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No saber ya es algo.



16 de abril de 2009
Mientras todo se deteriora a mi alrededor como llegan las nubes de las nuevas borrascas, voy aprendiendo que no saber ya es algo, que el rito medular de lo inexorable es como esas campanas de las iglesias que suenan cada hora, pero voy hacia Ítaca sin volver la vista atrás más que cuando descanso, y el camino es duro a veces y otras veces extremadamente dulce.
Mi Lupita García [la mismita Guapalupe] anda también en este viaje a Ítaca, y lo hace por USA con sus ojos de asombro y ese blues de grillito que la suele poner en movimiento con la sonrisa amplia, como la Amanda aquella del indito Víctor Jara. Está mi amiga hoy exactamente en Ithaca [je, je], después de pasar NY y tomar algunas imágenes que le pedí antes de su marcha [ya sabéis que me encanta el periplo extranjero de mis amigos, contarlo y dejarles notita de los días en su lugar de siempre]. A ello.

PARTE DEL DÍA PARA GUAPALUPE [DE ÍTACA A ITHACA]

Nevó a primera hora en estos predios, Guapalupe, como nieva en Manhattan cuando nieva o como lo hace entre las piernas de las mujeres tiernas donde solo se conoce el raudal de los mozones. Me gustó levantarme y ver los copos mientras desayunaba junto a mi Guille en la cocina de casa [hoy tomamos leche chocolateada y galletas Gullón, ésas que son cuadraditas y están muy tostadas]. Nos tiramos al día con ganitas –no en vano ya andamos por el jueves, y eso anima– y fuimos hasta el cole derrapando, que a mi Guille le encanta que hagamos rallyes con el Jeep cuando el suelo está mojado, y así farda de coche en el recreo con sus coleguillas.
Del calentón primero –calentón infantil, aclaro–, que me puso entre licántropo y afiladito, pasé al bajón diario que me da cuando entro en la empresa y empiezan los infinitos incendios que apagar, aunque con el día gris y mojado siempre me encuentro mejor para lo que se tercie o para lo que pase... a qué contarte... llamadas de reclamo [tanto desde el debe como desde el haber], gestiones con Hacienda y la SS, milongas con clientes complicados, el personal a diez por hora [que no gasolinita para pillar algo más de velocidad] y los bancos y cajas como misiles dirigidos... a media mañana llegaron mis negritos con ciertas esperanzas de trabajo, pero todo se complicó y tuve que tirar de teléfono para intentar derribar los muros que les ponen.
A la hora de comer, Gu, estaba tan agotado que solo pude servir la comidita de Guille y tumbarme en el sofá para quedarme como un dromedario en tormenta de arena.
La tarde fue zorola por donde la mirase, tiradita de prisas maqueteras y chingado de atar los últimos nudos de Voces del Extremo [llevo gastao en teléfono el nisesabe]... confieso que a media tarde sentí ganitas de huida, de estar sobre otro cuerpo y de comérmelo, de dejarme rozar y sentir que los dátiles maduran a veces en raras condiciones... pero duró un par de minutillos... y seguía lloviendo a mares, y Béjar está chula, ahora con sus verdes tempranos y esas nubes negronas y chulísimas.
No te envidio tu Ithaca, aunque la mía está mangas por hombros.
Que lo pases rechuli entre esa gente rara que viste su bandera y come donuts. Besote y hasta luego.

Dejo las imágenes que me envió esta tarde Lupita desde Ithaca:



Comentarios

  1. Pues que sigan los días grises y mojados para plantar cara a la crisis, aunque yo creo que
    "... ni tormenta, ni bonanza
    tu rumbo a torcer alcanza,
    ni a sujetar tu valor".

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  2. Gracias por acordaros. Escribo mucho pero a mano, apenas tengo ratos para entrar en el ordenador. Intento mandarte hoy una chorradilla. Besos desde Ítaca.

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