
Viajando hace un par de días desde El Barco de Ávila hasta Béjar, tuve la suerte de poder conseguir esta toma de un arco iris perfecto. Fue como un presagio de que iba a encenderme y se me vino a la cabeza aquella época de las borgianas descripciones caóticas que tanto indicio me alumbran… La mujer que se peina ante un espejo, el árbol seco junto a Palacios y Becedas vestido de cigüeñas todo el año –ya no existe–, la cruz de un tal Sendín que es un martillo, las bambas de Castaño –eran de nata–, el plisado en las faldas de las chicas con cuadros escoceses, la ventana de casa abierta siempre, el pan caliente en Rosi, la ducha descarada de la vecina lúbrica, unos pantys de nylon tendidos al oreo, El Jabato y el Pumby siempre en la librería Márquez, el bacalao reseco del bueno de Felipe, la bolera Antolín, el boxeo Hontiveros –padre–, leche y azucarillos en el Casino Obrero, la comunión de todos, el teleclub, la misa de sábado cantada por los preoroviejo, The Boris y Gerardo, la mano descarada sobre un sostén pequeño, el cine de domingo, los curas ‘alesianos’, el club de baloncesto, la profe de francés que me volvía loco, los cotraataques Rana, las tardes con Riobó o con Manolo Cuesta, los malos de la Plaza, Carpanta y El Moreno, cuatro pases de pecho en la Puerta de Ávila con mi muleta nueva –¡olé, alemán, olé!–, la chica de mis sueños con manoletinas de charol, el cisco y la alambrera, mi abuela haciendo flanes, la Kika con su burro subiendo por la cuesta, el gitanillo Chuchy, el faraón, la espera eterna de Mª Ángeles, la moto Vespa… La muerte de Juanito, el bar de la escalera, San Juan lleno de gente cualquier día de fiesta, la Dori, Carapito, Cuadrado, Fendetestas, Amable con su hermana, Bermejo, Robles, Tiedra, Guerreiro el de Los Praos, los virutas, Moreta, la banda rascacielos, El Chato y sus collejas en el Cine Castilla, la Dominica, el greñas, las fotos de Servando, Vitín siempre en la puerta, Zapatería Calzado, El Campeón, la cueva…
Todo en ese arco iris compendiado, como un libro de vida o una historia Fellini, todo revuelto y vivo, nebuloso y perfecto.
(19:11 horas) Y vuelvo por la tarde a recordar mientras llega una lluvia inesperada y gustosita… Los Petisús de Cela, la mujer de Tadeo vendiendo los ‘Milkibar’ en el ambigú Cervantes, Policarpo, el tonto que metía mano en misa, los castigos de domingo después de bendición e hisopo, ‘Perdidos en el espacio’, el ‘Cheminova’ en su caja con el matracito del permanganato vacío, la radio color crema de lámparas de abuela, los gatos a las doce, las pezuñas borrachitas de La Conquistadora, el parque con sus reinas de gabardina y mini, los berberechos ácidos de la ida Pajarera con su gran comediscos de a duro cuatro temas, la bici roja y negra con timbre suenarradios, los cromos ‘Maga’, el ‘Lasembusto’ y las ciruelas, el humo Gato Negro, el circo con dos fieras más tristes que lo triste, Bernal, Caroli, Flores, Juan Ramón, Moncho, El Tetas, Javi Tapia, Cubino, El Español, la sierra para ligar en grupo, el cura Antonio, El Cejas, Jesús Caldera y Lola, Felipe El Negro, Monchi Morán, Chapeau, mi primo Quique, Chema, mi madre en el mercado, Paulino y su carrera, don Alfonso del Amo y su Biscúter, la hija de la estanquera, Requena, Montagut, Elices, Nife… Me encanta recordar aquel tiempo imposible y dejarlo posarse como el polvo sobre todos los objetos de mi estudio.
Soy lo que fui, y me encanta.
(22:07 horas) Esta noche he corrido directo a mi estudio para releer el poema de Octavio Paz ‘Elegía a un compañero muerto en el frente de Aragón’. Me acordé de pronto de lo que me llegó en su día y sentí la urgente necesidad de volver a estar en él… “… Yo recuerdo tu voz. La luz del valle / nos tocaba las sienes, / hiriéndonos espadas resplandores, / trocando en luces sombras, / paso en danza, quietud en escultura / y la violencia tímida del aire / en cabelleras, nubes, torsos, nada. …”. Todo fue porque recibí un mensaje de Javier Riobó y sentí cómo la amistad es un muerto cuando hay distancia, y los amigos pasados son como amigos muertos que has detenido en tu memoria con una cara, con una voz, con una risa que responden a un nombre en el archivo. Recuerdo sus voces –las de esos amigos perdidos–, la luz del tiempo que compartimos, las heridas comunes y las nubes que nos vieron correr como muchachos. Su presencia es la grata sensación de no estar solo a pesar de la soledad. ‘… Yo recuerdo tu voz…’.
Y en esta noche, a punto de buscar el cobijo de las sábanas familiares, sonrío a solas… pero con todos.
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* "Aquí no hay playa" de Los Refrescos"
gracias me has recordado, me he visto otra vez en tiempos remotos que son hoy
ResponderEliminarNo te olvido, Javier.
ResponderEliminarUn abrazote.