Ir al contenido principal

La verdad siempre resulta triste.

Quizás el nivel de aislamiento dé la medida de la vejez particular, y no sea el tiempo en su decurso el que tome tal decisión. Uno envejece socialmente –lo social lleva a lo físico– en la medida en que va siendo aislado, no tenido en cuenta para la toma de decisiones.
Cuando alcanzamos la madurez (?) solemos ser centro de la mirada de nuestro núcleo cercano, ya sea social, familiar o profesional, buscando siempre la dirección a seguir. Ahí ocupamos la cumbre y marcamos el camino –mal o bien, que eso casi nunca se sabe–. El hijo se refugia en la seguridad del padre, el aprendiz en la del obrero experto y el político imberbe en la del político avezado y curtido en mil batallas. Entonces eres de alguna forma imprescindible... Después, cuando el hijo crece, el aprendiz aprende y el imberbe político se curte, empieza a llegar poco a poco el aislamiento, que se va notando por esa sonrisa amable que se posa en la cara de la gente, una sonrisa que alumbra su seguridad e indica taxativamente tu prescindibilidad.
Ya en la vejez particular, hay que tomar ciertas medidas para no limitarse a sobrevivir o a sobremorir. Comete grave error quien busca razones y modos con los que volver a hacerse necesario. El momento es crítico y lleno de belleza si se sabe gozar, pues en ese punto de no retorno es justo donde puede empezar a reinar la palabra dicha como verdad necesaria.
Saber que uno puede empezar de nuevo a nombrar las cosas y a adjetivar a los hombres y sus hechos como le salga de los mismísimos cojones. Morir habiendo dicho exactamente todo lo que querías decir es una de las mejores ventajas que trae el aislamiento de la vejez.
Lo malo es que los viejos terminan siendo miedosos en su mayoría y no se atreven a retar con palabras a ese más allá que sólo es vana esperanza.

Comentarios

  1. Entre la critica sarcastica de Gabriel Cusac sobre esta ciudad estrecha,y la descriptiva que haces en tu diario,poco a poco voy conociendo este "mundillo bejarano",
    pero lo que realmente me gusta es cuando desnudas tus sentimientos con la palabra.

    ResponderEliminar
  2. Totalmente de acuerdo, colega. Yo siempre he pensado que la vejez es el mejor momento para empezar a cagarla de nuevo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Por favor, no hables de mí... si acaso, hazlo de ti mismo...

Entradas populares de este blog

COMENDADOR

A LAS PUERTAS DEL CIELO
Aún quedan las carcasas de las fábricas como memoria de aquel constante trasiego que procuraba poder a los fascistas y la escueta comida del día a los obreros. Están rojas de óxido en toda su ferralla y una vegetación devoradora hace justicia en cada hueco. Son los restos de lo que ha de venir y lo que fue.
Mamá, el lotero me llama alemán.Porque eres rubio, hijo.Mamá, la abuela me dice que nunca hable con el lotero, pero es que siempre me da caramelos y me llama alemán.Que no me entere yo de que vuelves a coger un caramelo de ese hombre. Obedece a la abuela.Mamá, es que me dice que yo sería un buen torero, que si sigo jugando con el estoque, un día me llevará a un tentadero.Ese hijo de puta… fue uno de los que denunciaron a tu abuelo.¿Qué hago entonces, mamá?Cuando le veas, sal corriendo.
Aún quedan algunos tejados viejos en la calle Libertad, sus tejas rojas sostienen la vida de algún gato y mantienen el recuerdo vivo de los hombres que huían desde los desvanes p…

Caidino...

Estoy lento y como gatinín con este calor bestia que cae sobre mí como una losa, y con tanto por hacer y en diferentes campos. Ahora que necesitaría multiplicarme, estoy dividido y hasta restado. SBQ necesitaría ahora de todas mis fuerzas de invierno (tenemos un agujero grande que tapar y no soy capaz de tomar aire). Intento mercadillos, lecturas, talleres, ventas de materiales chulos, sorteos…, pero nada funciona. Es como si al quedarme desactivado yo, se hubiera desactivado todo, pero no sé de dónde sacar la energía que necesito como el aire de respirar, no sé cómo tramitar esta abulia sobrevenida. En Perú la gente tiene sed, hay pendientes entregas necesarias de materiales, de carritos…, y he dejado un proyecto a medias que hace que me sienta culpable por ratitos. Es este jodido calor y que la gente aquí ya no puede más, porque está agotada por los miserables del dinero. A ello se suma el golpe constante en el trabajo, el ramillete de deudas con sus apremios y el vacío inabarcable…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías… y ese ser ‘la razón’ le gusta mucho al que viaja a velocidad en los cómodos asientos de sus vagones, viendo pasar el paisaje por las ventanillas, pero solivianta al que perdió el billete, al que nunca tuvo para comprarlo y, sobre todo, al que busca lugares a los que ir y a los que el tren no llegará jamás, porque no hay vías ni estaciones. Así visto el trasunto humano, la libertad del que está en el sistema (el tren) viene siempre marcada por unas fronteras nítidas que, precisamente, amordazan esa libertad… o sigues las vías con tu billete en regla o te bajas del tren y corres el peligro de ser arrollado si quieres volver a subirte en él mientras no detenga su marcha. Me sucede con frecuencia que tengo ideas nítidas en mi cabeza, ideas que se muestran preclaras y estructuradas en mi mente y que, cuando intento compartirlas, me resulta muy difícil hacerlas llegar a mi interlocutor con la …