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Eres por lo que buscas... no por lo que encuentras.

A veces la vida sorprende con castigos que no son consecuencia más que de un raro azar, pero por norma uno acaba padeciendo siempre por lo que se ha buscado.
La mayoría de las veces se acaba sufriendo por haber querido ser lo que no se puede ser o por haber aparentado ser lo que no se es. Estos sufrimientos pueden ser pequeños si se quedan en lo íntimo y, como mucho, tocan el orgullo cercano.
Otra cosa es cuando se defiende la causa del error a voz en grito y se suma necedad a lo que en principio fue equivocación... El mal, entonces, no está en el error cometido, sino en el empecinamiento en mantenerse en él, y de ahí se llega a la arbitrariedad, y de ahí se llega a la destrucción por el otro, y de ahí se llega a la autodestrucción.
Vivimos tiempos de globos en el aire, con líderes ridículos en lo grande y en lo pequeño, en el salón y en la calle... gente sin formación humanística que domina por el engaño y alcanza las pequeñas y las grandes salas de mandos de esta sociedad loca. No hay remedio, no, ningún remedio... quizás sólo esperar a ver pasar sus cadáveres y hacerlo sin sonrisas [esperar y verlos pasar, ambas cosas], incluso con lástima, porque en el fondo todos, digo todos, pudieron ser buenas personas, pero escogieron mal.
Son tiempos de cueva y café a solas, de pensar y apenas decir. Son tiempos extraños en los que los lúcidos se mueren en una esquina –cuánta gente de mi generación muerta ya en vida y en la misma muerte– y los ávidos aprovechan los restos de las víctimas en un festín que huele y sabe a carroña.
Todo esto me pone triste, muy triste.
De Tontopoemas ©...

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