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Si tenía que haber estudiado economía, coño.


Siempre esperé que me aguardase el fulgor en una esquina, pero solo aparecieron hombres con navajas o viejos amigos pidiéndome algo en nombre de nuestra amistad.. y me dejé robar, y me entregué con ánimo por la amistad debida. Y con el tiempo, quien me robó con un arma en la mano, terminó tendiéndomela… y a quien me entregué sin medida, me dio la espalda o me buscó las vueltas.
Y llegué a lamentarme, pero no importó.
Siempre aguardé al fulgor como un algo de otros, hasta que me di cuenta de que el fulgor estaba en mis manos abiertas, en mi boca dispuesta, en mis ojos ávidos por recoger… y me hice transparente, como algunas promesas, para pasar el tiempo confundiéndome en mí.
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Ves, viejo, no necesitas alas, aunque te sigo notando herido y vulnerable. Tú dispones, entregas y recoges; tú siembras y destruyes, hilvanas la extrañeza o logras el hechizo.
Ayer miré cómo caminabas en la noche, ibas como agotado camino de tu casa y te detuviste de pronto para mirar al cielo. No sé lo que pensabas, pero tu imagen quieta fulguraba en la noche y quise imaginar todas las palabras que escondes y no dices jamás.
¿Te hace falta la lluvia, verdad?
Sigue haciendo recuento de cada fundación, de cada empresa nueva acometida y fracasada, de cada noche posado sobre el territorio de los papeles arrancados… que hiciste tantas cosas como las que dejaste de hacer y eso también es el fulgor.
Anda, háblame de tus musas, esas que necesitas como el aire o la sangre limpia, háblame de ellas sin tapujos, que me encanta.
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Je… siempre necesité musas, irreales, pero de carne y hueso; necesité sentirme atraído por ellas, pero sin la incontinencia de los tactos… saberlas ocupando un espacio, desarrollando un movimiento, siendo presentimiento en mi espalda y objeto enfocado con cierta distancia… y también me gustó que intuyeran su calidad de alguna forma, que se supieran especiales para mí, creadoras de mi instinto, poseedoras de ese don prodigioso o deleznable que me hace escribir, dibujar, imaginar, pensar…
A ellas les debo el elevarme a veces o ser el zumo espeso, a ellas les debo la recuperación de las tormentas antiguas con su aparato eléctrico timbrando en mis tendones, por ellas siento algunos días todas mis nervaduras y el latido impreciso de mis vísceras… y con ellas me escondo en los cajones, me tiendo en el camastro imaginario, me abrazo en los rincones más oscuros donde nada sabe su peso… con ellas cruzo el vestíbulo y penetro en la alcoba, con ellas siego las espigas del frío que trae la soledad algunas noches, con ellas encuentro cada página de carne y la releo… y me siento suficiente, y las siento suficientes.
Juntos, nos desaparecemos sin quererlo y somos la luz y las serpientes, jugamos en el aliento del jaguar y en el miedo del capibara, buscamos la sordidez del mercurio en los días más roncos, nos lamemos o brillamos a tientas en el pozo del pan y los libros.
El mal de ser mis musas es que nunca recuerdan el torno que las hizo o el soplido caliente que desplaza sus sombras, no recuerdan sus límites ni pueden apreciar la frontera insegura de mis justos dominios… se perciben miradas aunque no están seguras… y en su silencio notan esa presencia mía de racimos y vaho sin saber precisarla.
De ellas tomo siempre los juncos de mis letras, de ellas los insectos que liban las fragarias y los versos, de ellas las palabras cilíndricas que mullen cada frase, de ellas la fiebre y el amparo más telúrico… de ellas las hormigas, el salitre, el aceite, la flauta, el altar, los pájaros de invierno, las mangas regazadas, los puertos más seguros, las lloviznas, el fanal que me guía, la silueta del mundo que yo quiero, el estupor, la duda…
Y también les pido perdón por ello.
•••

