Ir al contenido principal

Resulta que Claire tenía húmero en la pierna izquierda...


Resulta que parece ser que la cosa era de tipo vírico, y en esos presupuestos médicos todo se arregla con paracetamol y tiempo [y sin paracetamol y tiempo, que viene a ser lo mismo]. Ya voy para cinco días con el marrón vírico de los cojones y con tanto vomitar, tanta fiebre y tanto no comer, me he puesto en los ochenta y cinco kilos, algo que mi cuerpo no conocía por lo menos desde el año 1981… y que estoy hasta los cojones de este verano que me está saliendo completito… y, por si no fuera suficiente, resulta que Claire tiene húmero en la pierna izquierda y solo se le ha ocurrido que rompérselo… oye, que tuvimos la mañana cabrona de calor y alzando y encuadernando revista de fiestas de Hervás [mi hijilla MA me acompañó toda la mañana… y ambos sufrimos mareos por el calor excesivo y la reciente salida de lo del virus cabrón]… y a las dos terminamos y, abrazaditos como dos borrachillos [era la estampa, a qué negarlo], nos llegamos hasta el coche para acercarnos a casita a comer y a relajarnos… pero no había nadie… (?)… una llamada y enseguida supimos la ‘buena nueva’, Claire se había caído en la calle y estaban en el hospital haciéndole pruebas…. así que, sin comer, corriendo hasta el hospital a ver qué sucedía… rotura de húmero, escayola y a casa a descansar [ella, claro]… y me tocó subirla al coche en brazos y bajarla de él de la misma guisa… y subir el tramo de escaleras hasta la casa de Ángel con mi francesita amorconada como una novia a mi cuello [yo, sin comer, con menos kilos que un ñú a finales de agosto, medio deshidratado de la mañana encuadernanta… subiendo a mi gabachita a tanto alzado… je… para haberme quedado en el sitio… y, de ahí, otra vez al curro de empalmada, porque había quedado con Ricardito en que le tomaría el relevo encuadernador a las tres de la tarde…
Uff… ahora estoy muerto, que lo juro por Zoltan, que era un brujo de cartón piedra, metido en una caja de madera, que te leía el futuro por dos pesetas… y con el que te soñabas por las noches…

Comentarios

Entradas populares de este blog

Jugando con Instagram.

Toma un libro viejo y hazle fotos con Instagram... mira lo que sucede.


















Yayo

Mario siempre me llama ‘yayo’ y, cuando lo hace, lo dice como mínimo tres veces seguidas (‘yayo, yayo, yayo’) y yo me deshago y hasta me estremezco. Ser consciente de que, en una mente que se está haciendo, floreces como imagen y hecho, como definición y capacidad, como sujeto activo e identificable, como signo y familia… Ser consciente de que te has conformado como pieza indiscutible en esa cabecita tierna y que, además, te reconoce y te nombra ya no solo por tu presencia, sino por tus cosas (esas cosas cercanas a ti que le han llegado por los sentidos) y es capaz de recordarte en la distancia solo por un color o por un objeto… Es la ostia sin hache. Y en respuesta a esa mente haciéndose, la mía (mi mente) se llena de emociones indescriptibles, de sensaciones de satisfacción, de temor, de amor intensísimo, de gozo completo. Mario ha llegado para quedarse y ocuparlo todo con ansiedad, para enseñarme a diferenciar lo que tiene importancia de la que no la tiene, para descubrime capacidades…

Me late el codo izquierdo...

Hoy me levanté con el codo izquierdo dolorido e hinchado, todo por un golpetazo que me arreé la semana pasada con una puerta [se conoce que ayer me apoyé en alguna de las barreras de la plaza de toros bejarana, mientras asistía al blues, y se me ha infectado]… y es que últimamente parezco un quecomari lleno de cuitas y quejicoserías… el cabrón está ardiendo y focaliza toda mi atención en su latido, hasta el punto de hacerme perder concentración en lo que hago.
En fin, que sigo en el asunto de vivir y eso me gusta mucho… hasta el latido este que me reclama atención constante.
Hoy le pegué la última corrección al nuevo libro de Belencita, “Orden de alejamiento”, y vuelvo a dejar escrito que me gusta muchísimo su forma y su contenido. Espero que en un par de semanas esté listo para hacerlo llegar a sus manos…. y que me ha gustado leerlo con ese latidito de dolor, pues el poemario es de dolor entero… y muy intenso.
Luego, me dejé de mí [y del trabajo] y le busqué contenido a ese pum-pum… y m…