
¿No sería extraordinario acercar nuestras convenciones [ese ‘nómoi’ griego] al hecho natural, y así darle un reves a todas las teorías filosóficas que vienen contraponiéndolos desde que el pensamiento humano empezó a escribirse? [yo en esto soy cada vez más platónico]. Pensemos simplemente que el mundo es transitable y abierto a caminarlo por naturaleza y tiene fronteras por convención, por ejemplo [Platón habría postulado el simple tránsito libre, mientras que los sofistas –que eran convencionalistas– defenderían con uñas y dientes el establecimiento de fronteras].
Al final todo se reduce a esas dos posiciones, y de ellas parten múltiples problemas que acucian y dividen a los hombres [por naturaleza, Canarias es un un archipiélago… por convención es española]… y del convencionalismo nacen los terribles relativismos que llevan al hecho religioso y a las batallas ideológicas y políticas [un indú famélico jamás comería la carne de una vaca, que por naturaleza es un alimento sano y proteínico, pero que por convención es sagrada]. Y de esos relativismos nacen los absurdos tabúes que hacen que en una parte de Asia la leche sea rechazada por convención o media humanidad no consuma la carne de cerdo por pecaminosa.
De las convenciones parten las obligaciones [tantas veces absurdas] y las prohibiciones [más absurdas todavía]… y el hombre llega a sacrificar su necesidad natural más urgente esgrimiendo ridículos argumentos de convención.
Yo me pregunto con cierta frecuencia a quién beneficia un mundo de convenciones y cómo es posible que la humanidad entera trague constantemente ruedas de molino intragables… y por qué se armó la mente del hombre así… y, sobre todo, cómo después de un buen puñado de siglos de civilización y tantos pensamientos cruzados, sopesados, experimentados, el hombre aún siga en ese ‘in albis’ de las patrañas para imbéciles.
Me basta mirar, por ejemplo, al mundo de la enseñaza para darme cuenta de que no hay remedio, de que todo está trabado y bien atado.
Yo no quiero ser de este mundo, coño.
Somos, Luis. Lo somos incluso para negarlo. Por naturaleza. Por convicción. Por instinto. El mundo es una extensión de nuestro cerebro. Lo único, al final, de lo que disponemos es la posibilidad de fabular. De crear. Entonces el mundo deja de ser eso que nos aturde, y entonces (sólo entonces) pasa a conmovernos. Lindo post.
ResponderEliminarEl miedo a la libertad nos lleva al crear las convenciones, a marcar las pautas, a ordenar lo que por naturaleza debería no ser ordenado. Nos creamos ataduras porque creemos que sin ellas no sobreviviremos y, lo peor, aceptamos las ajenas. Somos masa arcillosa, moldeable, cobarde.
ResponderEliminarBesitos.
Claro que lo de "este mundo" no deja de ser otra convención, porque suceden tantas cosas a la vez y en tantos sitios, que uno sentiría vértigo si no tomase de forma aleatoria una parte por el todo.
ResponderEliminarIntentando encontrar alguna ventaja a esto de las estúpidas convenciones, recuerdo a una corresponsal (creo que Rosa María Calaf) que cuando le ofrecían cucarachas fritas o rabos de lagartija salteados, y tras haber probado todo tipo de excusas para eludir probarlas, decía que lo único que hacía desaparecer el plato de su vista automáticamente era recurrir a la más absurda de las convenciones: no, gracias, mi religión me lo prohibe. Incuestionable.
Al hecho natural, dices? Una jirafa por "convención" sólo se come las hojillas tiernas..., los leones tienen sus propias reglas dentro y fuera de la manada... así que, qué quieres? si al fin y al cabo todos somos animales!! (sólo que unos marcan su territorio con orines, y otros, lo hacemos dibujando rayitas sobre un papel...)
ResponderEliminarUn besote gorrrdo. Muacc.
pd.: Jo, y perdona los ejemplos tontos que he puesto, pero es que el viaje sudafricano de mi "cuñao", hoy, no me ha dejado pensar en otra cosa... grrrrrrr
Buenas querido Luis, pasame alguna dirección de mail así te tiro una interesante idea que se me ha ocurrido. Supongo que te va a gustar. Un abrazo grande!
ResponderEliminarAriel.
Canarias es un archipiélago. Siento la corrección pero me ha chirriado en un, por lo demás, magnífico blog.
ResponderEliminarGracias, perdón por el error. Corrijo y agradezco.
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