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Perú [20] :: Me fui Luis y he vuelto Lucho ::



Me fui Luis y he vuelto Lucho… pero también míster, gringo, feliz, agotado, pletórico… me fui medio vacío y ahora tengo en la piel mil sensaciones que contar, en las manos mil asuntos nuevos en los que ponerme y con los que sobreponerme, en los ojos toda una nebulosa que busca foco y quiere encontrarlo… y en el corazón la necesidad urgente de darle salida a los cientos de sentimientos encontrados que en él maduran como frutas nuevas…
Volví Lucho y aún no sé hablar de ciertas cosas, no sé hablar, por ejemplo de Lorena Pajares ni de Sonia Luz, no sé hablar de los niños de Moche ni de la tierra reseca y dura que pisan, no sé explicar esta implosión que llevo y me mantiene absorto y ensimismado… pero lo haré cuando encuentre la posibilidad de saber expresar con dimensión real todo lo que he visto y sentido… volví gringo y aún no sé hablar de los ojos de Carlos Florían Plasencia [media hora caminando a su lado en silencio me hizo pensar en demasiadas cosas que aún andan revueltas]… volví míster y aún no tengo palabras para contar mi conversación larga de avión con Francisco Javier Sánchez Caro, Presidente del Comité de Presas y Cambio Climático que fue mi compañero de viaje de ida y me abrió los ojos hasta casi dejarme ciego… volvi Lucho de atar y no sé cómo decir los rostros y las voces de Eduardo Borrell y de Anita Gispert Sauch, su afecto, su receptividad, su forma de acoger…
Tomé mi avión en Lima, no sin antes pasar un altercado policial en el que un tipo de paisano me rompió el regalo que le traía a Guillermo, una hermosa colección de mariposas de la zona de selva, y viajé junto a un tipo rumano que se dedica a la exportación/importación de grasa y harina de pescado, junto a una mamá hermosísima que le daba el pecho constantemente a una niña divina que me sonreía de vez en cuando… fue agotador el vuelo, pero también fue bonito. Recibir mi equipaje en la terminal de Barajas me llevó más de una hora, y eso me enfadó bastante… tomé un taxi para acercarme a la Estación Sur madrileña [de los 2,5 soles trujillanos a los 24 euros madrileños… era la realidad otra vez, mi realidad]. Enseguida pillé billete para Salamanca en Auto-Rex, me subí al autobús e intenté dormir un poquito. Pasados diez minutos, un tipo con gorrita y cara de buena persona se sentó a mi lado, me saludó amablemente y me preguntó si podría prestarle un bolígrafo. Se lo presté. Escribió algo en un papelito y me devolvió el Boli mientras me preguntaba ese “¿de dónde viene?” conectivo… le dije que acababa de llegar de Lima… “¿Lima del Perú?”, me preguntó… “Sí, Lima del Perú… ¿qué otra Lima sino?”… hizo un breve silencio y, sonriendo levemente, me dijo… “Yo soy de Cusco y estoy haciendo un master en España, en Huelva… ¿visitó Cusco?”… y así echamos el camino a Salamanca, charlando del Perú y de España, de sus amigos y de los míos, del paisaje y de las gentes, del idioma y sus azares… de pronto intentó hacer una llamada con su móvil y su cara se llenó de preocupación, pues el celular le pedía el código PUK y no podía acceder a sus contactos, que era el único nexo de unión con las personas a las que iba a visitar en Salamanca… me lo explicó preocupado y le dije que yo conocía en Salamanca a un Peruano encantador, Alfredo Pérez Alencart, y que podríamos contactar con él para que intentara localizarnos a sus amigos peruanos… eso le tranquilizó un poquito y seguimos nuestra charla. En un punto del viaje nos dimos los nombres… ambos luchos, otra vez… Luis es su nombre.
Llegamos a Salamanca y Luis confiaba en que estuvieran a recibirle, pero no fue así y volvió su cara de preocupación, así que le invité a desayunar en la cafetería de la estación y le indiqué que haría algunas llamadas a mis amigos de Salamanca para intentar solucionarle la estancia… pedí café y unos bollitos para ambos y nos pusimos a desayunar antes de intentar las llamadas, pues aún era temprano. Mientras desayunábamos, Luis vio a dos chicas entrar a la estación y las reconoció de inmediato, eran sus amigas. Corrió a buscarlas con la sonrisa abierta por la tranquilidad que eso le producía y las trajo hasta la mesa donde estábamos… las chicas eran encantadoras, y también de Cusco, Lita  y Liliana, y ambas trabajan en la Universidad de Salamanca sobre asuntos económicos y de cooperación internacional… conversamos con mucho interés y nos intercambiamos direcciones para intentar volver a vernos… todos me invitaron a visitar Cusco [ellos estarán allí a partir de enero]. Nos despedimos y busqué billete para viajar a Béjar en La Serrana [pillé el peor billete, el del bus que hace parada en todo los pueblitos y tarda una hora y media en lo que normalmente es un viaje de cuarenta y cinco minutos… y llegué a casa.
Me fui Luis y volví Lucho, míster y gruinguito, con la frente herida por el sol del desierto de Paracas y el espíritu lleno de la hermosa fantasía peruana… llegué sin saber cómo hablar de las personas importantes que he conocido, de la tristeza en los ojos de la gente, de las enormes necesidades particulares y sociales del Perú… y ahora quiero volver a ser Luis para poder contarlo todo como debo contarlo, como tengo la obligación de contarlo… pero no sé cuándo podré mudar mi nombre.


















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