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Somos de cemento y plástico...


Oye, somos de cemento y plástico, y todo tiene un aspecto extraordinario, todo parece comestible y quizás hasta lo sea con el componente preciso y los colorantes y edulcorantes de los cosmopolitas… no hay necesidad fuera de la propia necesidad en este mundo irreal en el que los centauros son la misma naturaleza del dios de los objetos imposibles… aquí todo se puede y la morgue queda para el pantano, ese lugar que jamás se visita… también somos simétricos, la pura simetría que ilumina lo bello como si fuera una energía o el ángel que quiere ser diablo, somos parte real y parte reflejada que nos trama y completa… simétricos… en este mundo los cuerpos no se sostienen con esqueleto y, sin duda, no hay dudas. Aquí nadie se confiesa, porque todos pertenecemos con el mismo porcentaje a la mentira de este entusiasmo azul metálico, y hay sensación de triunfo en cada esquina iluminada, y el caníbal se besa con la mujer que acaba de levantarse de la siesta… y hay un poeta pagano que no aprendió a escribir, pero publica lilas y dondiegos con verdadera violencia… y todos le gritan… “¡Poetaaaaa!”… y a mí me parte un rayo de risa, un rayo voluptuoso como una mujer llena.

Las odaliscas en la pantalla plana y gigante… y si quieres te espera una mujer como tú lo desees, una mujer que no existe sino en tus ojos y en las yemas de tus dedos… solo si quieres… te espera con su sostén de Eva y las braguitas mínimas de algún supermercado cibernético… si quieres te dirá que te ama o que te desea o que lo hará contigo… las odaliscas se mueven a tu antojo y hacen esa cábala de las mujeres muertas por la que lo aman todo si tu tarjeta se presenta operativa… ¿dónde te espera la mujer de mañana?, ¿de dónde la tibieza de sus muslos y ese tacto de plumas de su espalda?...

Somos de cemento y plástico, mezclado todo con el color azul eléctrico del deseo [deseo / desed], y las luciérnagas aún no cobran por su luz, pero los labios que pronuncian la palabra ‘amor’ se cotizan al alza por las noches… cemento y plástico en las dunas de coltán [columbita y tantalita son el todo entre las muertes ciertas de extraerlos y la vida eterna de consumirlos]… todo siempre dispuesto para la búsqueda, con las luces cenitales enfocando tu cuerpo trabado en el cemento y el plástico… sonríes y no hay fidelidad, porque la fidelidad solo es para seres reales, y tú ya no lo eres, porque vives en el sueño del sinsentido y te mueves en él como un ser sin sombra… porque, ¿para qué sirve la sombra que proyecta un cuerpo?, es enredo en la imagen, dificultad… y te ufanas de no tener sombra, de hacer el amor trece veces por minuto mientras lees las noticias del mundo que acaban de saltar en Wired… follar informándote… pura virtualidad… para descojonarte.

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