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Apropiación de la impropiedad

Leo en un estudio de Mauricio González sobre ‘Ser y Tiempo’, de Heidegger, unos párrafos muy interesantes sobre la “apropiación de la impropiedad”, trabajado en el aspecto de controlarlo y disponerlo todo como tendencia predominante en nuestro tiempo, una suerte de globalización individual que viene propiciando cambios importantes sin que aún se pueda definir si para bien o para mal, aunque me da en la nariz que ese afán [casi lujurioso] de control y disposición no va a traernos consecuencias maravillosas.
Confieso, antes de seguir, que el universo conceptual de Heidegger está lleno de interés para mí, pero también está preñadito de dificultad, circunstancia por la que suelo acudir con frecuencia a artículos y estudios sobre el autor que, por otra parte, suelen complicarme más las cosas. El caso es que en la creación de mi pequeño y errado universo filosófico voy sumando conceptos poco a poco que sirven para armar mis interpretaciones y argumentar de alguna forma [delgada o gruesa] el decurso social, moral y afectivo de mis vivencias personales.
Sigamos…
Mientras que la ‘propiedad’ implica al ser [a mí o a ti] como artilugio concreto moviéndose en un campo de posibilidades reales, la ‘impropiedad’ acudiría a todo lo imposible desde mi estado actual, lo que no es susceptible de ser alcanzado bajo las bases y el estado real en el que estoy… Entendiendo esto, que no me parece demasiado complicado, entenderemos perfectamente lo que supone esa ‘apropiación de la impropiedad’ a la que me refiero [que ya no es la definida por Heidegger, ojo, ni la explicada por Mauricio G.; sino la trabajada a partir de sus estupendas improntas].
Así, el hombre tiende en este tiempo a minusvalorar lo que le es propio para extenderse en una loca aventura por lo que le es impropio, cambiando los referentes reales por peligrosos referentes virtuales que distorsionan sus funciones sociales, morales y éticas [gran culpa de tal desaguisado la tienen los medios de masas y, cómo no, la cibernética y la informática con sus constantes avances no medidos en pautas de evolución lógica y mayoritaria de la mente humana].
El resultado es exactamente sensación constante de fracaso y, cómo no, ‘fracaso’ con todas sus letras.
En internet, por ejemplo, accedemos con sólo conectarnos a un infinito mundo de información que ya consideramos como propia, aún sin alcanzar el mínimo nivel de conocimiento [he aquí un claro ejemplo de apropiación de lo impropio], circunstancia que en el campo de lo real acabará frustrándonos, ya que damos esos conocimientos por sentados y los admitimos como nuestros en un terreno tan potencial como resbaladizo. Desde ese punto decidimos desdeñar nuestras posibilidades reales sustituyéndolas por una virtualidad que nos deja absolutamente vulnerables.
(12:56 horas) Me recriminaba hace unos días Higinio Cascón en tono amable [casi a media voz] por las generalizaciones que vertí en la entreda de este diario sobre “las crías de fascista”, y lo hacía con una especie de “…pero éramos niños…”. Y yo le entendí y le entiendo, cómo no voy a hacerlo, pero sucede que ‘nosotros’ también éramos niños, unos niños tan normales… que veníamos del hambre, de la miseria, del trabajo duro y mal pagado [veníamos de eso, ojo, pero no lo vivíamos porque nuestros padres hicieron sacrificios enormes para vendarnos los ojos con suave seda]. Sé que lo mismo no es un punto de partida correcto para tratar un tema pasado y casi olvidado por los que lo vivieron desde la otra orilla, la de la buena vida, pero a mí me parece importante recurrir a esas certezas durísimas que me fueron llegando como pequeñas chispas a través de los años… chispas que conformaron mi conciencia de clase, chispas que me hacen aparecer orgulloso de lo que tengo porque me he hecho a mí mismo sin esos apoyos injustos que propiciaba el régimen franquista a los de su cuerda.
Mi padre comió mondajas de patatas hervidas y mi abuelo Saturnino contaba que cuando llegaba a casa después de diez horas de curro sólo había un huevo frito para que comieran los seis de familia [decía que se iba de casa a liarse un cigarrillo en el portal y llorar de rabia]… Mi madre fue a los comedores sociales instaurados por los asesinos de su padre y era obligatorio cantar el ‘Cara al Sol’ con la mano en alto para que te sirvieran: Humillación para quitar el hambre de un niño.
Son dos postales breves, dos chispas de auténtica colección que quizás hagan entender mi rabia en la generalización, más cuando ese mismo día me encontré en la cafetería Piel de Toro con Manolo Fraile [al que hacía años que no veía], le saludé, me sonrió, sacó su cartera sin más y me enseñó un carnet con la bandera de Franco, la del águila [debía ser un carnet de pertenencia a algún grupo político de ultraderecha] y me dijo que yo era un ‘sociolisto’, en seco, sin mediar más palabras… Mi respuesta fue algo desagradable, pero creo que se la merecía [de testigo estaba Ana Muñoz de la Peña].
De aquel exabrupto vino mi entrada en el diario, una entrada rabiosa, queriendo herir sin decir mentiras… Mi error, quizás, fue no dedicarle la entrada a Manolo… Lo asumo.
El resumen, Higinio, es que yo estoy satisfecho con mi vida, con la familia que he formado, con la empresa que estoy sacando adelante [ser empresario en Béjar hoy es muy duro] y con mi pequeña carrera literaria de corredor de fondo… que nadie me ha regalado nada nunca [yo he buscado mis caminos y los imaginados regalos que puedan estar en las cabezas de otros] y que eso me da razones para explicarme con claridad y, si se tercia, con dureza y exageración, ya que mi libertad es mi palabra y me la gano a pulso cada hora de cada día.
Y como soy un narciso de provincias [todos lo somos] me encanta medirme alguna vez por comparación y sentirme satisfecho de los logros obtenidos sin las prebendas que otros gozaron para llegar a ser una nada insultante y bastante cómica.
De eso iba mi entrada aquel día, Higinio, y no de otra cosa… Vamos a llamarlo “memoria histriónica”, compañero.
Un abrazo sincero y mi ofrecimiento de unas cañas con charleta tranqui cuando vengas por Béjar.

(22:25 horas) Lleva Magdalena unos días con la lengua desatada y sería la caña si no fuera porque apenas contiene los azares del cuerpo, y todo mientras Palomares florece en hedores que son purito recuerdo de los munícipes salientes y un vientecillo cabrón saca a los chiquillos del agua como animalillos ateridos [recuerdo ahora a los jóvenes bañistas de las orillas del Boga].
Mis padres han regresado, felices, ya de su viaje a Asturias y Youssouph me ha traído un queso de cabra desde su morada extremeña para agradecerme… [es el regalo más bonito que me han hecho en mi vida]. Me dijo: “Hablé con mi padre Colí de Senegal y me da abrazos para ti y para Juan… y me ha dicho que os tengo que invitar a comer a los dos, que es muy importante que yo os invite… estoy muy bien porque tú eres Colí español y Juan es como mi madre… no podéis decirme que no… no podéis… me pondría muy triste…”. Ya le dije que sí. Se fue feliz con su mochileta, su gorrita del Barça, su polo de rayas multicolores y su pantalón de media caña. Estaba guapo mi negro… de ésta le casamos.
De Tontopoemas ©...

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