Hay crisis, y la banca –engolfada en agotarse y agotar al sistema– asegura en España un fondo de garantía por cliente de hasta veinte mil euros [si tienes cincuenta mil –quién los pillara–, solo te darán hasta veinte mil en caso de quiebra]. Con esta premisa me tomé esta mañana un café con el director de mi banco [con el que mantengo créditos crasos y asesinos] y le pregunté que si en el antedicho caso de quiebra yo tendría que pagar mis créditos pendientes, tendría que asegurarle un fondo de garantía personal [no me parece mal que fueran los mentados veinte mil] o si quedo exento de pago por cierre del local.
El tipo, amigo siempre, me indicó que hay previstos canales que en los casos de quiebra obligan a los clientes al pago íntegro de la deuda tomada con el banco… y me descojoné de risa… esto del capitalismo es la hostia.
Igual que en los EEUU y su jodida democracia para ricos. Resulta que los banco hipotecarios norteamericanos dieron pelas con alto riesgo y mucha previsión de beneficios a personas que sabían que no podrían pagar si se sobrepasaba el límite o llegaba un desequilibrio en el sistema económico, y sucedió, y los bancos, ante los impagos, procedieron a los embargos consiguientes de esas viviendas [que ahora son de los bancos –igual que antes, vamos–], con lo que, ellos, lo que no tienen en dinero de sus clientes, lo tienen en esos bienes inmuebles sobre los que se realizaron las mentadas hipotecas [es decir, los bancos tienen el dinero cobrado hasta el momento de impago, más la propiedad de los bienes hipotecados], mientras los pobres clientes –se habla ya de 90.000 viviendas expropiadas– están en la puta calle, empeñados, en paro y sin un chavo en el bolsillo… y, ante esto, el gobierno norteamericano no encuentra otra solución que apoyar económicamente a los bancos… ¡la rehostia!… le van a dar la pasta de los americanitos de a pie [2.400 dólares por cabeza] a los bancos, que se han quedado con lo abonado por sus clientes y con los bienes inmuebles… y no a los pobres que no pueden pagar sus hipotecas y han perdido sus trabajos y sus casas.
¿No sería mucho más fácil que ese gobierno capitalistorro se hiciera cargo de los pagos pendientes de esas hipotecas, que procurasen curro a sus propietarios para que pudieran ser solventes y que así no les quitasen sus casas y volvieran de la humillación de la calle a sus hogares? ¿No se gastaría menos así el gobierno de EEUU y, además, beneficiaría a los pobres en vez de a los ricos?… es más, si el problema que ha causado esta grave crisis económica eran esas hipotecas, pues arreglado el tema, ¿no?
La triste realidad es que el rico solo mira por el rico, y no sabe ver soluciones que no pasen por multiplicar los beneficios de todos sus iguales.
Era más fácil condonar la deuda de los hipotecados que reflotar los buques económicos de los grandes ladrones universales, pero así se gana menos... y de la otra manera se jode más.
Si tenía que haber estudiado economía, coño.

Comentarios

  1. Con estas movidas acabamos todos catedráticos de economía aplicada.

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  2. Llegué a su casa y creí haberle fastidiado el partido del Madrí cuando vi que se levantaba del sillón (no sé si lo acababa de comprar en el plus+ o en el imagenio); me alivió saber que el fútbol no le importaba demasiado ya que cogió el móvil e hizo una llamada de más de media hora. Se fumó varios Malporros mientras su mujer nos contaba con euforia que el niño ha comenzado a ir a uno de los mejores colegios de la zona (de pago, claro, porque su niño no puede ir a cualquier sitio...), terminó la llamada y volvió a atendernos: -¿le has enseñado el collar que te regalé?, -se me olvidó (dijo ella mientras me mostraba, orgullosa, una de esas horteradas que tanto le gustan...)

    Bueno, corto el "relato" y voy al grano:
    -Necesitamos un favor (dijeron), entre el piso, el Corte Inglés y recibos de comunidad, debemos 7.000 € y ningún banco nos da un préstamo. Por favor, ¿nos lo puedes pedir tú?.

    Ea!
    Tengo dos préstamos, así que no pienses que te quito la razón sobre los bancos y todo lo demás, pero...
    Tendríamos que haber estudiado economía todos, coño!

    nota: no me he inventado "na"

    ResponderEliminar

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