Ir al contenido principal

Yo, buey solo, bien me lamo.


Siempre fui partidario de aquella respuesta que Marx le espetó a Feuerbach: “hasta ahora los filósofos se han dedicado a interpretar el mundo de distinta forma, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Con el tiempo y la edad he llegado a darme cuenta de que interpretar el mundo resulta tan absurdo como imposible se me aparece el intentar cambiarlo; pero persisto en ambas opciones desde mi escasa posibilidad.
De todo lo pensado hasta el día de hoy acerca de lo que me rodea, de lo que supone para mí y de lo que yo supongo para ello, me quedo con una agria sensación de inexorabilidad contra la que solo puedo oponer cierto voluntarismo [más o menos, según el día y los ánimos], y de esa interpretación del mundo como inexorable y de ese voluntarismo llego también cada día a la conclusión de que solo soy hábil para una transformación desde lo individual [el otro día, en una conversación rápida con un cercano , mientras ibamos en mi coche a recoger a Guillermo, cometí la estupidez de pedirle que me echara una mano en el tema de los proyectos SBQ solidario, y me contestó que eso sería si yo me dejase ayudar… y continuó con algo que, por ser real, me dejó perplejo y sin contestación, me dijo: ‘tienes grandes defectos, Felipe, piensa…’, y lo pensé hasta darme cuenta de que mi mayor defecto coincide exactamente con mi mejor virtud, que no es otro/otra que la de fíar al instinto tanto lo que digo como lo que hago, no dejar reposar las cosas e intentar llevarlas a término yo solo, creer en mí mismo sobre todas las cosas y no saber medir el trabajo que me echo a la espalda cuando decido tirar adelante… puro individualismo cabrón.
Pero pensando más, intentando buscar las razones que me han traído hasta esta forma de estar y hacer [siempre fui hombre de trabajo en grupo… fie en un grupo político de relativa izquierda el desarrollo de mi ideología y participé cargado de ilusión en varios entramados de carácter social, político, cultural, deportivo, solidario…], enseguida caí en la cuenta de que quienes me han traído hasta aquí han sido los compañeros de partido, los colegas de ONG, los coomiembros de asambleas, federaciones deportivas, redacciones de revistas y periódicos, equipos, asociaciones… y, sobre todo, a los que alguna vez pedí que me echasen una mano y lo hicieron.
Mi error mayor, visto el asunto, es trabajar en colaboración y pedir ayuda… mi peor defecto, no dejarme ayudar porque tiendo a imponer mis criterios cuando creo en ellos y cortar por lo sano cualquier colaboración que los tuerza… mi tontuna, reiterar en el error de buscar compañía para lo que deseo hacer.
Así que procuraré caminar solo y no volver a tropezar con las piedras de siempre, lograr lo que pueda por mi cuenta y fracasar lo que sea preciso en justa soledad.
Tengo otros defectos, muchos y grandes, pero, si sigo solo el caminito, a nadie le importan y únicamente les afectarán si se meten en mi mundo sin que yo se lo pida.
Estoy como una puta regadera, sí, pero me lamo estupendamente, como el buey solo.
Así que seré taxativo en mi expresión para que no exista ni un ápice de duda: al que le gusten los proyectos en los que me meto y los vea viables, le invito a participar como mejor le apetezca, pero yo pongo las reglas, yo decido, yo hago y deshago, yo enciendo y apago la luz. Si las cosas salen adelante, será un logro de todos… si se tuercen, yo seré el único responsable [mi experiencia me dicta, y es triste haber llegado a esta conclusión, que es la única forma de hacer que todo ruede con fluidez… una idea, una voluntad de desarrollarla, un éxito o un fracaso].
Algunos me llamarán de todo… y tendrán razón.
•••
Afilado, te culpas de ser estéril como la noche a solas, te sientes entregado desde los labios hasta el justo relámpago que escondes en la alacena de los muslos.
Eres el tambaleo, cuerpo mío, extranjero de ti como ese viento que llega del oeste arrastrando despojos, casi hostil, escueto, insatisfecho.
Te miro con estos ojos de noche, que apenas ya responden al temido contraste de las horas, y te percibo enredado palimpsesto, abrupto y hasta oblicuo… te veo sin memoria, sin ese olor explícito a eucalipto que llevabas mientras te perseguía la esencia de un amor inalcanzable.
Te culpas… y aún eres el refugio para cualquier exilio de mí, aún el hábitat donde me vuelvo turba, el país con su mar exterior y unos rebaños pastando… te culpas sin saber cómo boquean los peces sobre la hierba reciente o cómo mana la sangre del cuello del becerro recién sacrificado.
¿Mereciste alguna vez otra dimensión o simplemente te basta ser un numen menor que juega a transgredir desde las vísceras?
Contente, cuerpo, espera, mira pasar el bólido mercurio de los hombres frente a tus ojos quietos, observa su ridícula pose de censores, su extraña vocación por los obstáculos, su juego despeñado por la desigualdad, sus armas más comunes [las manos hechas puños], sus llaves para todo.
Espera en el embrollo de tu teclado viejo a que despierten las palabras, una a una, para hacerte el difunto y su aneja factura indescifrable.

