Ir al contenido principal

Perú [15] :: Un hambre ancestral ::



En el Perú hay una pasión que sobresale bien definida sobre las demás pasiones… la comida… el pensamiento en comer, la voluntad de comer, la acción de comer y la estética constante del plato lleno para vaciarlo… todo Perú es una oferta culinaria diversa y magnífica, exagerada y absolutamente cromática… comida en las calles servida en vasitos por las ‘caseras’, comida en los portales, en las tiendas de cualquier cosa, entre los automóviles… y siempre en abundancia, en una abundancia exagerada para un tipo que viene de Occidente [yo no he podido terminarme ninguno de los platos que me han servido durante este viaje]… en cualquier conversación con la gente de la calle está siempre la comida presente… te la describen, te relatan sus sabores, te cuentan el origen de sus componentes, te pintan la forma de cocinado y terminan siempre con un ¡mmmm! que es resumen.
Sobre una base fija de arroz [aparece en todos los platos], se combinan frutas, carnes, pescados, mariscos, esencias en forma de mil salsas… y una infinitud de patatas fritas… siempre patatas fritas con todo.
La otra estrella culinaria es el pollo, que aparece en múltiples presentaciones, tanto disfrazado como a purito pelo.
Quizás esta pasión por el comer venga de un hambre ancestral y mantenida que parece un absurdo en un país que es vergel por donde se le mire… que no hay nada que se imagine que no se produzca aquí… solo hay que visitar los confusos mercados [confusos para la vista y para el olfato] para que a uno se le agoten los ojos de ver productos en una oferta poco menos que paradisiaca… definitivamente, o Adán fue tonto al querer morder la manzana o aquel paraíso que nos contaron no se parecía a este de Perú







Comentarios

Entradas populares de este blog

COMENDADOR

A LAS PUERTAS DEL CIELO
Aún quedan las carcasas de las fábricas como memoria de aquel constante trasiego que procuraba poder a los fascistas y la escueta comida del día a los obreros. Están rojas de óxido en toda su ferralla y una vegetación devoradora hace justicia en cada hueco. Son los restos de lo que ha de venir y lo que fue.
Mamá, el lotero me llama alemán.Porque eres rubio, hijo.Mamá, la abuela me dice que nunca hable con el lotero, pero es que siempre me da caramelos y me llama alemán.Que no me entere yo de que vuelves a coger un caramelo de ese hombre. Obedece a la abuela.Mamá, es que me dice que yo sería un buen torero, que si sigo jugando con el estoque, un día me llevará a un tentadero.Ese hijo de puta… fue uno de los que denunciaron a tu abuelo.¿Qué hago entonces, mamá?Cuando le veas, sal corriendo.
Aún quedan algunos tejados viejos en la calle Libertad, sus tejas rojas sostienen la vida de algún gato y mantienen el recuerdo vivo de los hombres que huían desde los desvanes p…

Caidino...

Estoy lento y como gatinín con este calor bestia que cae sobre mí como una losa, y con tanto por hacer y en diferentes campos. Ahora que necesitaría multiplicarme, estoy dividido y hasta restado. SBQ necesitaría ahora de todas mis fuerzas de invierno (tenemos un agujero grande que tapar y no soy capaz de tomar aire). Intento mercadillos, lecturas, talleres, ventas de materiales chulos, sorteos…, pero nada funciona. Es como si al quedarme desactivado yo, se hubiera desactivado todo, pero no sé de dónde sacar la energía que necesito como el aire de respirar, no sé cómo tramitar esta abulia sobrevenida. En Perú la gente tiene sed, hay pendientes entregas necesarias de materiales, de carritos…, y he dejado un proyecto a medias que hace que me sienta culpable por ratitos. Es este jodido calor y que la gente aquí ya no puede más, porque está agotada por los miserables del dinero. A ello se suma el golpe constante en el trabajo, el ramillete de deudas con sus apremios y el vacío inabarcable…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías… y ese ser ‘la razón’ le gusta mucho al que viaja a velocidad en los cómodos asientos de sus vagones, viendo pasar el paisaje por las ventanillas, pero solivianta al que perdió el billete, al que nunca tuvo para comprarlo y, sobre todo, al que busca lugares a los que ir y a los que el tren no llegará jamás, porque no hay vías ni estaciones. Así visto el trasunto humano, la libertad del que está en el sistema (el tren) viene siempre marcada por unas fronteras nítidas que, precisamente, amordazan esa libertad… o sigues las vías con tu billete en regla o te bajas del tren y corres el peligro de ser arrollado si quieres volver a subirte en él mientras no detenga su marcha. Me sucede con frecuencia que tengo ideas nítidas en mi cabeza, ideas que se muestran preclaras y estructuradas en mi mente y que, cuando intento compartirlas, me resulta muy difícil hacerlas llegar a mi interlocutor con la …