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Esa hora de labores anodinas...

Creo que mi horror por las tareas caseras –hacer las camas, poner la mesa, preparar la comida, planchar, arreglar un enchufe, cambiar la tapa del w.c.…– procede en parte del matriarcado protector en el que crecí –mi madre y mi abuela fueron siempre protectoras en este sentido e intentaron constantemente que dedicase mis ganas a otras cosas de índole más sensible, como leer, dibujar o escribir…
Atacar esas tareas a diario me quita el aire y me deja una extraña sensación de tiempo vacío no recuperable, pues proceso –mientras me dedico a tales tareas– todo lo que me queda por pensar, por escribir, por hacer, por vivir… de tal forma que se me hacen insoportables.
Llevo esa carga ya con resignación, pues asumí hace tiempo mi rol de pareja y sé lo que me toca, y lo hago con el único fin de no tensar para que todo continúe en su tono armónico [que es otra circunstancia de fundamental necesidad para mí].
Cuento esto porque siento cómo esa rémora de tareas pequeñas se ha queratinizado en mí conformando un exoesqueleto prosaico que mientras se construía me hacía daño, pero ahora que está totalmente hecho, duro, inexpugnable… me procura paz y tranquilidad.
Solo me queda aprender a relajarme cuando me toca esa hora de labores anodinas que podrían hacer otros por mí para dejarme el tiempo que necesito, el que me falta cada día para ir armando mi solucionario de vida.

(12:03 horas) Escucho mil veces ‘I’m all right’ de Madeleine Peyroux y podría decir con todas las letras que estoy totalmente enamorado de esa voz… me lleva despacito a sentimientos de pasión tranquila, a esa suerte de paraíso ideal que pone decorado en mi cabeza y no sé si existe en algún otro lugar… me enciende esa idea de mujer imposible que acuna y mece, que podría ser como el mejor cigarrillo de marihuana que me fumé en mi vida, ése que me dejó tranquilo, pesado como un bloque de metal pegado al suelo y volátil también, como indeciso de ser y de pensarme, sin un luego y sin un antes… porque el ahora resulta tan perfecto que nubla lo que vino y lo que se fue.
Madeleine… la voz caliente, redonda, como la gasa que vuela despacito y se posa en un cuerpo, como el más otoñal caer de hojas… Madeleine como la certeza inalcanzable, como esa mujer que son todas las mujeres que amo con los ojos y con los oídos.
¡Joder, qué guay…!

* ‘I’m all right’ de Madeleine Peyroux
De Tontopoemas ©...

Comentarios

  1. Que hace que sientas así, y que expreses tan apasionadamente, provocando todo un mundo de sensaciones y sentimientos que antes no conocia

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