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El molesto y entrañable compañero de viaje.


Quizás ponerme en carretera o, lo mismo, sacar un billete al azar, y enhebrar un destino incierto [tan incierto como hacia el que ahora camino, pero distinto].
Siempre me gustó tener compañeros de viaje a los que seguir, hombres o mujeres de los que enamorarme en una relación de aprendizaje mutuo... compañeros a los que odiar a ratitos y con los que compartir todo.
Recuerdo ahora a uno de esos compañeros de viaje que pasó un montón de años junto a mí, codo con codo, trabajando juntos y sonriendo juntos y sufriendo juntos [no voy a decir el nombre, porque quizás se moleste si lo hago]... se ponía detrás de mí mientras escribía en el ordenador “El tipo de las cuatro”, mi última novela publicada, circunstancia que siempre me molestó muchísimo, y me decía “bien, tío, bien... eres bueno, coño... pero quizás ahí, en ese párrafo, podrías cambiar el tono, meter algo más de miga y perfilar mejor el personaje...”. Yo le mandaba directamente a tomar por el culo y se apartaba, quedándose durante un ratito en silencio [en ese momento era el ser al que más odiaba sobre la corteza terrestre]... luego, para cortar la tensión, me decía: “¿te traigo una Coca-cola fresquita de la nevera?” [eran noches de verano, pegajosas y cabronas, en las que a uno le apetecería estar en una piscina bañándose desnudo junto a la mujer más lasciva del mundo y no junto a aquel “imbécil” –uno de mis mejores amigos de siempre– que se atrevía a decirme cómo tenía que hacer lo que yo ya había decidido con absoluta seguridad que debía hacerse]. Le aceptaba sin más la Coke y me levantaba de mi silla... le daba un abrazote y nos contábamos algún chiste último mientras nos bebíamos con verdadera sed el valioso líquido helado... luego me enseñaba a alguna periquita de una página porno de internet y la amistad volvía a fluir en los parámetros del afecto y los guiños... tal fue su influencia con ese tipo de comentarios frecuentes, que le incluí en diversos tramos de mi novela sin que él lo supiese.
Mi único interés en el correlato de “El tipo de las cuatro” era conseguir, mediante un alto trabajo de concentración, plasmar el proceso creativo de un escritor, con sus múltiples caminos abiertos en la mente y con todos los descartes y sus consecuencias en la trama. Recuerdo que llegaba a mi estudio, que entonces era enorme y bien iluminado, justo cuando anochecía, y traía en mi cabeza anotadas entre alfileres todas las ideas que me habían llovido durante la jornada de trabajo [durante el tiempo de escritura de esa novela no prestaba nada de atención a lo que me rodeaba, trataba a mis clientes como a objetos y pasaba hasta de mi familia]... el caso es que cuando pillaba un alto ritmo de escritura, “el chorro” –así llamaba yo a ese estado de trabajo creativo–, y mi amigo hacía un descansito en su trabajo para hacerme algún comentario, me daban verdaderas ganas de asesinarlo.
Con el tiempo, con la novela muy reposada y leída con distancia, he llegado a la conclusión de que aquellas interrupciones que modificaban lo previsto, son quizás las que corresponden en el relato a los momentos más tremendos e intensos [normalmente volvía al relato y soltaba toda mi ira dándole un giro bestial que duraba un par de páginas].
Pues eso, que estoy necesitando de nuevo tener un alma impar que me moleste de vez en cuando, un compañero de viaje que me lleve a rolar en mi escritura y en mi percepción del tiempo [el real y el creativo].
A mi amigo molestón le echo mucho de menos algunas noches... incluso llego a imaginármelo en las sombras de mi estudio cuando escribo a solas... y aguardo con tensión a que en cualquier momento me toque el hombro y me diga aquello de: “yo le daría vueltas a eso que acabas de escribir, Felipín”... pero jamás sucede.
Perdemos cosas y gente que nunca debiéramos haber perdido... y eso nos va matando.














Comentarios

  1. Huy, pues no soy yo plasta ni ná... si quieres me ofrezco voluntaria! -jijiji-

    Por cierto Sr. Comendador... que digo que... entre las 23:35 h. y las 23:43 h. suelo tener un ratito libre, y estoy pensando que... si sería Vd. tan amable de organizar OTROS TRES O CUATRO BLOGSSS para rellenar ese hueco????!!!!.
    Jaaaaa ¡La madr´el cordero, te mueves más que la compresa una coja! -glups, con perdón-

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  2. Era cuestión de organización urgente, Dnc, poner mi obra un poco en orden... y lo estoy haciendo poquito a poco.

    Besote.

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  3. Mira bien a tu espalda. Seguro que si tu amigo te sigue, esta noche vuelve para molestarte entrañablemente. Yo lo haría.
    Un besazo

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  4. Hola corazón, que te he dejado un voto, ¡mecachis que sólo puedo uno! pa tu blog solidario (he sido la prime), pero en realidad lo que yo quiero es votarte a ti, prenda y devolverte... no, devolverte no, darte un beso parecido al que tú me enviaste cuado lo necesitaba... me vino bien.

    Por cierto (ahora me toca bruja) estoy verde de envidia por la música dedicada y regalada. ¿Me toca porfa? Si aciertas con la canción (¡canción eh!)te deberé un abrazo mu apretaito... si piensas un poco lo tienes facilito.

    En serio cielo, ójala ganes... sólo porque tú lo vales.
    Achuchón.

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  5. Vente avec moi a Muel el viernes. Allí encontraras amigos entusiastas que quieren abrazarte por primera vez. se que la oferta no es muy abundante, pero es lo que tengo.
    alberto H.

    ResponderEliminar
  6. Buenos días, LFC:

    He visto en un blog cercano la fotografía de un cuadro que ayer me encantó, de Alexander Deineka. Acababa de leer la noticia de que la Royal Academy of Arts, dará a conocer la vida más íntima de Van Gogh. Y te veo transfigurado cual retrato de mi Vincent.
    Y leo tu texto, y veo los títulos de tus enlaces musicales, que escucharé después.
    Y sin saber por qué, de dentro me ha salido un canto:

    Larararararero…larerolarerore…
    Si volvieras otra vez...
    …Flor de verulí y olé.

    Te deseo un buen día.

    Saludos. Gelu

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