Comentarios

  1. Bueno, yo creo que todos tenemos defectos y sin ellos no existirían los excesos de nuestras virtudes. Y qué duda cabe que son los cercanos los que los sufren, igual que nosotros sufrimos los suyos (y todo nos sirve).
    Yo también me considero individualista en el sentido de que cuando tengo una idea clara, mi idea, no me gusta que me la manoseen.
    Creo que los proyectos de uno deben conservar su espíritu, lo que no es incompatible con nutrirse de ideas de otros, de hacerse más rollizos y fuertes, siempre que esa sustancia esté filtrada por el tamiz de la idea original. A menudo observo que los proyectos excesivamente colaborativos pierden su identidad y acaban siendo un batiburrillo despersonalizado. Otra errónea idea extendida entre los militantes de izquierdas es esa supuesta igualdad a la hora de participar. Pues no, como en todas las organizaciones, hay que establecer una jerarquía y por supuesto, una vez establecida, hay que saber delegar y dejar que cada uno crezca en su pequeño espacio asignado.
    Dicho esto, es normal que surjan roces, fricciones en la colaboración, como en cualquier ámbito en que se den las relaciones entre humanos pero hay que estar dispuesto a negociar, a dialogar, y seguir hacia adelante, siempre adelante. ¿hacia dónde se puede ir si no?
    Toma rollo que te he soltado…

    ResponderEliminar
  2. Hoy, sin haberte leído aún, había escrito ya a ASF. He visto que tienen proyectos en Lima y una desplazada, pero en la zona de montaña.
    Por lo que a mí respecta, no me involucro en nada que no me apetezca (pareado asonante involuntario) y me parece estupendo que alguien sea "el jefe"; de otro modo no funciona.
    Por cierto, la página solidaria me da errores y me ha sido imposible contestar a Lorena y darle las gracias (claro que yo soy bastante manta para estas cosas del teclado).
    Gua-Pa-lupe ;-)

    ResponderEliminar
  3. Jo, qué Bárbara más bárbara! (qué piquito tiene!)
    ella y mi gua(dalu)pita linda ya te lo han dicho todo, así que no pienso repetir...
    Pero, déjame decir sólo una cosa!
    Siempre he preferido que mis "cercanos" me hablen con claridad, aunque me repateen los higadillos y aunque, al segundo trago y después de digerir, les conteste con un "pues anda que tú..."; prefiero mil veces a esos, que a los de la palmadita en la espalda y "chaoo bammbino"

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Por favor, no hables de mí... si acaso, hazlo de ti mismo...

Entradas populares de este blog

COMENDADOR

A LAS PUERTAS DEL CIELO
Aún quedan las carcasas de las fábricas como memoria de aquel constante trasiego que procuraba poder a los fascistas y la escueta comida del día a los obreros. Están rojas de óxido en toda su ferralla y una vegetación devoradora hace justicia en cada hueco. Son los restos de lo que ha de venir y lo que fue.
Mamá, el lotero me llama alemán.Porque eres rubio, hijo.Mamá, la abuela me dice que nunca hable con el lotero, pero es que siempre me da caramelos y me llama alemán.Que no me entere yo de que vuelves a coger un caramelo de ese hombre. Obedece a la abuela.Mamá, es que me dice que yo sería un buen torero, que si sigo jugando con el estoque, un día me llevará a un tentadero.Ese hijo de puta… fue uno de los que denunciaron a tu abuelo.¿Qué hago entonces, mamá?Cuando le veas, sal corriendo.
Aún quedan algunos tejados viejos en la calle Libertad, sus tejas rojas sostienen la vida de algún gato y mantienen el recuerdo vivo de los hombres que huían desde los desvanes p…

Caidino...

Estoy lento y como gatinín con este calor bestia que cae sobre mí como una losa, y con tanto por hacer y en diferentes campos. Ahora que necesitaría multiplicarme, estoy dividido y hasta restado. SBQ necesitaría ahora de todas mis fuerzas de invierno (tenemos un agujero grande que tapar y no soy capaz de tomar aire). Intento mercadillos, lecturas, talleres, ventas de materiales chulos, sorteos…, pero nada funciona. Es como si al quedarme desactivado yo, se hubiera desactivado todo, pero no sé de dónde sacar la energía que necesito como el aire de respirar, no sé cómo tramitar esta abulia sobrevenida. En Perú la gente tiene sed, hay pendientes entregas necesarias de materiales, de carritos…, y he dejado un proyecto a medias que hace que me sienta culpable por ratitos. Es este jodido calor y que la gente aquí ya no puede más, porque está agotada por los miserables del dinero. A ello se suma el golpe constante en el trabajo, el ramillete de deudas con sus apremios y el vacío inabarcable…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías… y ese ser ‘la razón’ le gusta mucho al que viaja a velocidad en los cómodos asientos de sus vagones, viendo pasar el paisaje por las ventanillas, pero solivianta al que perdió el billete, al que nunca tuvo para comprarlo y, sobre todo, al que busca lugares a los que ir y a los que el tren no llegará jamás, porque no hay vías ni estaciones. Así visto el trasunto humano, la libertad del que está en el sistema (el tren) viene siempre marcada por unas fronteras nítidas que, precisamente, amordazan esa libertad… o sigues las vías con tu billete en regla o te bajas del tren y corres el peligro de ser arrollado si quieres volver a subirte en él mientras no detenga su marcha. Me sucede con frecuencia que tengo ideas nítidas en mi cabeza, ideas que se muestran preclaras y estructuradas en mi mente y que, cuando intento compartirlas, me resulta muy difícil hacerlas llegar a mi interlocutor con la …