
¿Cómo sería mi abuelo Felipe si no le hubiera tocado la rosa de sangre en el 36?, ¿qué pensaría de mí? A veces me pregunto si mi abuelo alguna vez llegó a imaginarme mientras tomaba un chato de vino en la taberna de siempre o quizás mientras esperaba el trágico final que nos dejó huérfanos y encendidos de una ira que se mantiene aún en los ojos. ¿Qué diría mi abuelo de la nueva fiera fascista que se autodenomina «democrática»? Me encantaría enseñarle mi negocio, prestarle mis libros, beber con él entre risas, entregarle a mis hijos para que viera que todo perdura a pesar de que somos nada.
Tío, cada día estás más lúcido y más lucido.
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