el otro comilón [«comelón», que dicen por ahí con extraño criterio], el arquitectual Rodríguez Antúnez, latiguito de medioconcejales mihuras y hermoso vencido a ratos o triunfador indiscutible a desratos... «¿Conoces a María del Castañar?... Vive en Madrid y lee a diario tu diario... sí, coño, es de Béjar, con rizos muy rizados de siempre, hermana de... ¡coño, Felipe, que tienes que saber quién es!... era amiga de... su hermana... verás, ¿conoces al socio de Comadrán?... pues es primo suyo... Anda, escríbele algo, que le hará ilusión»... Y el jodido Yllera con el piloto en rojo, y una mancha en el lado del mantel de Pepe –te tiembla la mano, Pepito, que vas mayor– y mi café enfriándose a pasos Kelvin... Y yo que le digo al arqui que le voy a escribir a la colega un polvo virtual para que se entretenga... y que se ríe el tío, coño. Pues no.
María del Castañar, hermosa, que te quiero sin caer aún en quién eres, que hay que querer a gente que pierde la hermosura de su tiempo en leer a un minguilla como el que viste mis camisas y mis mudas blancas... que te invito a una birrita cuando pases por el pueblo para que sigas en el tono [me encanta comprar a mis pocos lectores] y que tienes todo mi afecto, que no es poco, pues no en vano la Virgen que lleva tu nombre y yo mismo somos los únicos patronos de honor de este jodido y precioso pueblo estrecho y cusaco. !Ah¡, y que a este paso vamos a ver los dos al tipo Antúnez en una cura kilera de tanto meterse menuses toreros en vena y tartitas de queso dragadas y deconstruidas.
Un beso gordo, reina... gordo y beso, ¿vale?... Muaaaaac. Nos vemos.

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