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Fueron las diminutas braguitas negras.


21 de febrero de 2009
El tipo que comía con su familia no cayó en la cuenta hasta que las tuvo en sus narices... el bebé lanzó al suelo su juguetito y la camarera corrió a recogerlo mientras el tipo que comía con su familia comenzaba el gesto de agacharse... no sé qué sucedió, pues el mostrador que separa el comedor de la zona de bar me impidió verlo todo, pero vi perfectamente cómo ambos se agachaban, desapareciendo tras la barra, y volvieron a aparecer en un instante... el tipo con cara de agradecimiento y la camarera con una sonrisa hermosa... desde ese instante, el tipo no le quitó ojo a la camarera, sobre todo cuando doblaba su cintura o intentaba estirarse para servir los platos de las mesas aledañas. Yo me quedé enganchado a la situación y la seguí durante diez minutos... de pronto, coincidiendo justo con un instante de silencio, escuché cómo la mujer que se sentaba frente al tipo –enseguida imaginé que era su esposa–, le decía enfadada que por qué miraba con tanto descaro a la camarera... él hizo un gesto con los ojos dirigido hacia la camarera para que la mujer lo viera... ella miró y, con una sonrisa avergonzada, regañó al tipo...
Yo aún no sabía de qué iba la cosa, así que me dedique a observar a la camarera para intentar averiguarlo... la llamaron desde la cocina para que recogiera un par de platos para servir... salió con ellos y se dirigió hasta la mesa para depositarlos frente a los comensales... el primer plato le caía a mano y no sucedió nada... pero el segundo plato, que debía colocarlo al extremo contrario a su posición, le obligó a estirarse y a forzar el gesto del cuerpo... fue entonces cuando se apareció ante mis ojos una tirita negra contrastando como un flash sobre la piel nívea de sus caderas, unas braguitas tanga diminutas estaban consiguiendo subir los niveles de testosterona del local a límites jamás soñados.
El tipo que comía con su familia no le quitaba ojo... imagino que su mujer aún sigue enfadada con él, y no lo entiendo, pues la imagen era verdaderamente plástica por no provocada.
Hay días con historias hermosas que suceden sin más, historias que están ahí y nadie las toma para sí... sería estupendo jugar a desarrollarlas hasta que estén bien hechas... buscarles desarrollo y mil finales.
El caso es que esa situación vivida, unida a la calma del fin de semana y a que he comenzado un nuevo cuaderno de tuneos sobre la agenda JRJ que me regalaron el viernes en Pucela, me está haciendo subir el tono vital y empiezo a verlo todo de otra forma.

•••

ACUSE DE RECIBO DEL DISCO “EL ÉXITO DE TODOS MIS FRACASOS”, EN EL QUE PACO ORTEGA CANTA A ÁNGEL GONZÁLEZ

Me envía Paquito Ortega, rey de los tunos,
su nuevo disco colega rizado en humos
de aquel ángel tan hermano, todo poeta,
que tiene en la vida eterna una bicicleta.

Oírlo me ha puesto chicle, de los de menta,
y quiero ser un poeta de los cincuenta,
volver a serlo, mejor, porque ya lo era
cuando la ‘canción amiga’ entró en mi cartera.

Si quieres que te lo diga como lo siento,
Paquito... ¡canalla!, ¡brujo!... este alimento
es el mejor que he tomado, soy sibarita,
desde que el cojo Quevedo me abrió la espita.

Si ya te quería del todo sin que me hirieses...
ahora, tú me dirás, me tiro a tus pieses.

TUNEOS DE ESTA SEMANA EN "EXTRAÑO DE MÍ"










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