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Precarretera y manta.

Antes de salir hacia Zamora me tomé un café prematrimonial en PdT [hoy enlazan sus vidas oficialmente Tati y Placi y cierran el hotel/cafetería/restaurante justo hasta mañana… que sean felices, coño]. Estaba Ana de paisano y la encontré bellísima [yo, que tengo la mirada acostumbrada a verla de negro absoluto y camarero] y compartí el ratillo con ella y con Pedrito.
Después del lujo cafetero le eché un ratito a mi soledad y a este estado menstrual que me facilita el otoño, un estado de abulia –si el cielo está despejado– que se mezcla con cierta pasión por la piel y por las miradas, por imaginar roces y por enredar suave en algún cuerpo ajeno [solo lo hago de memoria]… y en pensar que me gusta el frío y me encanta el nublado, que adoro a Nina Kinert [gracias, Alberto], que las manos me están pidiendo trazos como naufragios, que hay versos que escribir y los tengo en la punta de mis ojos, que amo intensamente a un algo que flota alrededor de mí y no logro acotarlo, que llevo dos meses a menos de medio sueldo [y trabajando] pero no importa, que el tabaco me está matando a tragos, que me gusta mirar la tristeza de mis ojos en los escaparates, que aún no siento el fracaso hasta el punto de dejarlo todo, que pienso en cuerpos femeninos otra vez…
Y ahora salgo de viaje… carretera y manta… amigos… charla… abrazos…
De FUMADORAS

Comentarios

  1. Vuelvo después de unos días agotadores pero magníficos.
    Y, después, de la dura crítica a la plantilla que tenía en mi blog por parte de mis amigos blogueros de Burgos, decido que bebo de la fuente de quien más sabe: te copio, con modificaciones ligeras la que has adoptado recientemente.
    Eso sí, no podré imitar la calidez de tus palabras y de tu acogida, Luis Felipe.
    Saludos y abrazos.

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