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Soy las imágenes que me hicieron crecer.


Sé que pertenezco a la generación que lleva sobre los hombros el dolor de la “Migrant Mother” que posó sin querer en Nipomo para Dorotea Lange en el 36, como soy del Cartier-Bresson del “Place de l’Europe in the rain” o de las imágenes Marilyn de Bert Stern, o del Che del 63 captado por René Burri, o del Gerard Malanga chicharreando su flash en la mismita vorágine de la Velvet Underground de Andy y Patti Smith… y, cómo no, del Mapplethorpe más Montoya o del Joel-Peter Witkin de “Leda” que jugaba a la contrarreforma de la escoria social presentada por Sebastião Salgado.
Sé que pertenezco a un siglo completo de imágenes en blanco y negro… y eso me hace ver a mi generación completa en esa presentación al cromo en papel brillo, saturarme de esos precedentes hechos utopía de papel siempre vivo. Por eso soy más de fotografía que de pintura [en el frente de mi despacho preside una enorme fotografía original de JAM Montoya –nunca tuve dinero para adquirir originales de los otros maestros– que muestra un hermoso pene pellizcado por las uñas afiladas de unas sofisticadas manos femeninas, y en ella me redimo con la mirada cada día y cada noche, sintiendo el punzazo de ese pellizco en mí mismo].
Y las consecuencias formativas y deformativas de esta carga visual me hacen también un hombre de mi tiempo, un hombre a imagen y semejanza de las imágenes que bebe por los ojos… Y si eso soy yo, hay otro yo en proceso, un hombre de después en el que la placa Petri de cultivo es el color y el mundo multimedia, un hombre que asume su pasado de foto fija y toma el camino en justo movimiento, y lo investiga, y toma curiosidad por él… y lo enreda para intentar saltar de generación y estar a la altura de lo más bajo para entrar en crisis. Cuando esto sucede, cuando percibo mi bagaje con nitidez y veo el flou hacia el que voy, tan distinto y tan distante de lo que llevo en mi maleta, recurro a mis libros enormes de fotografías, a mis colecciones de imágenes por autores y por épocas, y me dejo caer hasta encontrarme de nuevo en Robert Capa o en Barbara Klemm, en Doisneau o en Horst… amontono sus libros en el suelo y los miro con fiebre hasta que me empiezo a sentir bien, hasta que logro ubicarme de nuevo en el lugar al que pertenezco, del que soy y del que seré hasta que mis huesos blanqueen al sol.

Sebastião Salgado

René Burri

Dorotea Lange

Gerard Malanga

Barbara Klemm

Joel-Peter Witkin

JAM Montoya

Doisneau

Cartier-Bresson

Robert Capa

Bert Stern

Horst

Mapplethorpe

•••
¡Bien!, que editaré un nuevo volumen de aforismos y que será con mi amigo Fabio, un pirata patapalo de verdad que edita por diversión y con un gusto exquisito. Me encanta la idea de figurar entre los autores del sello delaflor porque se nota ese guiño coleguero que no tienen los que hacen negocio con esto y de esto, porque hay creación independiente en la edición que acompaña a las letras y además hay ganas fuera de la mera diletancia… y juventud… y grandeza tranquila… y ese nosequé que te pone felicidad en la cara.
El libro, en principio, se titulará “No pasa nada cuando a mí no me pasa nada” y contiene 625 aforismos que dan continuación a “Aráñame”, pero con un tono algo más serio, aunque no menos cabrón. Y lo más de todo es que me gusto en este libro, me gusto mucho porque me veo en él tan real como un dolor de muelas.
Gracias, amigo Fabio, aunque espero no ser el principio de tu ruina.
Os dejo aquí un pequeño bocadillo de mortadela para que os hagáis a la idea del contenido:

La libertad no existe para los que tenemos fincas.

Para hablar con sinceridad de la vida hay que saber avergonzarse lo suficiente.

Creer en que algo no volverá es estar predispuesto a que vuelva.

Si vives con esperanza es que aún no eres maduro.

Es más fácil hacer el bien que pensarlo.

Hacer algo excepcional te afirma en tu vulgaridad.

Escribo para intentar interrumpir el proceso de mi muerte.

Lo excesivo nace siempre del miedo a la lentitud.

La felicidad termina haciéndote desdichado.

Cualquier cosa que hagas por valentía también podrías hacerla por cobardía.

El hombre de talento es el que sabe ser definitivo plural.

Me esmero en hacer cosas imperfectas mientras otros sólo piensan cosas perfectas.

El mayor pecado de Dios es el de consentimiento.

¿Por qué las iglesias se hacen con cúpulas y bóvedas y no con cielo raso?

Dios es el más oloroso concepto de la superstición.

© Luis Felipe Comendador

Comentarios

  1. Sr. Comendador Vd., tú, perdona que te diga, pero eres atemporal, porque desde tu distancia (tan lejana y tan cercana a la vez...)observas, estudias, hurgas, experimentas, ingieres, saboreas, escupes o tragas, sin cobardías, y siempre curioso, siempre inquieto, con ganas de más...
    Eso "amigo mío", es estar muy vivo, más que la mayoría de la generación de los noventa (por lo menos!)

    Que tengas un bonito día!
    dnc

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