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La amada imposible.

Me encuentro algo depreso y un puntito maniaco [maníaco]… y me apetece inventarme una ‘amada invencible’ como la de Fernando Beltrán… o, mejor, una ‘amada imposible’ que en su calidad de inexistente no pueda hacer otras cosas que las que yo decida. Veamos… me apetece algo entradita en carnes [lo justo y necesario], golosa, de hablar lento y pausado, mimosa si se tercia, pendiente de mis cuitas cuando las tenga y con la capacidad de hacerse nada cuando no la necesite. Debe tener un puntito Ava Gardner en los labios y sus ojos han de mirar como lo hacían los de Lauren Bacall. Es imprescindible que posea una sensibilidad especial en la nuca y en la parte interior de los muslos, así como que maneje la caricia suave y la voz susurrante cuando ajuste a mi estado de ánimo. No preciso que sea diestra en la monta, pues uno ya no está para grandes cabalgadas [ni para pequeñas], pero sí que sugiera hasta lo húmedo jugando en sus volúmenes.

No hace falta que sepa de poesía o que atine a mantener una conversación inteligente [con mi rollo interior llevo ya carga suficiente en ese palo], pero sí que me diga cosas lindas en voz baja y sepa hacerme dulces gestos cómplices.
Si no fuera demasiado complicado, me gustaría que durmiese pegadita a mi espalda para sentir su seda mientras sueño, y que en la hora primera me ayudase a sacar mi cuerpo al mundo con cierto tono honroso y saludable.
Si he de ser sincero, debo decir que la pinto con frecuencia en mis papeles y no acabo de dar con su figura [a pesar de que busco mucho en Google postales de mujeres que me lleven a un compendio que se acerque a mi extraño arco áureo].

Ojo por ojo
diente por diente,
beso a beso
te quitaré el carmín,
me quitarás las gafas,
no sabremos muy bien por qué lo hicimos,
no querremos saber cuándo ni dónde,
el amor es así,
frágil y hermoso
como un cisne perdido en alta mar,
como un niño clavado en sus tristezas,
como un perro que corre enloquecido,
extraviado sin ti
con tu collar al cuello

*[Fernando Beltrán. “La amada invencible”]

(21:42 horas) Recibo de la Biblioteca Pública del Estado zamorana tres volúmenes deliciosos sobre Claudio Rodríguez [volúmenes 0 y 1 de ‘Aventura’, editados magníficamente por el Seminario Permanente Claudio Rodríguez, y ‘Cinco poemas’ de Claudio Rodríguez, editado en Hiperión por la Diputación de Zamora]. Mil gracias a su directora, a la que tuve el placer de conocer hace un par de semanas, y más cuando me ha traído el recuerdo del maestro que sentí en sus últimos hálitos muy cerca y con el que fui capaz de rozar ese maravilloso don de la ebridad que le hizo grandísimo y terriblemente humano a la vez.
Gozaré de su lectura, segurito.
De FUMADORAS

Comentarios

  1. Vaya un guiño de mi parte, por humano y conmovedor, sabrá apreciarlo.

    cuídese

    http://es.youtube.com/watch?v=W0Zj2zX9RRY

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  2. Interesante el perfil de tu amada invencible. También habría que preguntarle a ella cuál es su amado invencible ideal. Quizá un puntito Burt Lancanster en los labios carnosos, y el abrazo protector -pero sin asfixiar- de un Ralph Fiennes de mirada verde. Soñemos, pues.

    Que se pase pronto tu estado depreso, con mi mejor abrazo.

    ResponderEliminar
  3. ¡¡Claudio!! Siempre. Siempre. Y una foto de Ava.
    Cómo he gozado hoy con tu entrada.

    ResponderEliminar
  4. Largo se le hace el día a quien no ama...
    (De Claudio Rodríguez)

    ResponderEliminar
  5. Largo se le hace el día a quien no ama y él lo sabe...
    (¿De Claudio Rodríguez?)

    ResponderEliminar

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